El muerto que todos llevamos encima…

            Ayer fui a llevar a mi esposa a un seminario de mujeres en una iglesia de Arecibo, ciudad que queda bastante cerca de nuestro hogar en Manatí, y como la actividad, como dije anteriormente, era únicamente para mujeres, pues ni corto ni perezoso, me fui cómodamente vestido, en shorts y zapatillas deportivas, y me dispuse a esperar las cuatro o cinco horas que duraba la charla, en el mullido asiento de mi vehículo, mientras leía una historia de misterio en una aplicación de mi celular.


No era, por cierto, ninguna de mis novelas. Ya esas las he leído hasta la saciedad, siempre para buscar errores cometidos en su estructura o lo demás, pues siempre hay espacio para mejorar en todo, y cada día uno aprende más de los errores cometidos para no volver a repetirlos. También las leo para tratar de tocar quizás otro tema que no puse en sus líneas en el momento, pero que tocaré en la siguiente historia.

Mi esposa, siguiendo ahora la modalidad de los adictos a las redes sociales, se puso a transmitir en vivo la charla del recurso invitado, y yo, como ya estaba aburrido de la historia en la aplicación, me dispuse a escuchar la disertación por mi teléfono celular.

Y comenzó a hablar del muerto.

Pensé que hablaba de un muerto cualquiera, alguien que falleció, o algo así por el estilo.

Pero no. Era del muerto que llevamos a cuestas, entorpeciendo nuestros actos, enterrando nuestros sueños, e impidiéndonos convertirnos en seres humanos plenos como merecemos y anhelamos.

De ese muertito es que hablaba el recurso invitado.

Ese muerto que nos roba nuestras energías, que nos hunde en el fango de la mediocridad, que nos denigra como seres humanos capaces de mejores cosas, que nos trae del tingo al tango, como cuando nos toca bailar con la más fea, y que nos impide progresar, echar hacia adelante, superarnos nosotros mismos en aras de lo que merecemos.

De ese muerto es que hablo yo ahora. Cuando escuché toda esa charla, me sonreí, porque me hizo gracia. Pero cuando reflexioné sobre ello, comprendí que era una verdad tan grande como una montaña.

Todos llevamos uno o más muertos sobre nuestras espaldas, y pesan bastante; lo suficiente para retrasar nuestro paso; también lo suficiente para nublar el entendimiento, y hacernos creer que no podemos, cuando la realidad es que sí podemos, si nos lo proponemos. Yo tuve mis muertos, y a veces siento otros por los alrededores, pero ya no los admito en mi vida. No sirven para nada.

Yo tengo mis propios muertos encima, los que me detienen, los que traen infelicidad y pensamientos negativos, y quisiera arrancarlos para siempre de mi vida, y aunque algunas veces logro hacerlo, siempre vuelven una y otra vez para atacarme cuando más vulnerable me encuentro.

No puedes permitir que tu muerto te derrote, que impida tu felicidad, que retrase tu paso hacia lo que mereces, porque entonces le estarás dando un poder sobre ti que no se supone tenga, pues aquí el único que puede tener esa autoridad, en tu vida, eres tú mismo. Nunca lo olvides, ni permitas que otros te lo hagan olvidar.

Tú tienes el poder. Utilízalo.

Ya es hora de que lo hagas.

No dejes que tu muerto te dicte la vida que debes seguir.

Jamás.

(Extracto de mi libro Tu peor enemigo siempre serás tú, disponible en Amazon, Apple iBooks, Barnes&Noble y en cientos de plataformas digitales en formato digital y papel).

Author: Peter R. Vergara Ramírez

Autor de Puerto Rico. Ha escrito varios libros en diversos géneros literarios, todos publicados en las principales plataformas  en el mundo como Amazon, Barnes&Noble, Apple iBooks, Google Books, Kobo, Taylor, Casa del Libro y otras.