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RESPETO

    Respeto

Ayer vi a un niño respondiéndole de mala manera a sus padres por haberle llamado la atención sobre algo. El niño, de aproximadamente 10 años, armó una pequeña guerra únicamente por no comprarle un juguetito. Los clientes en la tienda se miraban entre sí, atónitos por el ataque despiadado del hijo a sus padres con improperios fuera de lugar. Y los padres siguieron luego como si nada, mientras su vástago pateaba todo a su paso.

Tuvieron la oportunidad de aplicarle un correctivo enseñándole una lección, para que en un futuro no volviera a comportarse de la misma manera, pero no la aprovecharon, y seguramente, lo apuesto, tampoco lo hacen en su hogar, por lo que este futuro ciudadano llegara a la adultez con unos principios distorsionados de lo que significa la palabra respeto.

Los hijos de épocas pasadas respetaban de verdad, y ni siquiera se atrevían a levantar su mirada cuando los regañaban o les castigaban, pero aprendían, y a veces ni castigo físico le aplicaban, solamente una mirada ceñuda y se iban a sus cuartos hasta que recibieran la orden de salir a compartir con la familia. Ninguno se atrevía a desafiar la autoridad de un padre, so pena de un escarmiento mayor.

Eran tiempos difíciles, pero tenían un orden, y el centro de todos los valores morales nacía en el seno familiar. Se compartía más que en el presente, en el que todos los miembros de la familia están embelesados como zombis frente al smartphone, y apenas, o nada, participan de las actividades en su casa, aunque tampoco en el salón de clases prestan mucha atención al maestro, un pecado grandísimo en tiempos pasados, y le montan un espectáculo al mismo cuando son regañados frente a sus compañeros.

Pero lo estoy diciendo, tiempos pasados, donde el entorno social era más llevadero que actualmente, y las personas se conocían a conciencia, los vecinos eran casi parte de la familia, y el punto de reunión los domingos era la iglesia, y luego la comida en la tarde con todos los padres, hijos, abuelos, tíos, sobrinos, primos, y los vecinos que se arrimaran a última hora para la fiesta dominguera. Se respiraba hospitalidad y buenas costumbres, y el respeto imperaba por sobre todas las cosas. Era un compartir agradable, que luego se trasladaba a las fiestas patronales, el cumpleaños de los hijos, el viaje a los Estados Unidos, la boda de los nenes, y muchas otras actividades que realmente se celebraban como fiestas de todos, sin importar el lugar ni la hora.

Todo esto se ha ido perdiendo con los años, y los niños que crecieron en ese momento ahora son los padres y abuelos del presente, y no han sabido, o no han querido, inculcarles esos mismos valores a sus hijos para que los pasen de generación a generación. Existen sus excepciones, claro, como todo, pero son los menos, que aprendieron a respetar a sus mayores y a la sociedad en la que vivimos. La falta de respeto comienza desde la mañana hasta la noche, en las escuelas, universidades, trabajos, en las redes sociales, donde proliferan grandemente, y en donde se sacan todos los trapitos al sol para que miles de personas alrededor del mundo se enteren. Hasta en las iglesias, cuando un miembro de esta no se encuentra conforme con lo que dice su hermano en la religión, y forma un bochinche de madre por tonterías o por puntos de vista diferentes.

Extraño esa época, donde un simple paseíto por las calles de mi pueblo, deleitándonos, por así decirlo, con los artículos exhibidos en las vitrinas de las tiendas, el window shopping, por la calle McKinley de Manatí, hasta el local de los mantecados chinos que todavía existe, pero en otro punto de la calle principal. Eran placeres inigualables, que nos brindaban sana alegría, por su simpleza, y que se perdieron en el camino hasta el presente que vivimos, pero no disfrutamos tanto como en nuestra niñez.

Las cosas se pierden, desaparecen, en el trascurso de la vida hasta la muerte, y tristemente recordamos, en la hora final, en el ocaso de una existencia, lo bonito que nos sentíamos antes, cuando todo era menos complicado, y se respetaba genuinamente.

Ojalá y el respeto comenzara por los políticos de profesión que nos gobiernan, y siguiera en el hogar y todas las instituciones que mencioné anteriormente, pero reconozco que no es fácil, y más cuando el ser humano ya no atiende razones más allá de la indiferencia y desdén por todo lo pasado.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Definitivamente.

Originally posted 2018-04-02 10:19:06.

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Peter Vergara
Escritor at Vergram
Autor de varios libros, Susurros Mortales 1 y 2, Al Final del Abismo, Deadly Whispers, Tu Peor Enemigo y otros, todos publicados en Amazon, Apple iBooks, Barnes&Noble y cientos de plataformas digitales alrededor del mundo. Reside en Manatí, Puerto Rico.

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Autor de varios libros, Susurros Mortales 1 y 2, Al Final del Abismo, Deadly Whispers, Tu Peor Enemigo y otros, todos publicados en Amazon, Apple iBooks, Barnes&Noble y cientos de plataformas digitales alrededor del mundo. Reside en Manatí, Puerto Rico.

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