Hasta luego, papá…

Hasta luego, papá…

El camino fue largo en muchas ocasiones. La travesía duró más de lo esperado.

Estuvo plagado de muchas dificultades y recovecos, pero también de alegrías en ocasiones. No fue fácil verte ahí, postrado, enfermo, ni tampoco el recordar todo lo que tuvo que suceder para que llegaras ahí, esa tarde del 6 de enero de 2019.

Tus ojos cerrados, prácticamente sin luz, sin el brillo de infinidad de ocasiones en el transcurso de los años, de iras mal contenidas, de alegrías disimuladas, de tristezas sin confesar, de dolor sin admitir, me hablaban de lo mucho que sufrías por estar ahí, y yo, impotente me sentía para remediarlo. No estaba en mis manos.

Mi corazón se estrujó al ver lo indefenso que lucías, lo delgado que estabas, y la debilidad que exhibías en esos últimos días. Las huellas del sufrimiento se marcaban en tu rostro y cuerpo, y tus manos, las mismas que sostenían las mías cuando niño y luego adulto, yacían inertes a tus costados. Ya no me mirabas con la palabra de aprobación o desaprobación en tus labios, ni la respuesta preparada para que desistiera de lo pensado. Tampoco me regañabas por cualquier tontería sin merecerlo, aunque a veces sí lo mereciera.

No podías hacerlo. El tiempo te había pasado la factura, y la vida se encargaba de cobrártela, aunque tardíamente, la existencia plena que disfrutaste, no obstante, y la carrera que emprendiste siendo un niño con ansias de vivir hasta esa tarde, nueve décadas y media después.

Fuiste mi modelo cuando pequeño, el hombre que admiraba y al que seguía siempre un paso atrás, y el que yo luego, en la adultez, no supe valorar en toda su dimensión y experiencia, pues creía que todo lo sabía, y no era cierto. Muchas veces me detuviste en mis sueños porque no eran los tuyos, aunque también me alentaste en los míos cuando era necesario. Pero no lo reconocí así, y viéndote ahora, sin poder responder a mis ruegos de que al menos abrieras los ojos, es cuando irremediablemente lamento el no haber compartido más tiempo contigo. Ya mis lágrimas son inútiles, pues sé que no podré recuperar los años perdidos, ni las alegrías que no pude compartir.

Mi mundo se derrumbó pocos días después, al recibir la aciaga noticia en esa madrugada del 11 de enero de que ya te habías ido, para siempre, y de que ya no había vuelta atrás. Lloré como un niño sobre el pecho de mi esposa Lynette Martínez, antes de salir de nuestro hogar para confirmar lo inevitable.

Hoy, 14 de enero de 2019, a la una de la tarde, me despedí, mientras mi mano acariciaba tu rostro, y de cariño como siempre hacía, te pellizcaba la nariz. Cerramos la tapa de tu féretro y te cargamos hasta el vehículo que te transportaría hasta tu última morada, donde finalmente podrías descansar junto a mi madre Elsie, libre al fin de todo sufrimiento y penurias.

Mi dolor es inmenso, y las lágrimas me impiden seguir escribiendo, pero agradezco a Dios el hecho de que ya no sufrirás más, y de que una vida eterna te espera a su lado.

Por eso es por lo que no me despido. No te digo adiós, ni jamás lo haré, porque algún día volveremos a encontrarnos en un hermoso lugar, y solamente espero ser un mejor hijo de lo que fui contigo, y de que tu mirada refleje la alegría de verme nuevamente a tu lado.

Gracias por todo, papi, por toda tu vida, por tu amor, por tu dedicación, aunque a veces no lo mereciéramos, por tu bondad disfrazada siempre tras ese gruñón rostro, y por el cariño y preocupación por tu familia que llevabas arraigado en tu corazón, aunque muchas veces no lo demostraras.

Hasta luego, papá…

Nota: Agradezco de corazón las infinitas muestras de apoyo recibidas durante este doloroso proceso por los amigos, sus excompañeros de trabajo, todos, pues demostraron con ellas de que mi padre Gerardo supo dejar una huella en el corazón de todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo. También, muchas gracias al reverendo Frank Mastache, de la Iglesia del Nazareno de Manatí, y a toda su congregación, su emotivo mensaje en el sepelio de papi, y por estar siempre a nuestro lado en tan triste momento. Mi especial agradecimiento al reverendo Guadalupe, de la Iglesia de Dios Mission Board de Pugnado por sus emotivas palabras y servicio la noche del velatorio y al final del sepelio, al Centro Cristiano Más De Dios y los pastores Ovath y Yaritza Martínez, por su hermoso servicio en la capilla donde velamos a mi padre una hora antes de partir. Muy agradecido.

Mi eterno agradecimiento para Willmarie Lebrón García, Rivera Angel, Kairos Iglesia Alexis Valle Martínez, y otros por su presencia junto a nosotros.

No puedo olvidar a la administración municipal de Manatí y a su alcalde, Hon. José Sánchez González, y al personal y su administradora Tania Ginés, del centro geriátrico Virgilio Ramos Casellas, por su apoyo, bondad y humanidad mientras mi padre estuvo con ellos, y durante el sepelio. Tuvo la mejor atención que una persona pueda tener, y lo valoramos en su justa medida. No lo olvidaremos. Gracias.

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Peter Vergara
Escritor at Vergram
Autor de varios libros, Susurros Mortales 1 y 2, Al Final del Abismo, Deadly Whispers, Tu Peor Enemigo y otros, todos publicados en Amazon, Apple iBooks, Barnes&Noble y cientos de plataformas digitales alrededor del mundo. Reside en Manatí, Puerto Rico.