Si Dios es tan grande, ¿por qué me preocupo entonces?

Mientras paseaba con mi esposa Lynette hoy por el pueblo de Barceloneta, hermoso pueblo de mi islita amada, Puerto Rico, y luego de saborear unas ricas alcapurrias de jueyes ella, y yo de carne, en La Boca, en uno de sus típicos sitios para chinchorrear, nos detuvimos un poquito más adelante en un sector playero, tranquilo, prácticamente desierto, y alejado de la carretera lo suficiente para pasar inadvertidos.

Nos fuimos a caminar, tomados de la mano, y admirando el hermoso paisaje que se presentaba gratuitamente ante nuestros ojos, porque como bien dicen por ahí, las mejores cosas de la vida son gratis. El problema es que estamos siempre tan ocupados, y en un afán constante persiguiendo quimeras que muchas veces no se realizan, que no vemos que, frente a nosotros, o al lado, o unos pasos más adelante, se hallan tantas cosas bonitas, que sinceramente, nunca llegamos a apreciarlas en su totalidad.

Aunque lo tengamos enfrente, somos tan ciegos, estamos tan inmersos en nosotros mismos, que no valoramos las maravillas de Dios.

Y ese paisaje era una de sus maravillas. Lo pueden apreciar en la foto.

Maravilla que me hizo comprender lo pequeño que somos, lo estúpido que nos comportamos en la ruta de nuestra existencia por no comprender que todo lo que nos preocupa, todo lo que nos impide conciliar el sueño por las noches, todo aquello que nos perturba hasta lo indecible y nos cambia la vida, no son más que piedras en el camino que solamente con una patada que les demos será suficiente para alejarlas definitivamente de nuestras vidas, y que sin embargo, les damos tanta importancia, le damos tanto valor, que en su momento, llegan a convertirse en obstáculos insalvables que no somos capaces de atravesar de ninguna forma.

También me hizo comprender que nos ahogamos en la nada cuando podemos obtener el todo, y que cosillas sin importancia, comparando todo esto con la inmensidad del universo, no son más que eso mismo, situaciones sin importancia.

Hay que valorar en su justa medida la vida, y como dije anteriormente, viendo lo pequeño que somos ante Dios y sus maravillas, entendí que en ocasiones yo mismo pierdo el tiempo y la paciencia lidiando con tonterías que ni vienen al caso, y que amargo mi existencia rodeándome de personas que no merecen estar a mi lado bajo ninguna circunstancia.

Y viendo todo esto, no debo preocuparme de nada, porque los problemas que enfrento, las situaciones diarias que molestan, las personas que no aportan nada a mi existencia, y los obstáculos que impiden mi camino hacia la felicidad, no son nada cuando pienso que con Dios a mi lado, y todas sus maravillas y bendiciones, nada ni nadie será capaz de detenerme en mi ruta hacia la verdad de mi existencia, y que ninguna nimiedad sin valor me detendrá de ahora en adelante, porque nada, repito, es lo suficientemente poderoso para ser más grande que las bendiciones que Dios ya tiene para mí y los míos.

Y confío en ello. Ante la inmensidad del Señor es imposible no hacerlo.

¿Puedes confiar tú también?

Solamente tienes que creer…

 

 

 

 

Originally posted 2016-11-07 11:41:36.

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Peter Vergara
Escritor at Vergram
Autor de varios libros, Susurros Mortales 1 y 2, Al Final del Abismo, Deadly Whispers, Tu Peor Enemigo y otros, todos publicados en Amazon, Apple iBooks, Barnes&Noble y cientos de plataformas digitales alrededor del mundo. Reside en Manatí, Puerto Rico.

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