Perder la vida, un momento de reflexión para matar el aburrimiento y abrir los ojos

Perder la vida

¿Perder la vida? Quizás al leer esta interrogante pienses que me refiero al momento en que acaba nuestra existencia en este mundo, cuando exhalamos el último hálito de vida y morimos terrenalmente.

Nada más lejos de la cruda realidad a la que me refiero.

Existen muchas formas de perder.

Una de ellas es pensar en demasía sobre cualquier cosa que sea importante o no para nosotros, el desperdiciar cada segundo en cosas, personas, o situaciones que al final no nos conducirán a nada, excepto a perder el tiempo y parte de nuestras reservas de existencia que en su momento se agotarán en definitiva.

Esta mañana me desperté bruscamente, maldiciendo y lamentándome por muchas cosas, tonterías que ni valen la pena mencionar, pero que en su momento me agotaron física y emocionalmente para el largo día que me espera hasta que regrese al hogar con mi familia y pueda descansar hasta la siguiente jornada de vida.

¿Gané algo con eso? Creo que no. Nada. Ni satisfacción, ni aprendizaje alguno.

Solo arruinar mi día. Porque lo permití.

Pero ahora, sentado frente a este ordenador en la universidad, esperando que finalice la clase a la que asiste mi esposa al mediodía, reflexiono sobre algunas cosas que me han estado quitando el sueño en tiempos recientes, y noto, siento, que muchas de ellas han sido ocasionadas por mi total indiferencia, falta de motivación, lasitud, y excusas que tenemos nosotros los seres humanos para postergar o no hacer absolutamente nada de nada. En definitiva, sabemos que algo anda mal, que podemos mejorar, lograr muchas metas y sueños, vivir la vida como debe de ser, sin ataduras, en plena libertad de nuestro destino, y, sin embargo, debido a las excusas que en forma continua aparecen en el camino, no damos ese paso al frente que se requiere para transformar el curso de nuestra historia en este mundo terrenal, superficial, cruel e injusto en el que temporalmente habitamos desde que nacimos.

Somos indolentes, flojos, nos falta motivación, alegría, deseo, vida, para salir de este marasmo físico y emocional en el que nos sumergimos en forma voluntaria por, como dije antes, todas las situaciones y personas que se nos han cruzado en el recorrido, y que han permitido que afloren tantas cosas negativas en nuestro corazón, y que, por consiguiente, nos ha hundido hasta el fondo de la tristeza y la susodicha depresión, o estrés generacional que en cualquier momento puede ocurrir. La última moda en la avenida.

Como seres humanos que respiramos y sentimos, pensamos tantas cosas, perdemos mucho tiempo en situaciones que en nada aportan, porque si al menos aprendiéramos algo de ello, pues otro sería el cantar, pero en la mayoría de las ocasiones nada logramos con ello, pues nuestras mentes están tan inmersas en la cotidianidad y mediocridad que nos rodea, que no vemos más allá de nuestras narices, nos conformamos con el pensar general sobre algo, y no buscamos un poquito más. Somos esclavos de los demás en cierto sentido, sin personalidad propia, únicamente siguiendo al líder de la manada porque es lo que debemos de hacer, no ser diferentes, sino iguales, pero todavía, a estas alturas, no he visto a nadie que sobresalga siendo igual que los demás. Bueno, sí, una existencia incolora, mediocre y triste por no rebelarnos contra el sistema impuesto para las masas de no pensar ni sentir más que los de arriba en la escalera social, política y económica decidan para nosotros, las ovejitas del rebaño.

No quiero perder mi vida en esta forma. Es estúpido, y nunca lo he sido.

No quiero arribar al final de mi vida arrepentido por las oportunidades perdidas, las decisiones no tomadas, los miedos inexistentes que me paralizaron y que no me permitieron reír y disfrutar cada minuto de vida que me fue regalada por Dios para aportar mi granito de arena en esta travesía pasajera.

No. Eso no lo deseo para nada, y, sin embargo, sé, en lo íntimo de mi alma, que debo de abrir mis ojos para ver en realidad en lo que mi existencia se ha convertido, y decidir, de una vez y para siempre, si quiero cambiar el derrotero de ella para bien, y así poder llegar al final feliz, pleno y orgulloso por haber logrado lo que quería de la vida.

No me queda mucha gasolina en el tanque, y la reserva no creo que dure para mucho más, así que, ahogando mis temores en el océano de la incertidumbre, y dando ese pasito al frente que necesito dar, anuncio al universo entero que voy por lo que merezco, con la bendición del Creador que siempre estará conmigo aquí, y después de la muerte en un lugar mejor…

Author: Peter R. Vergara Ramírez

Autor de Puerto Rico. Ha escrito varios libros en diversos géneros literarios, todos publicados en las principales plataformas  en el mundo como Amazon, Barnes&Noble, Apple iBooks, Google Books, Kobo, Taylor, Casa del Libro y otras.