El muerto que todos llevamos encima…

Ayer fui a llevar a mi esposa a un seminario de mujeres en una iglesia de Arecibo, ciudad que queda bastante cerca de nuestro hogar en Manatí, y como la actividad, como dije anteriormente, era únicamente para mujeres, pues ni corto ni perezoso, me fui cómodamente vestido, en shorts y zapatillas deportivas, y me dispuse a esperar las cuatro o cinco horas que duraba la charla, en el mullido asiento de mi vehículo, mientras leía una historia de misterio en una aplicación de mi celular.

No era, por cierto, ninguna de mis novelas. Ya esas las he leído hasta la saciedad, siempre para buscar errores cometidos en su estructura o lo demás, pues siempre hay espacio para mejorar en todo, y cada día uno aprende más de los errores cometidos para no volver a repetirlos. También las leo para tratar de tocar quizás otro tema que no puse en sus líneas en el momento, pero que tocaré en la siguiente historia.

Mi esposa, siguiendo ahora la modalidad de los adictos a las redes sociales, se puso a transmitir en vivo la charla del recurso invitado, y yo, como ya estaba aburrido de la historia en la aplicación, me dispuse a escuchar la disertación por mi teléfono celular.

Y comenzó a hablar del muerto.

Pensé que hablaba de un muerto cualquiera, alguien que falleció, o algo así por el estilo.

Pero no. Era del muerto que llevamos a cuestas, entorpeciendo nuestros actos, enterrando nuestros sueños, e impidiéndonos convertirnos en seres humanos plenos como merecemos y anhelamos.

De ese muertito es que hablaba el recurso invitado.

Ese muerto que nos roba nuestras energías, que nos hunde en el fango de la mediocridad, que nos denigra como seres humanos capaces de mejores cosas, que nos trae del tingo al tango, como cuando nos toca bailar con la más fea, y que nos impide progresar, echar hacia adelante, superarnos nosotros mismos en aras de lo que merecemos.

De ese muerto es que hablo yo ahora. Cuando escuché toda esa charla, me sonreí, porque me hizo gracia. Pero cuando reflexioné sobre ello, comprendí que era una verdad tan grande como una montaña.

Todos llevamos uno o más muertos sobre nuestras espaldas, y pesan bastante; lo suficiente para retrasar nuestro paso; también lo suficiente para nublar el entendimiento, y hacernos creer que no podemos, cuando la realidad es que sí podemos, si nos lo proponemos. Yo tuve mis muertos, y a veces siento otros por los alrededores, pero ya no los admito en mi vida. No sirven para nada.

Yo tengo mis propios muertos encima, los que me detienen, los que traen infelicidad y pensamientos negativos, y quisiera arrancarlos para siempre de mi vida, y aunque algunas veces logro hacerlo, siempre vuelven una y otra vez para atacarme cuando más vulnerable me encuentro.

No puedes permitir que tu muerto te derrote, que impida tu felicidad, que retrase tu paso hacia lo que mereces, porque entonces le estarás dando un poder sobre ti que no se supone tenga, pues aquí el único que puede tener esa autoridad, en tu vida, eres tú mismo. Nunca lo olvides, ni permitas que otros te lo hagan olvidar.

Tú tienes el poder. Utilízalo.

Ya es hora de que lo hagas.

No dejes que tu muerto te dicte la vida que debes seguir.

Jamás.

(Extracto de mi libro Tu peor enemigo siempre serás tú, disponible en Amazon, Apple iBooks, Barnes&Noble y en cientos de plataformas digitales en formato digital y papel).

Originally posted 2018-08-11 15:19:32.

Adiós a mis Miedos: hola a mi nueva vida, la que merezco… PDF

Creo que ya es tiempo de que puedas ayudarte tú mismo a superar todas esas cosas que hasta ahora te han negado la felicidad plena a la que tienes derecho como ser humano, esos problemas, decepciones, tristezas, sufrimientos, errores del pasado, demonios internos que te obstaculizan tu camino hacia una dicha plena. Sentí el deseo de compilar parte de mis libros, o mini guías, en un solo libro, junto con unas reflexiones diarias que regularmente posteo en mis blogs. Viendo el éxito que han tenido las ventas de estos dos libros, Tiempo de Hacer Las Paces Con Tus Demonios, y Siempre Serás Tu Peor Enemigo, decidí tomar este paso, unirlo todo, que entiendo será de gran ayuda a mis lectores. En un momento de tristeza, como le puede suceder a cualquier ser humano, tuve que recurrir a mi fortaleza interior, a mis recuerdos, a todos esos acontecimientos que moldearon mi existencia a lo largo del camino, y fue entonces que escribí estas mini guías, o consejos prácticos que yo tuve que utilizar para poder salir airoso tanto de los problemas, de mis miedos, de mis demonios, de todo lo que de una u otra forma me obstaculizaron y me derrotaron en sinfín de ocasiones hasta que aprendí a superarlos; a derrotarlos completamente. No pretendo ser un escritor motivacional, de esos que suben a un podio a disertar horas y horas sobre la motivación, auto ayuda, superarse; todas esas cosas. Sí pretendo que tú, mi amigo, puedas utilizar, aunque sea un poquito, parte de estas vivencias que me fortalecieron e hicieron el hombre que soy hoy en día, más confiado y alegre, y, sobre todo, con más fe en mí mismo para afrontar cualquier tipo de situación que se presente. Si yo lo logré, por supuesto que tú puedes también. Es cuestión de querer, desearlo con pasión. Sin nada más, espero que te agraden estos pequeños consejos, y muy importante, que los puedas aplicar en tu propia vida. Creo que ya es tiempo de que puedas ayudarte tú mismo a superar todas esas cosas que hasta ahora te han negado la felicidad plena a la que tienes derecho como ser humano.

Originally posted 2017-05-31 16:09:53.

Un clamor que sí llega, cuando sinceramente crees…

Las peticiones que se hacen desde el corazón, con genuino sentimiento y gozo, y una plena convicción de que serán en su momento contestadas, es lo que convierte un día rutinario y repleto de dificultades en uno en el que sonreímos por el simple hecho de que la verdad yace más allá de unas palabras escritas en un libro, y que el ser que sustenta las mismas con amor siempre estará dispuesto a escucharnos, aunque no lo merezcamos.

Cuando comprendamos que la solución reside en la intención de querer ser lo que se supone que seamos y no somos, y esto no es un juego de palabras, y de que el desierto de tristeza y dolor se cruza por medio de una petición y un corazón contrito, entonces la luz que ahora permanece oculta brotará de la nada, y la paz llegará al lugar que le corresponde: a nuestro interior carente de felicidad, pero esperanzado en conseguirla.

Muchas veces me decepciono en el camino, y lloro, porque no sé qué hacer para recuperar lo perdido en el tiempo, pero sigo adelante, sin mirar al pasado que se va y no vuelve, al presente que valoro por lo aprendido, y al futuro que no sé lo que depara. Pero sigo, esperanzado, pidiendo, con fe, con verdadero deseo de superar la vida que me ha tocado vivir. Quiero mi alegría y mi inocencia de vuelta,  mis noches de ensueño y mis días llenos de colores, y el despertar cada mañana con una nueva ilusión de vida. Todo eso anhelo, y más. ¿Por qué conformarme con menos, si tengo a alguien que lo puede todo, y que estará encantado de cargar mi cruz sobre sus espaldas?

Y es tan simple como clamar a un Dios que sí espera porque lo hagamos.

Tan sencillo como hacerlo ahora…

Originally posted 2018-05-21 02:54:53.

El vacío que no llenamos, o lo que perdemos por no saber vivir

El vacío que no llenamos, o lo que perdemos por no saber vivir

No somos eternos. Tampoco infalibles. Cometemos errores. Algunas veces aprendemos; otras, seguimos metiendo la pata una y otra vez como esa fuera nuestra naturaleza humana por nacimiento.
Creemos que viviremos por siempre, y no queremos darnos cuenta de que la vida puede irse en una milésima de segundo, en un parpadeo.
Pasamos nuestra existencia en la búsqueda eterna de cosas que nos hagan probablemente felices: una casa fastuosa, dinero en el banco, autos último modelo, fama, todo lo que implica ser reconocido en esta discriminatoria sociedad en la que vivimos, y dejamos a un lado nuestros sueños verdaderos por lograr todo lo anterior, aunque eso signifique renunciar a lo que verdaderamente importa: nuestra felicidad. Eso no nos sirve. Menos cuando estamos abajo en la rueda de la vida. Lo que tengamos que hacer, lo hacemos, y allá que se pierda lo que realmente importa.
Perdemos la esencia de la humanidad, nos alejamos de la familia, los amigos, todos, en aras de una quimera que quizás nunca llegue a ser una realidad. ¿Para qué? El dinero sirve para garantizar una seguridad económica y que nada nos falte, pero comparándolo con la salud, pienso que es irrelevante. Si no tenemos salud de nada nos sirve el ser ricos o famosos.
Lo triste, sinceramente hablando, es cuando conocemos de personas que han luchado lo suyo para alcanzar un sitial en el mundo, y han llorado y sacrificado muchas cosas en el camino, y cuando finalmente logran el éxito anhelado, descubren tardíamente que nada de lo conseguido ha rescatado su corazón del vacío existencial que desde pequeños han sentido. Entonces el golpe es más doloroso, imposible de digerir, pues cifraban la llamada felicidad en unos retos o logros materiales que nada tenía que ver con lo que sinceramente necesitaban.
Muchas veces me he sentido así, vacío por entero, sin alicientes para vivir, y también he llorado por no tener el valor de terminar con el mismo, pero como he dicho antes, recuerdo entonces todos los motivos por los que vivir, y erradico todo pensamiento negativo que logra llegar hasta mi alma.
Si me dejara llevar por ellos hace tiempo seria únicamente un recuerdo en las vidas de los seres que sí me aman.
Somos algo más que números o posesiones. Tenemos un potencial que alcanzar, unas metas por realizar, y una vida llena de alegría si así lo deseamos, pero en la mayoría de las ocasiones relegamos nuestros genuinos propósitos por otras cosas que jamás nos llenaran, aunque lo tengamos a manos llenas.
Algún día alcanzaré mi anhelo, sé que sí, pero mientras tanto, disfrutaré hoy de lo que verdaderamente vale, y mucho: el amor de mi familia.
La vida no se detiene, conmigo o sin mí, aunque prefiero que siga un largo tiempito adicional para seguir alegrando mis horas con el amor que nunca termina. Ya entonces me iré cantando todo el camino hasta conocer a mi Creador…
¿Algo mejor que eso?

Originally posted 2018-08-10 16:17:21.

Bajo ataque: María, once meses después… (4to artículo de María, el monstruo nos atacó)

Bajo ataque: María, once meses después…

Pareciera como si esas interminables horas de terror vividos bajo el asedio despiadado de María no hubiesen finalizado, todavía.

Salimos a las calles en la mañana y vemos, consternados, como muchas casas y calles de nuestros pueblos lucen sin levantar vuelo, destruidas muchas de ellas bajo el ataque; otras, por el paso del tiempo y desatinada administración gubernamental en ambos niveles, municipal y estatal. Los rostros de nuestros vecinos y amigos llevan marcados en ellos los vestigios imborrables de un millón de lágrimas derramadas ese funesto día de septiembre del 2017. La tempestad nunca dejó de atacar; nosotros tampoco de pedirle a Dios con todas nuestras fuerzas por el milagro de alejarla para siempre antes de que destrozara por entero a nuestro terruño, y prácticamente lo hizo, acabar con lo que nos quedaba, pero se alejó, tarde, pero seguro, dejando atrás una estela sin parangón de hogares derruidos y vidas segadas. La historia se encargó de recordarnos que de nada vale ser la Isla del Encanto, si no nos comportamos con humildad ante la fuerza inconmensurable de la naturaleza y de quien la gobierna, uno que no necesita votación electoral cada cuatro años para seguir dirigiendo el cauce de nuestras existencias.

Olvidamos por un momento inclinar el rostro y bajar la mirada, y fue en ese preciso instante cuando la furia de los vientos se ensañó con nosotros hasta lo indecible. No existe gobernante terrenal, ni político oportunista, que sea mas grande que lo antes expuesto, aunque ellos en la soledad de sus vidas y ante el espejo de su habitación que nada oculta, les diga en su cara que nada son si no tienen la entereza, dignidad y humildad que se requiere cuando de dirigir un pueblo se trata. Quizás se crean grandes, y posiblemente los demás lisonjeros a su alrededor se lo hagan creer, pero potentes naciones han caído bajo la embestida de la naturaleza por no creer que nada somos, ni seremos, si no pedimos ayuda al que sí nos la brindará cada vez que lo necesitemos.

Somos humanos e imperfectos, y limitados en muchas cosas, pero creo que podemos aprender todavía.

Aprender que la vida tiene un ayer, hoy y mañana, y que el presente puede ser el maestro que necesitamos para evitar los errores del futuro.

No podemos adivinar lo que nos depara, si otra cruel enseñanza o miles de bendiciones, pero debemos de estar preparados para cualquier eventualidad, sin importar lo dura que pueda ser. No es con recriminaciones ni endilgarle culpas a otros como podemos volver a levantarnos, sino con mucho trabajo y sacrificio que, quizás, algún día, deje en el pasado las malas decisiones y administraciones que juraron ante un pueblo ser la diferencia, y que al final, solo resultaron ser aves de paso por creer que podían ser más grandes que Dios.

La vida se encarga siempre de recordarnos que no somos inmortales ni sabios, y que lo que hagamos mal ahora tendrá su consecuencia mañana.

Los primeros días y meses después del ataque lucimos como un pueblo compasivo y solidario, y lo que antes rechazábamos por orgullo luego lo aceptábamos con humildad de espíritu. Lástima en ese sentido de que las cosas hayan vuelto a ser como antes, o quizás hasta peor, pues lejos quedaron esos sentimientos y unión de un país ante los embates de la naturaleza, para volver a caminar el mismo camino que juramos no volver a recorrer en esas oscuras y largas horas de agonía ante la acometida del monstruo.

Pienso que a veces no aprendemos la lección, cabeciduros al fin.

Solo espero que el profesor no repita la clase mañana, ni nunca, pues nos colgamos de nuevo…

Originally posted 2018-08-09 16:51:14.

Tu vida no termina por una mala decisión

Ni una mala decisión, o varias, son suficientes para que afirmes que tu vida entera ha terminado, y cuando digo vida entera no me refiero a que te mueras en ese preciso instante, ni de que te arrojes por un barranco, o te atravieses en medio de una autopista súper transitada y que te pasen los autos por encima hasta dejarte hecho puré.
No, no me refiero a eso, sino a que permitas que un solo error o mala decisión determine el rumbo a seguir de tu completa existencia, y que ese pequeño error magnificado por ti sea lo suficientemente poderoso para olvidar que una vez nacemos, y crecemos hasta convertirnos en adultos, el camino no es uno de rosas ni el cielo será azul cristalino todos los días, sino para que recuerdes que somos humanos, y como tales, tenemos todo el perfecto derecho de cometer los errores y horrores que queramos, sin que nadie, pero absolutamente nadie, se sienta con la obligación o derecho de llamarnos la atención o afearnos nuestra conducta, pues si fuéramos el prototipo perfecto de la especie humana no cometeríamos fallas como los demás simples mortales que nos rodean.
He conocido a través de mi existencia algunas personas que se creen la última Coca Cola del desierto, o lo más grande que ha parido madre alguna, y siempre miran a los demás por encima del hombro como dioses inmortales que se han dignado bajar hasta el suelo que pisamos nosotros los humildes como si nos hicieran el gran favor de respirar el aire que mutuamente respiramos, y me he preguntado en infinidad de ocasiones que se siente ser así, tan superficial y vacío y tan indiferente hacia los demás.
Una pregunta sin respuesta, porque no me interesa saberla, pues nunca seré así, un cuerpo fútil sin propósito en la vida que no sea vanagloriarse de lo que se tiene o no solo por el tonto capricho de aparentar lo que no se es, y tampoco me desvelo por las noches pensando qué hare al día siguiente para mantener esa aureola de grandeza que sencillamente no tengo por más que trate de engañar a los demás, ocultando con ello mi fragilidad y mediocridad detrás de oscuras nubes que impiden ver hasta el fondo de mi ser defectuoso pero con ínfulas de grandeza sin fundamento.
El que vive para dar explicaciones jamás tendrá vida, y el que se desalienta por cualquier errorcito cometido menos, pues no es privilegio del que te conoce el influir negativamente en uno, ni tampoco el decidir lo que debemos hacer para complacer a todos, menos a uno mismo. Yo no vine a este mundo para que me digan o dicten mi proceder, ni tampoco para vivir una vida ajena a expensas de mi derrota aparente, sino para labrar mi propia ruta y ser feliz.
Si a los que te rodean no les gusta, es su problema, no el tuyo. Primero tienes que aceptarte como eres, con tus virtudes y defectos, con tus aciertos y errores, con tu bagaje emocional y físico imperfecto, y una vez aceptes que todo esto eres tú, seguir con tu existencia hasta el minuto final de la misma, porque tú sí tienes todo el derecho de hacer lo que te venga en gana, sin pedir disculpas ni desanimarte porque los demás no lo acepten así. ¿Eres un ser humano con libre albedrío o un títere de los demás? Creo que la respuesta ahora sí es obvia. Dios te hizo único, con la facultad gloriosa de decidir y labrar tu propio camino. Te hundes si quieres, o eres victorioso en todo.
¿Vas a dejar entonces que un error te hunda, o los demás decidan por ti?
Creo que no. La vida es maravillosa cuando dejamos a un lado nuestros errores y seguimos adelante sin mirar atrás.
Somos únicos, ¿recuerdas?
Nunca lo olvides.

Peter Vergara

Página Amazon del autor: http://amazon.com/author/petervergararamirez

Originally posted 2018-05-04 14:29:40.

Cuando mis ojos lloraron hoy

Cuando mis ojos lloraron hoy

Las primeras horas del amanecer siempre son las más oscuras en mi vida, pues la tristeza que me asola es compañera inseparable que nunca se aleja, aunque le caiga a patadas, ni la desazón que me invade tiene compasión conmigo cuando de abrumarme se trata.

A veces me despierto en medio de la noche, y permanezco con los ojos cerrados, inmerso en pensamientos que siempre tratan de imponerme su voluntad a capricho como si un muñeco o títere yo fuera. A veces lo logra; otras no.

Hoy lo consiguió. Tristemente. Traté de evitar que traspasara la zona de serenidad que aún conservo a duras penas en mi presente actual, y me invadió. Los pensamientos que nadie desea, el sentimiento del que muchos huyen despavoridos.

Pájaros portadores de pesimismo que hacen su nido sobre tu cabeza, y luego son reacios a marcharse, aunque sepan que no son bienvenidos. El pensamiento de la derrota, el dolor que experimentas, del desaliento que no te libera, y el carcelero déspota que no afloja las cadenas, aunque clemencia pidas.

Permití que me alcanzara, y hoy, al despedirme de mi ser amado, no pude evitar que mis ojos se aguaran, nublando mi visión al encender el auto y proseguir la marcha. Miles de cosas pasaron por mi mente, y el caudal de sentimientos encerrados en mi corazón se desbordaron como torrente violente que destroza todo a su paso.

Me sentí abatido por infinidad de cosas. Abrumado por la vida y abandonado a la deriva sin esperanza de encontrar un puerto seguro al que dirigirme en busca de mi salvación.

Sé que algo sucederá que alegrará mi existencia y la encarrilará al camino que una vez seguí, y que muchas puertas se abrirán en su momento cuando Dios así lo disponga, pero en este instante me siento decaído, sin fuerzas para seguir adelante y luchar por lo que puedo lograr de así desearlo.

Los pasados meses no han sido fáciles. Los golpes se han sucedido uno detrás del otro, pero no me han derrumbado definitivamente. Pierdo la ilusión de vivir en ocasiones, pero luego recuerdo que todavía hay personas a mi alrededor que confían en mi plenamente, y me aman, y trato de desterrar toda esa negatividad y pocos deseos de batallar que me restan, y abro mis ojos en medio de la madrugada, y sonrío.

Todavía me queda algo por lo que luchar, y Dios no permitirá que caiga en el campo de batalla sin antes haber conseguido lo que tanto anhelo.

Volver a ser el que antes fui. A pesar de las lágrimas…

Originally posted 2018-08-06 13:56:11.

DEJAR DE SER (APRENDER A PERDONAR)

Observando a una persona muy querida para mí, comencé a reflexionar sobre muchas cosas, y una de ellas fue el tiempo que he perdido por no apreciar verdaderamente la magnitud de nuestra relación.Recordé momentos pasados, palabras que se dijeron, agradables, algunas ofensivas, caras largas, situaciones amargas, entendimientos que jamás llegaron, impaciencia que nunca arreció cuando hablábamos y no podíamos ponernos de acuerdo, porque nunca dábamos nuestro brazo a torcer inmersos profundamente en la arrogancia humana que nos caracteriza a veces, donde somos más que el otro, y los demás nunca tienen la razón.No he perdido; hemos perdido ambos por actitudes negativas que en su momento deterioraron nuestro lazo de amor y cariño, y que no resolvimos, profundizando grandemente la brecha que ya desde tiempo pasado fue abriéndose entre nosotros.Nunca supe perdonar; tampoco olvidar, por todos esos años de diferencias irreconciliables, altibajos frecuentes, ofensas imperdonables, y distanciamiento creciente. Quizás no fue en mi vida lo que yo esperaba, pero tampoco fue algo tan malo, teniendo presente que solamente nos afecta de forma única lo que permitimos entre en nuestro corazón.Pero ahora, recapitulando con mi alma contrita y mi espíritu desalentado, puedo ver que muchas cosas y situaciones se salieron de proporción, y no valían la pena de molestarse por ellas.Si de algo sirve el envejecer es que, en la mayoría de los casos, adquirimos esa madurez e inteligencia emocional que de jóvenes no teníamos, y a la vida la valoramos entonces en su justa medida, ya tarde para arrepentirnos de lo que hicimos, los errores cometidos en el camino, y las decisiones que tomamos y que, buenas o malas, hemos tenido que cargar sobre nosotros una existencia completa.No puedo dejar de ser lo que soy, ni menos cambiar a estas alturas del juego, pero sí puedo mejorar la actitud y pensamiento ante lo que observo, como dije antes, y desterrar de mi alma los sinsabores vividos junto a este ser querido, para ayudar a que la transición entre la vida y la muerte sea más tolerable, libre de rencor y amargos recuerdos.No soy perfecto, y disto mucho de serlo algún día, pero reconozco que ante el indefenso y necesitado debo de ser humilde y pronto a dar, sin esperar nada a cambio, y que lo que algún día recibiré, al terminar mi capítulo existencial, será en la proporción de lo que he podido brindar desde el momento en que nací. Dios no admite odio en el corazón ni negocios sin terminar.Cuando vemos la fragilidad de la vida en toda su extensión, y los momentos buenos que es posible resten, ahí es cuando sabemos que ha llegado el tiempo de abandonar nuestra naturaleza humana ensalzada en la prepotencia de creernos únicos, y ver con los ojos del alma, esa que no se equivoca y nos impulsa hacia la bondad que debiera existir siempre entre nosotros.Creo que se puede, y trataré, aunque sé que no es tan sencillo como estas palabras que acabo de plasmar en este escrito, pero la esperanza es lo último que queda, y el tiempo espero que sea el suficiente para congraciarme de las torpezas de mi viejo yo, y empezar a labrar el camino hacia una feliz y mejor vida, libre de culpas y lleno de sentimientos nuevos hacia lo que me rodea.Dejar de ser es la única opción que tengo en mis manos para derrotar a la infelicidad que me invade, y mirar el mañana con una nueva perspectiva. Tenemos una sola vida, y hay que aprovecharla al máximo hasta que acabe. No puedo ser esclavo de mis sentimientos cuando estos me impiden ser feliz. Tengo que caminar con lo que me queda, aunque la otra parte sea casi imposible de complacer y sobrellevar.Tengo que perdonarme a mí mismo, aprender a hacerlo, para poder perdonar a otros.Ya después será muy tarde…

Originally posted 2018-04-17 10:13:44.

Todo sucede porque así tiene que ser, pero cuando más derrotado estemos, ahí es que lo único que puede salvarnos es tener fe, confianza, de que siempre la luz llegará a nuestras vidas.

Originally posted 2018-07-08 00:23:39.

¿Morir?

A veces el no vivir a plenitud significa una muerte lenta de nuestros sueños

Originally posted 2018-04-14 23:18:14.

María, el huracán que transformó nuestras vidas, en PDF (3 artículos)

María, el monstruo que no esperábamos…

 

Al momento de escribir esta serie de artículos, lo único que me motivaba a hacerlo era plasmar por escrito los sucesos de esa amarga fecha del 20 de septiembre de 2017 cuando María irrumpió violentamente en nuestra isla y en nuestras vidas y trastocó todo por entero. Fueron largas horas de agonía en la oscuridad que despertaron en nosotros viejos terrores de cuando éramos niños y nos hallábamos solos en la casa en medio las sombras de la noche, y no osábamos gritar pidiendo auxilio porque la voz no nos salía y nuestro cuerpo no respondía ni siquiera para echar a correr. Terrores que nos paralizaron entonces, horrores que nos derrotan ahora, e incertidumbre de un futuro que no sabemos si llegará a ser normal como antes. Le pido a Dios mucha fortaleza para los que perdieron todo, y entereza para comprender que la vida puede comenzar después de una larga noche de dolor…

Puede obtenerlo aquí en PDF: https://petervergara1.online/wp-content/uploads/2018/08/Amaneciendo_en_el_dolor_2.pdf

 

 

 

Originally posted 2018-08-02 21:46:21.

Perdiendo se gana

Perdiendo se gana…

Cuando los símbolos de lo que es o fue tu vida se van, dejan en muchas ocasiones un vacío, un sentimiento de futilidad sin límites que no sabes si algún día también se irá. Por lo menos, en la gran mayoría de las ocasiones, como seres humanos que somos, con sus complejidades y conductas aprendidas con el paso del tiempo, maneras de ser que nos fueron inculcando desde pequeños, o que hemos ido adquiriendo desde el momento en que nacemos hasta nuestro presente.

Nos cuesta mucho esfuerzo, lágrimas derramadas, maldiciones ahogadas, cambios de humor frecuentes, largas horas de desvelo, relaciones deshechas, amistades perdidas, una existencia incompleta, y alguna que otra dificultad en el camino, el adquirir todas esas cosas que deleitan y nos brindan una imagen de abundancia en todos los sentidos ante la sociedad que nos observa a diario, aunque todos esos símbolos hayan sido adquiridos perdiendo otras cosas de valor, pero que en esos años no nos parecían importantes.

Como he escrito anteriormente en otras reflexiones, lo que se va nunca se recupera, y me pregunto lo siguiente: ¿Vale la pena recuperarlo? ¿O no?

¿Fue la adquisición de todos esos símbolos un motivo grande de felicidad para mí?

Sí, y mucho. Lo admito. Sinceramente.

Al menos en ese momento.

Pero me costó mucho el mantenerlos.

No fue sencillo, pero lo hice. A costa de infinidad de sacrificios y malos ratos, pero se hizo la tarea.

Todo lo que poseía representaba mi imagen ante la superficial sociedad que nada valora y todo lo critica, y que no corre a auxiliarte cuando tu mundo se derrumba en millones de fragmentos, sino al contrario, te pisotea para que te hundas rápidamente y sin posibilidad de sobrevivir ante ese cruel embate.

Observando a mis símbolos desaparecer poco a poco, he aprendido que lo material nada significa si no sirve para brindarte una felicidad completa que difícilmente se puede cubrir con estas cosas que mucho cuestan, pero que no garantizan una vida plena de amor y tranquilidad.

Perdiendo gradualmente lo que en su día tuve, he ido asimilando en mi obstinada naturaleza humana que, al final de cuentas, nada de eso valía ni siquiera una noche de desvelo; menos una lágrima ni el sacrificio que tanto costó. Los símbolos desaparecen, se esfuman como algo irreal que no deja rastros de su paso. No tuvieron nunca la importancia que le adjudicábamos.

Todo desaparece, y uno llora al perderlos, pero lo hacemos cuando descubrimos, finalmente, que la vida es más que eso, una marca de ropa, una casa de muchas habitaciones y amplio terreno, o un automóvil lujoso con todos los powers.

La vida es algo más.

Es el levantarse cada mañana con un renovado optimismo, el abrir tus ojos con la serenidad propia de que nada pasará si tú no lo permites, el saber que esas horas del día hasta que te acuestes será uno más hacia la consecución de tus verdaderos sueños, y de que ya no existirán en tu recorrido los obstáculos que esos símbolos representaban para ti.

También es el descubrir que existe un nuevo ser dentro de ti que valora más a las personas que te rodean que las cosas materiales que nunca te trajeron la paz de espíritu que realmente anhelabas y necesitabas.

Tu tranquilidad es valiosa, y muy tuya, y la alegría de vivir, más todavía. Nada puede sustituir estas cosas tan valiosas en tu existencia, nadie puede compensarte por lo que tuvimos y se fue, porque todo eso únicamente depende de uno.

Sentí tristeza al perder un símbolo, pero eso fue mi viejo yo.

Ahora lloro de alegría, porque sé, finalmente, que nada de eso me hacía falta para descubrir mi verdadera esencia, ser feliz de ahora en adelante, y recuperar el tiempo perdido en mi estúpido, loco afán de poseer cosas que nunca fueron mi real imagen ante la vida.

Perdí.

Algo.

Pero gané, y mucho.

Ahora es que me siento genuinamente feliz.

Al final, es lo que cuenta, ¿no?

Perder ciertas cosas no significa el final de una existencia o un ciclo.

Podría ser el comienzo de algo mejor.

Originally posted 2018-06-05 09:47:51.

Quiero llorar

Quiero llorar

¿No te has levantado una mañana, y lo primero que viene a tu mente es el deseo inmenso de seguir durmiendo? ¿Has pensado en el día tan difícil que te espera si osas salir de tu cálido colchón para enfrentarlo?

Las horas del reloj en la madrugada parecen congeladas en el tiempo, y tu noche se hizo eterna, pensando una y otra vez en todas las cosas en las que no quisieras, pero que implacablemente te asaltan sin compasión en medio de la oscuridad que ahora te rodea porque te sientes preso de la desesperación, y no ves una salida inmediata. Así es tu vida, la de todos, cuando tu mundo se derrumba a pasos agigantados, las puertas se te cierran, los llamados amigos te abandonan al verte caído, y la vida cruel sigue aporreando tu puerta sin descansar, esperando que la abras y enfrentes de una vez y para siempre todo lo que te tortura.

Pero no es fácil. Nunca lo es. Los problemas se amontonan cada vez más, las tribulaciones también, y la decepción amarga te paraliza por completo, pues no sabes si vas o vienes por el camino, o si alguna vez lograrás hallar la ruta correcta hacia lo que quieres, pero que te ha sido negado hasta ahora.

Sientes deseos de salir corriendo, de darle rienda suelta a todos esos sentimientos de tristeza y derrota que te invaden segundo a segundo, de rendirte ante lo que no puedes vencer.

Quieres llorar. Las lágrimas se asoman tímidas a la orilla de tus ojos, y lucen indecisas sobre caer o no, o quedarse estancadas como agua en el pozo que amenaza desbordarse, pero que a última hora se contiene milagrosamente.

Mi día comenzó así. Creo que será interminable. Desconozco si nuevos monstruos surgirán en medio de la nada para atacarme por todos los flancos. No sé si lograré vencerlos una vez más, o me abandonaré a la dulce idea de mandar todo al infierno y rendirme ante la vida. Quizás pase por mi mente llorar, gemir lastimeramente en busca de una empatía que raramente ya se ve entre nosotros, o salir a la calle y gritarles a todos los que quieran escucharme que no estoy derrotado, aún, y que mi sueño solamente es mío, de nadie más, y que lucharé por el mismo hasta mi último aliento de vida.

Luego, espero llorar, pero de alegría por vencer a mi triste alma decepcionada, y por no haber sido abatido durante la batalla.

Porque para eso tengo a alguien de mi lado que jamás se rendirá, y que me llevará en sus reconfortantes brazos si desfallezco en la carrera en la que mi existencia se ha convertido…

Originally posted 2018-08-21 13:45:24.

Robaste mi vida (el principio del dolor), Un nuevo libro de Peter Vergara para finales de 2018

Robaste mi Vida (El principio).

No recuerdo cuándo fue, o dónde empezó todo, pues mis recuerdos se difuminan en el tiempo pasado que anhelo revivir pero que a la vez deseo olvidar.

Las palabras altisonantes, los maltratos, el desprecio de unos ojos que jamás trasmitieron amor me asaltan por momentos.

Muchas cosas. Pocas memorias.

Las memorias solo vienen a uno cuando son buenas.

Las malas, tratamos de olvidarlas en la hipocresía de la vida que no perdona cuando queremos desterrarlas.

El alma se constriñe, la alegría se dispersa; el amor se diluye.

El golpe te azota cuando no lo esperas, y la retribución no se hace esperar cuando estamos dispuestos a cobrar el agravio.

Únicamente rememoro la crueldad del momento vivido, pero olvido por un instante las lágrimas derramadas por su causa.

El pasado llega a mi puerta como un vendaval, como María llegó a nuestra existencia un aciago día de septiembre, y quiero pensar que siempre existirá un mañana para enterrar el infortunio de un amargo suceso, pero luego admito que nunca es fácil seguir adelante cuando algo o alguien te aprisiona por los pies y te impide caminar como antes.

Puedo ser muchas cosas en mi presente. Quizás convertirme en lo que siempre he deseado. Es posible que hasta la vida me devuelva con creces lo perdido.

Pero no puedo. Algo me amarra, me encadena cruelmente e impide que pueda dar un paso hacia ese espejismo que engaña mi mente, pero que no logra embaucar mi corazón. Ya no soy el mismo.

No puedo serlo.

Pero quiero.

Quiero ser el que antes fui.

Mejor.

¿Podré hacerlo?

Los gritos en la noche.

Exigencias que no amainan, palabras vertidas que no se olvidan tan fácilmente.

Locura inesperada, vivencias que se perdieron, memorias que no sirvieron de nada, y un presente que me derrota diariamente por no tener una luz que ilumine el sombrío camino que llevo recorriendo desde niño, pero que se ha oscurecido más en tiempos recientes.

El hoy me golpea furiosamente en el rostro, y anquilosa los miembros de mi cuerpo. La parálisis me aflige, y el conocimiento de lo que ya es una triste realidad que no me abandona, me abate más.

Siempre supe que no seria un juego de infantes, y que las reglas nunca serían escritas por mí, pero sinceramente, no esperaba esto.

Y no puedo evitar llorar como el niño que antes fui, ni tampoco calmar el temblor de unas manos que creí servirían para traer grandeza a este mundo, pero que difícilmente logran contenerse cuando la furia me agarra por sorpresa.

Mi conocimiento no me ayudó a prepararme para lo que venía en camino, y la prepotencia de querer saberlo todo tampoco fue determinante a la hora de enfrentar un espíritu resquebrajado que nunca pudo ser feliz, y que ahora se ceba en el mío tratando de hundirlo sin misericordia.

Nunca fui bueno adelantándome al futuro, pues es imposible para cualquiera hacerlo, en especial cuando no esperas nada del mismo, y sientes temor de saber lo que en su día sucederá. Adivinar la vida asusta, y cuando lo que logras atisbar no es agradable, menos te infunde el valor que no tienes.

Tengo miedo. El amanecer trae consigo nuevas horas de infelicidad, y la noche al llegar el sosiego momentáneo que tanto he esperado durante este infierno diario.

No quiero dejar pasar al odio. No es aconsejable. Pero avanza según trascurre mi presente, sumido en el resquemor que corroe mi felicidad, y que impide la entrada de la alegría que parece alejada de mí. La esperanza quiere escapar, pero no lo permito, todavía.

No soporto la vida. A veces quisiera no tenerla si ella no me brinda lo que anhelo profundamente. ¿Acaso ya mi entusiasmo por vivirla se fue para no volver? El hastío me encierra como reo en su aburrimiento mortal, y las llaves de la celda lucen inalcanzables a simple vista. El desdén por lo humano crece a pasos agigantados, y únicamente el dolor se dibuja en la sonrisa amarga que exhibo y que aflora ante todos por no llorar y dar rienda suelta a mis sentimientos de frustración.

¿No merezco el ser feliz? ¿Por qué se me niega tanto el serlo?

¿Qué debo hacer en este minuto crucial de mi existencia?

El ave negra de la desdicha vuela sobre mi horizonte perdido, y sueño con abatirla cada día, pero cuando estoy a punto de hacerlo, se vuelve a mirarme y se burla, alejándose rápidamente y retándome a que la derribe. ¿Lograré que caiga?

(Extracto inicial de mi próximo libro Robaste mi Vida, una historia con nexos de una realidad que viven millones de personas que pasan su existencia plena sujeta a los caprichos de un destino que trata cada día de robarnos la alegría que merecemos. No voy a adelantar nada más, pues me encuentro escribiendo esta historia, y editando otra a pasos agigantados de una buena amiga escritora (Almas Sincronizadas), que me he visto obligado a posponer por este mismo problema, y a la que pido disculpas desde el fondo de mi corazón. También a un excelente compañero literario al que le estoy trabajando su segundo libro, Tinieblas II. Ambas historias, contando con Dios, estarán listas para agosto, justo a tiempo para que participen en el concurso literario de Amazon. Robaste mi vida es algo que me toca en lo íntimo, y deseo con este libro poder ayudar a muchas personas que atraviesan por idéntica situación, y que muchas veces, en su mayoría, destruye nuestras esperanzas de ser feliz algún día sin los fantasmas del odio que en su momento son arrojados sobre cada uno de nosotros y que no merecemos).

Originally posted 2018-07-26 19:03:25.

Hemos perdido mucho, y la vida sigue su curso aunque no queramos…

Sentado en la marquesina de mi hogar, cabizbajo, distraído, triste por demás y pensando en tantas cosas, que realmente he perdido la cuenta o el orden de ellas. Solo recuerdo con pesar todas las oportunidades que he desperdiciado en mi vida por no seguir los instintos de mi corazón, o de mi mente, y mis ojos se nublan con la sombra de una lágrima que pugna por escapar, pero que al final no se atreve.

Todo esto en un rato que estuve cavilando sobre mi presente, pero reflexionando sobre el pasado que me trajo hasta aquí. Si uno pudiera cambiar el pasado, ¿lo haría? ¿O no? Creo que no. Otros dirían que sí sin pensarlo siquiera. Los malos momentos que tuve hace años, y de los que aún cargo con algunos, tengo que agradecer que gracias a ellos estoy escribiendo estas líneas y compartiéndolas con el que desee leerlas. Una existencia sin magulladuras o golpes no es una existencia bien vivida y disfrutada, porque hasta en los aciagos instantes del infortunio encontramos cosas buenas y enseñanzas que perduran por siempre, y que nos avisa en una próxima ocasión de no volver a cometer el mismo error que una vez lloramos, pero que nos abrió quizás algunas puertas que hasta ese momento nos estaban vedadas.

Palabras tristes, pero me siento así en esta hora, y lucho por desterrar los fantasmas del pasado que me impidieron lograr mis cometidos, pero no puedo, por más que lo intento, porque me falta algo posiblemente, y pido cada minuto por ello, y es el deseo de superarme a mí mismo para al final conseguir lo que anhelo. El hastío, la amargura, el vacío en mi corazón, el dolor de mi alma, el sufrimiento indeleble, hasta ahora han sido suficientes para frenarme en mi loca carrera hasta la consecución de mis sueños, y sé que puedo vencerlos, pero también creo en ocasiones que no quiero.

Me estoy derrotando cada día, y no logro ver la luz al final del camino.Hemos perdido, y mucho. Yo he perdido, y quisiera decir que no, pero admito que mi pasado me arrastra, el presente me frena, y el futuro es falso, porque desconozco el remedio para sanar mis heridas que me lastiman todavía, pero que soy incapaz de cerrarlas.

Extraño muchas cosas de mi existencia. Los amigos que se fueron, las oportunidades perdidas, los minutos de alegría compartida con mis seres queridos, a los que ya no están a mi lado porque descansan en un sitio mejor, a las palabras que nunca dije, y las que sí dije que hirieron a veces, pero que también sanaron en su momento, a los maestros que me enseñaron lo bueno y lo malo, a los desatinos cometidos que me hicieron caer de rodillas tantas veces, todo eso lo recuerdo, algunos con tristeza, otros con alegría, pero mi alma llora al pensar que ya no volverán, y que mi inocencia se laceró por la crueldad de un destino que nunca tuvo nada bueno para mí. Nada agradezco a veces, porque me quitó mucho, aunque luego me recompensó con algo hermoso, pero más perdí yo por no creer en mi potencial para salir adelante.

Y aquí, sentado en la marquesina de mi hogar, solo, pensativo, y triste, pienso que es posible que me quede algo por lo que luchar, una quimera que perseguir, un sueño por lograr, y sobreponiéndome a esta indolencia que me abate sin cesar, me levanto, cierro mis ojos, respiro profundamente por la vida que aún tengo, la llama de la pasión por realizarme que pugna cada minuto por salir, y creo, no, sé, que me queda algo en la reserva de un espíritu indomable que no quiere rendirse y buscar algo mejor, y una sonrisa aflora a mi rostro, porque sin importar todos los sinsabores que se me hayan atravesado en el camino, y los obstáculos que tuve que superar mientras todo sigue su curso, aún así tengo la esperanza de que un día conseguiré mi más preciado anhelo: Ser feliz conmigo mismo…

Originally posted 2018-07-13 19:17:54.

Adiós a mis Miedos: hola a mi nueva vida, la que merezco… PDF

Creo que ya es tiempo de que puedas ayudarte tú mismo a superar todas esas cosas que hasta ahora te han negado la felicidad plena a la que tienes derecho como ser humano, esos problemas, decepciones, tristezas, sufrimientos, errores del pasado, demonios internos que te obstaculizan tu camino hacia una dicha plena. Sentí el deseo de compilar parte de mis libros, o mini guías, en un solo libro, junto con unas reflexiones diarias que regularmente posteo en mis blogs. Viendo el éxito que han tenido las ventas de estos dos libros, Tiempo de Hacer Las Paces Con Tus Demonios, y Siempre Serás Tu Peor Enemigo, decidí tomar este paso, unirlo todo, que entiendo será de gran ayuda a mis lectores. En un momento de tristeza, como le puede suceder a cualquier ser humano, tuve que recurrir a mi fortaleza interior, a mis recuerdos, a todos esos acontecimientos que moldearon mi existencia a lo largo del camino, y fue entonces que escribí estas mini guías, o consejos prácticos que yo tuve que utilizar para poder salir airoso tanto de los problemas, de mis miedos, de mis demonios, de todo lo que de una u otra forma me obstaculizaron y me derrotaron en sinfín de ocasiones hasta que aprendí a superarlos; a derrotarlos completamente. No pretendo ser un escritor motivacional, de esos que suben a un podio a disertar horas y horas sobre la motivación, auto ayuda, superarse; todas esas cosas. Sí pretendo que tú, mi amigo, puedas utilizar, aunque sea un poquito, parte de estas vivencias que me fortalecieron e hicieron el hombre que soy hoy en día, más confiado y alegre, y, sobre todo, con más fe en mí mismo para afrontar cualquier tipo de situación que se presente. Si yo lo logré, por supuesto que tú puedes también. Es cuestión de querer, desearlo con pasión. Sin nada más, espero que te agraden estos pequeños consejos, y muy importante, que los puedas aplicar en tu propia vida. Creo que ya es tiempo de que puedas ayudarte tú mismo a superar todas esas cosas que hasta ahora te han negado la felicidad plena a la que tienes derecho como ser humano.

Originally posted 2017-05-31 16:09:53.

¿Estás vivo? ¿O al menos eso crees?

Es la pregunta que me formulo cada día al despertar, y que me persigue implacablemente desde hace años.

Abro mis ojos por la mañana, me levanto de la cama, me arreglo, desayuno, a veces, y me preparo para salir a trabajar.

La misma rutina día tras día por los pasados años, los mismos rostros de camino al trabajo, las mismas situaciones, los mismos problemas, todo igual, no cambia nada, con la excepción de que cada día me siento morir lentamente sin saber el porqué.

La rutina aburre, los días descoloridos van minando poco a poco lo que todavía queda en nuestro interior, y se enganchan a tu espíritu como una serpiente a su presa.

Piensas que ya nada tiene solución, que tus aburridas y mortales jornadas diarias son parte intrínseca de tu rutina, y que los colores del arcoíris no llegan a la oscuridad de tu corazón. La oscuridad que tú has permitido, aunque no lo creas, y que, en su momento, si no haces un esfuerzo, aunque sea mínimo para iluminarlo, acabará contigo sin pena ni gloria.

¿Has llegado hasta aquí para rendirte? ¿Acaso crees que estás muerto realmente? Lees este libro ahora, ¿verdad? Pues pienso que no estás muerto, que deseas vivir, que anhelas volver a sonreír inocentemente como cuando eras un niño y luego adolescente, pero que al llegar a la adultez fuiste confrontado con la cruda realidad de lo que es vivir por vivir, pero sin más alicientes. Un retrato de la inmensa mayoría de los seres humanos, que vagan por las calles pareciendo personas normales, pero que en su interior están más muertos que un personaje de la serie Walking Dead.

Lees estas líneas porque todavía, aunque está un poco escondida, descansa en tu ser la llama de la ilusión que desde niño cargas, y que deseas renazca brindándote una nueva oportunidad de gozar tu existencia como mereces y como otros lo hacen.

Sientes que ya el camino no es el mismo que comenzaste hace tiempo, y que a cada instante surge un nuevo tropiezo para atrasar la marcha, pero, así y todo, sigues caminando con la esperanza de que algún día todo cambiará para ti.

La esperanza es lo último que perdemos. Creemos que todas las soluciones a nuestros problemas surgirán de la nada y seremos felices para siempre.

Tristemente, no es así. No lloverán los remedios a nuestros pesares, no desaparecerán como por arte de magia en segundos, ni tampoco lloverán bendiciones de un cielo al que no imploramos.

La vida no es así. Es dura y cruel, y se burla a cada instante de nuestros esfuerzos por triunfar, y pone obstáculos en tu camino todo el tiempo para que te revientes de cabeza. Esa es la ecuación real, no la que nos presentan adornada con muñequitos y flores en los portales de las redes sociales, en las que cualquiera con ínfulas de influencer motivacional nos quiere hacer creer que con un poquito de esfuerzo podemos salir del atolladero emocional y espiritual en el que hemos estado hundidos por años.

Roma no se construyó en un día, ni tampoco tu existencia lo será. Para vivir como sinceramente lo deseas, quizás tengas que morir. Así de sencillo. Pero no una muerte física, sino la terminación de lo que eres ahora y no quieres volver a ser.

Si no me gusta la forma de mi cuerpo, hago dieta y ejercicio para mejorarlo. Si quiero un amor, lo busco incansablemente hasta que aparezca, aunque sea por medio de las redes sociales, como parece ser la moda, y si lo que busco es un mejor empleo, pues me despido del que tengo y ya, consigo otro más remunerado.

Pero quizás algunas de estas soluciones rápidas no se pueden aplicar a tu existencia, porque no solamente no resuelves nada con ellas, sino que tu verdadero dilema está en que llegaste a mitad del camino, y no puedes seguir, y menos retroceder, porque ya es tarde para hacerlo.

Tienes que seguir caminando, buscando tu felicidad, pero no sabes a quién recurrir, porque tus pensamientos están confusos y ya sientes un acérrimo pavor de volver a caerte y no poder levantarte más.

Cuando luchamos con nuestras propias fuerzas posiblemente llegue un momento en el que ya no podamos y desfallezcamos con la idea de rendirnos para siempre.

Eso es lo complicado de apoyarnos únicamente en nosotros. No tenemos el recurso de una salvación externa que nos impulse de una vez y por todas hacia la meta de nuestros sueños.

¿No te has preguntado si existe vida después de la muerte? Si no vives ahora, ¿para qué te interesa?

Puedes elegir entre vivir ahora, y vivir también después de que exhales tu último suspiro, una existencia completa en ambas realidades, pero depende de ti, de los pasos que recorras desde ahora en adelante en tu camino.

Solamente existe una vida, dirás, y te darás golpes de pecho defendiendo tu creencia.

Creo que estás equivocado.

Pero prosigamos…

Extracto de mi libro ¿Cuál es mi camino? a la venta en papel y digital en Amazon  https://www.amazon.com/%C2%BFCu%C3%A1l-camino-cuando-voltear-Spanish-ebook/dp/B073VPX6QP

Originally posted 2018-05-24 10:16:36.