DEJAR DE SER (APRENDER A PERDONAR)

Observando a una persona muy querida para mí, comencé a reflexionar sobre muchas cosas, y una de ellas fue el tiempo que he perdido por no apreciar verdaderamente la magnitud de nuestra relación.Recordé momentos pasados, palabras que se dijeron, agradables, algunas ofensivas, caras largas, situaciones amargas, entendimientos que jamás llegaron, impaciencia que nunca arreció cuando hablábamos y no podíamos ponernos de acuerdo, porque nunca dábamos nuestro brazo a torcer inmersos profundamente en la arrogancia humana que nos caracteriza a veces, donde somos más que el otro, y los demás nunca tienen la razón.No he perdido; hemos perdido ambos por actitudes negativas que en su momento deterioraron nuestro lazo de amor y cariño, y que no resolvimos, profundizando grandemente la brecha que ya desde tiempo pasado fue abriéndose entre nosotros.Nunca supe perdonar; tampoco olvidar, por todos esos años de diferencias irreconciliables, altibajos frecuentes, ofensas imperdonables, y distanciamiento creciente. Quizás no fue en mi vida lo que yo esperaba, pero tampoco fue algo tan malo, teniendo presente que solamente nos afecta de forma única lo que permitimos entre en nuestro corazón.Pero ahora, recapitulando con mi alma contrita y mi espíritu desalentado, puedo ver que muchas cosas y situaciones se salieron de proporción, y no valían la pena de molestarse por ellas.Si de algo sirve el envejecer es que, en la mayoría de los casos, adquirimos esa madurez e inteligencia emocional que de jóvenes no teníamos, y a la vida la valoramos entonces en su justa medida, ya tarde para arrepentirnos de lo que hicimos, los errores cometidos en el camino, y las decisiones que tomamos y que, buenas o malas, hemos tenido que cargar sobre nosotros una existencia completa.No puedo dejar de ser lo que soy, ni menos cambiar a estas alturas del juego, pero sí puedo mejorar la actitud y pensamiento ante lo que observo, como dije antes, y desterrar de mi alma los sinsabores vividos junto a este ser querido, para ayudar a que la transición entre la vida y la muerte sea más tolerable, libre de rencor y amargos recuerdos.No soy perfecto, y disto mucho de serlo algún día, pero reconozco que ante el indefenso y necesitado debo de ser humilde y pronto a dar, sin esperar nada a cambio, y que lo que algún día recibiré, al terminar mi capítulo existencial, será en la proporción de lo que he podido brindar desde el momento en que nací. Dios no admite odio en el corazón ni negocios sin terminar.Cuando vemos la fragilidad de la vida en toda su extensión, y los momentos buenos que es posible resten, ahí es cuando sabemos que ha llegado el tiempo de abandonar nuestra naturaleza humana ensalzada en la prepotencia de creernos únicos, y ver con los ojos del alma, esa que no se equivoca y nos impulsa hacia la bondad que debiera existir siempre entre nosotros.Creo que se puede, y trataré, aunque sé que no es tan sencillo como estas palabras que acabo de plasmar en este escrito, pero la esperanza es lo último que queda, y el tiempo espero que sea el suficiente para congraciarme de las torpezas de mi viejo yo, y empezar a labrar el camino hacia una feliz y mejor vida, libre de culpas y lleno de sentimientos nuevos hacia lo que me rodea.Dejar de ser es la única opción que tengo en mis manos para derrotar a la infelicidad que me invade, y mirar el mañana con una nueva perspectiva. Tenemos una sola vida, y hay que aprovecharla al máximo hasta que acabe. No puedo ser esclavo de mis sentimientos cuando estos me impiden ser feliz. Tengo que caminar con lo que me queda, aunque la otra parte sea casi imposible de complacer y sobrellevar.Tengo que perdonarme a mí mismo, aprender a hacerlo, para poder perdonar a otros.Ya después será muy tarde…

Originally posted 2018-04-17 10:13:44.

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Peter Vergara
Escritor at Vergram
Autor de varios libros, Susurros Mortales 1 y 2, Al Final del Abismo, Deadly Whispers, Tu Peor Enemigo y otros, todos publicados en Amazon, Apple iBooks, Barnes&Noble y cientos de plataformas digitales alrededor del mundo. Reside en Manatí, Puerto Rico.

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