Susurros Mortales en el Viento: Ángel de Piedad PDF

La muerte sigue rondando, cada vez más cerca… Meses después de que el Rompecorazones asesinara mujeres profesionales en las tranquilas calles de la Ciudad del Olmo, New Haven, Connecticut, arrancando sus corazones, y de que lograra escapar de la agente especial del FBI, Stacey Loggins, aparece en escena otra clase de asesino: Un ángel de piedad que asesina personas ya desahuciadas clínicamente, y que al parecer nada ni nadie será capaz de detener. Allyson Davis es la agente novata enviada por el FBI para acabar con el sanguinario asesino de piedad. ¿Podrá hacerlo? ¿Se quedarán impunes todos estos asesinatos? ¿Aparecerá Stacey Loggins para ayudar a su amiga y compañera? ¿Saldrá el Rompecorazones de su escondite? Solamente hay una manera de averiguarlo, y es leyendo esta espeluznante novela de Peter R. Vergara Ramírez, Susurros Mortales en el Viento, Ángel de Piedad. La venganza sigue… Segunda parte de la trilogía Susurros Mortales, donde un monstruo sanguinario vuelve a asolar las tranquilas calles de New Haven, Connecticut, y es llamado el FBI y su unidad élite, bajo el comando de la novata agente especial Allyson Davis, en la captura de asesinos en serie. Un asesino que mata por piedad, supuestamente, pues todas sus víctimas, sin importar sus edades, padecen alguna enfermedad terminal. ¿Un Ángel de Piedad, o un criminal desalmado que disfruta matando gente inocente? Sean ustedes los jueces de esta impactante novela que lo mantendrán en sus asientos hasta el final con un giro inesperado…

Disponible en PDF en este portal $1.00

Originally posted 2017-06-01 01:42:21.

Al Final Del Abismo libro original 2005 Cuando la arrogancia destruye al verdadero amor…

Carlos es arrogante, superficial, y carente de nobles sentimientos. Posee los atributos necesarios para sobresalir en la artificiosa sociedad: juventud, atractivo, excelente empleo… hasta que, sorprendentemente, descubre que nada de esto funciona cuando de enfrentar a la tormentosa encrucijada en que se encuentra su vida se trata. Diana lo ama en secreto, pero también lucha por sobrevivir de la continuas amenazas del cruel supervisor que la hostiga sexualmente en su trabajo y de reivindicarse ante los ojos de aquellos que la desprecian por creer lo que no es. El soberbio hombre tendrá que sufrir golpe tras golpe, dolor tras dolor, lágrima tras lágrima, para aceptar finalmente en su corazón que es imposible huir de uno mismo cuando no se tiene la fortaleza necesaria para correr. Entonces comprenderá que la verdadera lección de vida no se aprende en los bares, los salones de baile, o en los sentimientos falsos y vacíos, sino en los misteriosos designios del caprichoso destino que ahora lucha apasionadamente junto a él para ayudarlo a escapar de las tempestuosas profundidades del abismo. Al Final del Abismo es una novela intensa, subyugante, palpitante, acorde con nuestros tiempos modernos. Una historia que penetrará hondamente hasta las recónditas fibras íntimas de cada ser humano y le enseñará, en la cruda realidad, que la vida no es un tonto juego en el que gana el mejor, sino el que más lo merece.

Originally posted 2017-05-31 18:50:36.

Adiós a mis Miedos: hola a mi nueva vida, la que merezco… PDF

Creo que ya es tiempo de que puedas ayudarte tú mismo a superar todas esas cosas que hasta ahora te han negado la felicidad plena a la que tienes derecho como ser humano, esos problemas, decepciones, tristezas, sufrimientos, errores del pasado, demonios internos que te obstaculizan tu camino hacia una dicha plena. Sentí el deseo de compilar parte de mis libros, o mini guías, en un solo libro, junto con unas reflexiones diarias que regularmente posteo en mis blogs. Viendo el éxito que han tenido las ventas de estos dos libros, Tiempo de Hacer Las Paces Con Tus Demonios, y Siempre Serás Tu Peor Enemigo, decidí tomar este paso, unirlo todo, que entiendo será de gran ayuda a mis lectores. En un momento de tristeza, como le puede suceder a cualquier ser humano, tuve que recurrir a mi fortaleza interior, a mis recuerdos, a todos esos acontecimientos que moldearon mi existencia a lo largo del camino, y fue entonces que escribí estas mini guías, o consejos prácticos que yo tuve que utilizar para poder salir airoso tanto de los problemas, de mis miedos, de mis demonios, de todo lo que de una u otra forma me obstaculizaron y me derrotaron en sinfín de ocasiones hasta que aprendí a superarlos; a derrotarlos completamente. No pretendo ser un escritor motivacional, de esos que suben a un podio a disertar horas y horas sobre la motivación, auto ayuda, superarse; todas esas cosas. Sí pretendo que tú, mi amigo, puedas utilizar, aunque sea un poquito, parte de estas vivencias que me fortalecieron e hicieron el hombre que soy hoy en día, más confiado y alegre, y, sobre todo, con más fe en mí mismo para afrontar cualquier tipo de situación que se presente. Si yo lo logré, por supuesto que tú puedes también. Es cuestión de querer, desearlo con pasión. Sin nada más, espero que te agraden estos pequeños consejos, y muy importante, que los puedas aplicar en tu propia vida. Creo que ya es tiempo de que puedas ayudarte tú mismo a superar todas esas cosas que hasta ahora te han negado la felicidad plena a la que tienes derecho como ser humano.

Originally posted 2017-05-31 16:09:53.

La vida que perdí Peter R. Vergara Ramírez —autor

La vida que perdí   

¿En qué momento perdí la ilusión? ¿En cuál capítulo de mi existencia despierto una mañana con deseos de morir? ¿Cómo fue que llegué hasta aquí, mustio como una hoja, derrotado como un vendaval sin vientos?

Mirando hacia el pasado que moldeó mi caminar, y atisbando un poco en el mismo, aún no sé en qué minuto desperdicié las ilusiones que llevaba arraigadas en mi corazón para convertirme en lo que soy hoy: nada.

¿Fueron acaso los gritos destemplados de mis padres cuando discutían? ¿Quizás los regaños inmerecidos cada vez que hacía algo bueno y no me felicitaban? ¿O posiblemente, el llanto escondido en la noche por no saber qué hacer con mi vida?

Tantas interrogantes; ninguna respuesta.

Era un niño inteligente, despierto, tímido, agradable, buen amigo e hijo, pues, un poco malcriado, lo admito, pero quien no lo es cuando vive en un hogar donde las palabras altisonantes y violencia verbal son la orden del día. Era un niño normal, si se le puede llamar normal el correr a esconderse cuando tus padres te buscaban impacientes por toda la casa para descargar su cinturón sobre tus espaldas.

Bueno, eso sí era normal y corriente en los tiempos de antes, cuando la bofetada o el cinturón eran los instrumentos del padre para disciplinarnos cuando nos portábamos mal, y a veces hasta cuando nos comportábamos casi perfectamente bien.

Lo importante era la disciplina, y lo que eso significaba en el núcleo familiar.

Quien la ejerciera era lo de menos, si finalmente el resultado no variaba.

Uno llorando a moco tendido corriendo a refugiarse en los brazos del abuelo condescendiente que todo lo justificaba y perdonaba, aunque no lo mereciéramos.

Un ratito después nos olvidábamos de todo, y a seguir entonces con nuestra casi perfecta vida normal.

Volviendo al presente, qué tristeza recordar ese tiempo de niños, y qué duro para mí el pensar que posiblemente en uno de esos días, quizás alegre, posiblemente no tan alegre, fue que paulatinamente empezó el largo viaje sin retorno hasta el abismo sin escapatoria de mis sueños truncos.

Fue una etapa, no obstante, bonita, pues lo tenía todo. Todo significaba los caprichos que como niño-joven tenía, mis padres me los satisfacían, en su mayor parte, pues para algunos, simplemente, un no era la respuesta obligada.

No soy feliz.

Al menos eso creo.

No puedo ser feliz cuando siento una tristeza perenne arraigada fuertemente a mi corazón.

Ni cuando observo la vida pasar enfrente y no siento alegría por la misma.

Ni una sonrisa.

Ni una carcajada.

Nada.

Un corazón seco.

Una lágrima que pugna por liberarse y no puede.

Porque no existe.

Nunca existió.

Fueron borradas de mi ser el día en que nací.

Segadas completamente, sin un vestigio de renacimiento futuro.

Sin una esperanza.

Sin una ilusión.

Ya no existe en mi ese afán, esa fuerza interior que quizás tuve y no viví.

Tampoco la extraño, porque no se recuerda lo que jamás existió.

O quizás sí, pero fue muriendo con los años.

No lo sé, ni me interesa.

Únicamente me importa el seguir respirando, minuto a minuto, hora a hora, día a día, porque es lo que mantiene mi mente cuerda, aunque no exista una pequeña ilusión de vida.

No despierto por las mañanas con ánimos de luchar.

Abro mis ojos al amanecer de otro día igual que el anterior.

La misma rutina.

La misma gente.

El mismo trabajo.

El mismo desdén por existir que me agobia, y que no piensa marcharse por lo que veo.

También la misma hipocresía de los demás cuando te saludan, y que por cortesía aceptas y saludas a la vez.

¿Quién es más falso? ¿El que saluda, aunque no lo sienta? ¿O el que saluda a su vez, aunque la otra persona sea insoportable para él?

Una de las preguntas sin respuesta que, sinceramente, me da lo mismo si algún día alguien ilumina mi espíritu con la respuesta adecuada a este dilema existencial. Son interrogantes que enfrentamos diariamente, pero que no interrumpe nuestro sueño en la noche.

Parece que hoy enfrento mi día con mucha tristeza, porque observando en la pantalla de mi ordenador todo lo que he escrito en estas breves líneas, pareciera que estoy prácticamente al borde del suicidio.

Nada más lejos de la realidad.

El que me levante una mañana con tristeza, recordando los episodios del pasado que posiblemente influyeron un poco en mi vida del presente, y que derrame una lágrima al acordarme, no significa que he perdido mi vida, ni que no amerite vivirla, aunque sea un paso a la vez.

El pasado muchas veces duele, y cincela tu personalidad hasta el presente, pero significa nada cuando se anhela vivir a plenitud, ni tampoco significa que me voy a echar a morir porque mis padres o alguna otra persona en mis recuerdos haya sido lo contrario de lo que yo esperaba.

No.

La vida se compone de muchas etapas. Unas buenas, otras no tanto.

Existe un momento para reír, y otro para llorar.

Lloré en su minuto por lo que no pudo ser, y también por el dolor de algunos episodios que quebraron mi alma, pero no mi existencia plena, y que me fortalecieron en medio de la tormenta para soportar los ciclones del presente y del futuro.

No se pierde una vida cuando ella te enseña a vivirla, poco a poco, sin apresurarse, sin dudas; sin arrepentimientos.

No desperdiciamos nuestra existencia cuando aprendemos del dolor, y no cometemos los mismos errores del pasado.

¿De qué vale vivir, si no lloramos?

Una lágrima, o muchas, en el instante apropiado, puede revivir una historia, la de nuestras vidas, y no se rechaza, porque limpia el corazón y el alma de los embates del destino que en ocasiones hace flaquear la fuerza que todos poseemos, pero que pocas veces utilizamos para salir adelante y triunfar con la alegría de vivir que cada ser humano merece tener.

La vida que perdí.

Bonito título.

Pero se oye mejor la vida que he ganado al seguir el mandato de mi corazón y derrotar la tristeza y el dolor que llevaba a cuestas como una pesada carga atenazando el espíritu inquebrantable que poseo para salir airoso de cualquier adversidad que se atreva a cruzarme en mi camino.

No he llegado hoy hasta aquí para rendirme. Jamás.

Estoy aquí para quedarme, y decirle al universo entero que no he perdido mi vida, porque en este mismo instante comienzo a vivirla a plenitud, sin remordimientos, sin dudas, porque yo merezco ser feliz, y nada ni nadie me detendrá en la ruta ya trazada de antemano por el destino.

No he perdido mi vida.

Ahora es que voy a vivirla…

@Derechos Reservados 2017. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este escrito sin el consentimiento expreso del autor Peter R. Vergara Ramírez.

Originally posted 2017-03-08 16:22:40.

Sutúrame a besos Deva

Sutúrame a besos
Has suturado, con tantos besos infinitos, todas mis heridas sangrantes, que han terminado por curarse. Cicatrizando, lentamente. Y cada día, las repasas con cuidado. Para que no se infecten. Para que no cierren en falso. Intentando, por todos los medios, que jamás, se vuelvan a abrir. Haciendo que vuelva a ser yo. […] https://comoun8tumbado.wordpress.com/2017/03/06/suturame-a-besos/

Enviado por Peter R. Vergara Ramírez

Originally posted 2017-03-06 17:57:03.

Terror puro, el comienzo… Susurros Mortales

El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales.

Recordando, pues siempre es bueno hacerlo, sean positivas o negativas las memorias que ello encierra, no pude evitar el rememorar esos pasos iniciales antes de comenzar a escribir mi primera novela, Susurros Mortales, o Deadly Whispers, como originalmente salió publicada allá por el 2001 en Estados Unidos.

El nacimiento de la saga, que espero concluir para el 2017 una vez haya terminado unos proyectos que están actualmente en proceso, pero ya eso es otra historia.

Recuerdo que estaba sentado en la sala de mi hogar de Manatí, Puerto Rico, una tarde del verano del 2000, solo, cabizbajo, pensativo, triste por demás, pues en pocos días viajaría a la ciudad de New Haven, Connecticut, para encontrarme con mi madre Elsie, ya diagnosticada con cáncer de pulmón, y en vías de comenzar su tratamiento contra el mismo en el New Haven-Yale Hospital, a pocos pasos de la residencia de mi hermana Yolanda, donde mi madre habitaba en esos momentos.

Pensaba: ¿Qué pasará con mami? ¿Saldrá bien o no? Si ella moría, ¿podría superar ese dolor de perderla? Yo adoraba a mi madre, en ocasiones difícil de tratar, pero luchadora y amorosa con sus hijos, y con una voluntad inquebrantable para seguir adelante a pesar de las circunstancias. No era quizás una madre perfecta, pero para nosotros lo era. Y no quería dejarla abandonada en esos instantes cuando más nos necesitaba. Por eso viajaba hacia New Haven, para cuidarla y acompañarla.

Mientras mi alma y corazón volaban hacia ella y su enfermedad en esa tarde, también pensé en que yo no tenía nada en mi vida en ese momento que me permitiera aportar, aunque fuera poco al tratamiento y recuperación posterior de mi querida madre. Me encontraba desempleado, sin un centavo en los bolsillos, y desilusionado con el giro que mi existencia había tomado en los últimos tiempos. En pocas palabras, con un down o depresión terrible, a punto de tomar una decisión irremediable, pues ya el mundo bonito como yo anhelaba desde niño, ya no tenía sentido para mí. Nada me alegraba, nada me rescataba del abismo oscuro en que estaba sumergido hasta el fondo. Había perdido mis sueños, mis metas, mis deseos de ser alguien, de sobresalir, de poder dejar un legado para generaciones futuras, en fin, de muchas cosas que se perdieron en el camino, y que nunca recuperaría.

Entonces, para ahuyentar todos esos demonios, y no pensar más en ellos, reparé en una pequeña libreta de apuntes que se encontraba en una mesa al lado mío, y la tomé.

La abrí, y me dije:

—Voy a escribir algo.

¿Pero qué?

—Una novela.

¿Y cómo diablos, si nunca lo había hecho?

Pero comencé, que es lo primero que debe hacer cualquier ser humano si desea superar la vida y sus obstáculos.

Recordé muchos libros leídos, novelas, ensayos; todo. La forma de escribir, desarrollar, personajes, diálogos, contenido importante, la trama y sus vericuetos literarios, en fin, todo de lo que se componía la redacción de un escrito, en este caso, una novela de ficción sobre un asesino en serie y los consiguientes esfuerzos de las fuerzas policiales para atraparlo antes de que siguiera asesinando personas inocentes.

Poco a poco la pensé y le di vida a mi primera novela. En esos primeros días mi mano volaba encima de la libreta de apuntes, escribía, borraba, tachaba, arrancaba la página si no me gustaba, la volvía a escribir, hasta que llegué a New Haven. Allí entonces la desarrollé completamente, estudié la historia de la ciudad, sus lugares históricos, su trayectoria, calles, ausculté libros enteros y artículos de índole policial e investigativa, procedimientos del FBI, ciencias forenses y sus distintas ramas, y lo más importante, el estudio de los asesinos en serie y sus categorías, los motivos por los que asesinaban, su modus operandi, sus trofeos, sus personalidades, y también la criminología y criminalística de laboratorio y de campo en las escenas criminales. Muchas cosas de las que me tuve que empapar para escribir correctamente y documentar apropiadamente esta novela inicial.

Luego de llegar a un punto culminante, alrededor de la página 140 más o menos, me quedé en blanco. Totalmente. Se me habían acabado las ideas, el teclado de la computadora cogió polvo por su falta de uso. No sabía qué más escribir, cómo continuar.

Así estuve semanas, desorientado, bloqueado, mientras cuidaba a mi madre y la llevaba a sus sesiones de quimioterapia, y veía cómo poco a poco su rostro adquiría color y vida por el tratamiento en sí, y quizás la incipiente esperanza de que al final, mami podría superar el dolor y vivir plenamente o por lo menos a medio pocillo para beneplácito y alegría de todos, situación que un tiempo después descubrimos que no iba a ser posible, cuando su organismo comenzó a rechazar el veneno que le introducían a su cuerpo, y los médicos decidieron descontinuar el tratamiento por la falta de avances en la condición cancerosa de mi madre.

Una tarde, regresando a la casa de mi hermana, subí a mi cuarto a dormir un rato.

Al tirarme en la cama cerré mis ojos.

Visualicé la novela enteramente. Principio, contenido y final, los capítulos que restaban, y el final. En cuestión de cinco minutos, sinceramente, en mi imaginación, que salió a rescatarme cuando ya no albergaba la esperanza de poder culminar el proyecto favorablemente. Increíble, pero cierto.

Abrí mis ojos, me levanté de la cama, y corrí hacia la computadora. Empecé a escribir como loco, aprovechando esa oleada de ideas que asaltaron mi mente, y a los pocos días la terminé. La revisé, la corregí, volví a cambiarle muchas escenas y diálogos, y la sometí a un par de editoriales en Estados Unidos, donde semanas después recibí la notificación de parte de una de ellas de que estaban interesados para publicarla, por lo que decidimos presentarla en inglés, labor titánica en la que mi hermana Yolanda tuvo la encomienda de traducirla completamente con excelencia, y luego comenzar el arduo proceso de revisión de contexto literario y preparación para imprimirlo meses después en el 2001, poco antes de mi madre fallecer, y dejarme destrozado al igual que al resto de la familia.

No tengo que explicar la alegría inmensa que sentí al recibir la aprobación y luego contrato con la editorial, y el sentimiento inconfundible que acompaña a cualquier ser humano cuando es bendecido por Dios. Una sensación de bienestar y felicidad que arropa tu cuerpo de la cabeza a los pies, y que te hace flotar por las nubes.

Perdí a mi madre meses después, y aún me duele el recordarlo, muchísimo, pero siempre he pensado que cuando perdemos algo en nuestras vidas, una bendición y una puerta se abren un poquito más adelante para compensarnos por ese dolor. Compensarnos, no olvidarlo, pues cuando se quiere de verdad, especialmente a una madre que lo dio todo por su familia, eso no se puede enterrar en un rincón lejano de nuestra mente o corazón. Es un sentimiento hermoso que nos acompañará hasta que muramos y nos volvamos a encontrar en un lugar mejor. Por lo menos, eso espero, encontrarnos de nuevo, y para siempre.

Esta fue la breve historia del nacimiento de la saga de Susurros Mortales, que sé es excelente en su historia, y que dio comienzo a mi inquietud de llegar al mundo entero con mis escritos, y dejar mi hermoso legado para generaciones presentes y futuras. Mi destino ya está trazado de antemano por Dios, y las bendiciones que restan vienen en camino.

Confío en ellas. A la venta en Amazon (libro) http://a.co/6sPBY6R. En digital: http://a.co/8fkdCXR

Originally posted 2017-03-05 18:58:54.

Comenzar de cero

Comenzar de cero
Esta mañana desperté con una profunda tristeza arraigada en mi ser, con la rara sensación de que mi existencia no era lo que siempre había soñado, que mi trayectoria en este mundo algún día no muy lejano terminaría, se cerraría el capítulo de mi historia finalmente, y sorprendido, aunque no tanto, descubrí que, si todo terminara ahora, habría dejado muchos negocios inconclusos, muchas cosas a medias, y un millón de sueños frustrados que nunca lograron realizarse.
Cerré mis ojos por un momento, y regresé a mi pasado, a todas esas personas que de una u otra forma influyeron en mi camino, que pusieron su granito de arena para que yo fuera el hombre que soy en día, y recordé sus consejos, buenos algunos, otros, no tanto, pero consejos y enseñanzas al fin sobre lo que debía y podía hacer o no con mi vida.
Algunas lecciones las seguí. Otras, las deseché en el camino porque no me gustaban, o pensaba que no eran para mí. Pero fueron enseñanzas que en un futuro usaría para bien, o para mal.
He cometido infinidad de errores, miles de desaciertos, he tratado en ocasiones bruscamente a gente que me quería y aún me quiere a pesar de todo, me he burlado de la ignorancia de algunos, creyéndome lo último en la avenida, me he reído cuando otros han caído, pero también le he dado la mano a esa persona que me hirió en el pasado, olvidando el daño causado, y tratando de ser mejor cada día no obstante el desánimo o pesar que la vida pueda estar causándome en ese instante.
Todavía sigo con mis ojos cerrados, y como en un desfile, pasan por mi mente recuerdos de mi niñez, adolescencia y adultez que creí olvidados, como una película que se repite una y otra vez, y siento como mi corazón se estruja ante la inmensidad de la historia que he protagonizado solo, y junto a otros, y en todas las cosas que he dejado de realizar por estar persiguiendo quimeras sin sentido que nunca fueron realmente importantes ahora que las analizo a conciencia y con mi alma al descubierto.
He fallado, lo reconozco, en situaciones fáciles de sobrellevar, y en las dificultades, lo mismo me he crecido, que también me he dejado hundir sin luchar.
La vida, los años, los sinsabores, las decepciones, los sufrimientos, la depresión y todos esos pequeños gigantes de desaliento que he permitido crecieran hasta ahogarme, han sido los pretextos esgrimidos una y otra vez para justificarme cuando todo sale mal, pero jamás me he detenido a pensar que todas las cosas suceden si yo permito que sucedan, y que las derrotas solo son derrotas si no me levanto del suelo y comienzo a trepar la empinada cuesta hasta su cima. Pretextos. Errores que nunca acepté, tonterías sin valor que me detuvieron en muchas ocasiones, pero que siempre justificaba por todo lo anterior.
Abriendo mis ojos a la cruda realidad, veo que todavía me faltan ese millón de cosas por hacer, infinidad de sueños por realizar, y sonrisas de felicidad en cada uno de los rostros que veo a mi alrededor que se merecen eso y más, pero todo depende de mí, de la decisión firme con la que comience cada día a partir de hoy, y de las metas que espero alcanzar.
Comenzar de cero. Se puede. Si queremos. Yo lo deseo.
Depende todo de echar las excusas o esos pequeños gigantes que me obstaculizan y me impiden realizarme como ser humano, y echar a caminar, paso a paso, minuto a minuto, sin detenerme ante nada ni nadie, respirando hondo y no aflojar el ritmo sin importar que el universo entero conspire contra mi persona. Nadie lo hará por mí. Únicamente yo tengo ese poder para hacerlo.
Y cuando vuelva a cerrar los ojos, algún día, definitivamente, espero irme en paz conmigo mismo y alegría en mi ser por haber conseguido todo lo que siempre soñé: mi realización plena como ser humano en todos los aspectos. ¿Existe algo más importante que eso?
Comenzar de cero. Desde hoy.
Creo, no, sé, que Dios y la vida tienen muchas cosas más para sorprenderme y ayudarme a lograrlo.
Es cuestión de afirmarlo desde el fondo de mi corazón apenas abra mis ojos en unas horas…

Originally posted 2018-07-08 13:17:25.

Un clamor que sí llega, cuando sinceramente crees…

Las peticiones que se hacen desde el corazón, con genuino sentimiento y gozo, y una plena convicción de que serán en su momento contestadas, es lo que convierte un día rutinario y repleto de dificultades en uno en el que sonreímos por el simple hecho de que la verdad yace más allá de unas palabras escritas en un libro, y que el ser que sustenta las mismas con amor siempre estará dispuesto a escucharnos, aunque no lo merezcamos.

Cuando comprendamos que la solución reside en la intención de querer ser lo que se supone que seamos y no somos, y esto no es un juego de palabras, y de que el desierto de tristeza y dolor se cruza por medio de una petición y un corazón contrito, entonces la luz que ahora permanece oculta brotará de la nada, y la paz llegará al lugar que le corresponde: a nuestro interior carente de felicidad, pero esperanzado en conseguirla.

Muchas veces me decepciono en el camino, y lloro, porque no sé qué hacer para recuperar lo perdido en el tiempo, pero sigo adelante, sin mirar al pasado que se va y no vuelve, al presente que valoro por lo aprendido, y al futuro que no sé lo que depara. Pero sigo, esperanzado, pidiendo, con fe, con verdadero deseo de superar la vida que me ha tocado vivir. Quiero mi alegría y mi inocencia de vuelta,  mis noches de ensueño y mis días llenos de colores, y el despertar cada mañana con una nueva ilusión de vida. Todo eso anhelo, y más. ¿Por qué conformarme con menos, si tengo a alguien que lo puede todo, y que estará encantado de cargar mi cruz sobre sus espaldas?

Y es tan simple como clamar a un Dios que sí espera porque lo hagamos.

Tan sencillo como hacerlo ahora…

Originally posted 2018-05-21 02:54:53.

Cuando la vida te pone a prueba…

Cuando la vida te pone a prueba…
(Primero de algunos capítulos de mis libros que pondré regularmente en Facebook y otros lugares para disfrute del lector)

Cuando la vida te pone a prueba ¿Eres de los que abandonan cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Cuándo nadie te da la mano? ¿Cuándo estás a punto de echarte al suelo a lamentarte por lo que pudo haber sido y no fue? Desde que nacemos y crecemos, la vida se encarga solita de someternos a toda clase de pruebas, unas sencillas; otras bien duras, de esas que nos hacen doblar las rodillas, y pedirle a Dios que nos saque del abismo en el que nos hemos hundido hasta el fondo. No vivimos en un mundo perfecto; mucho menos rosado. El mundo es cruel, la vida es injusta, las personas son egoístas, y todo lo que nos rodea tira arbitrariamente para su lado. ¿Y qué podemos hacer? ¿Seguir lamentándonos? ¿Llorar? ¿Mandar todo al demonio y ya? También podemos entrar a las redes sociales y declarar a todas nuestras amistades ahí, y a sus amigos, que no lo son nuestros, y al mundo en general y a los entrometidos de vidas ajenas, que somos unos desdichados, de que no sabemos lidiar con las situaciones adversas que el diario vivir nos trae, que somos unos pobrecitos infelices que merecemos un poquito de compasión de los demás para que nuestro sufrimiento y tristeza sea más llevadero. ¿En serio? ¿Me estás diciendo que eres de esos que declaran a los cuatro vientos en las redes sociales todo lo que te pasa, y si no, te lo inventas? ¡Wow, qué mal te va! Porque si eres de esas personas que no tienen vida propia, y vives las ajenas y de lo que ellas opinen de ti, te queda un largo camino por recorrer para que puedas salir de tu laberinto emocional que te tiene perdido en tu percepción de lo que debe ser una existencia bonita de así tú desearlo. Como te dije anteriormente, tú eres tú, no eres otra persona. Cuando mueras, al que van a enterrar es a ti, no a tu amigo de la red social, a tu jefe, a tus familiares, a tu pareja; a nadie más que a ti, con todas esas dudas y miedos que te impidieron vivir a plenitud porque no tuviste el valor de decir BASTA YA, y comenzar a mandar todo al demonio y vivir tu vida al fin, sin importar el qué dirán. Al fin y al cabo, cuando te encuentras hundido hasta el fondo, no va a aparecer absolutamente nadie para rescatarte, porque todos están tan ocupados viviendo sus vidas propias, que no se van a dignar ayudar a un pobre individuo que nunca tuvo el valor de ser él mismo. ¿Ayudarías tú a alguien así? ¿Verdad que no? ¿A qué no sabes por qué?

Vergara Ramírez, Peter R.. TU PEOR ENEMIGO SIEMPRE SERÁS TÚ: Creer en ti es el primer paso para superar tus miedos… (Motivación Para Vivir Plenamente nº 1) (Spanish Edition) (Kindle Locations 166-190). UNKNOWN. Kindle Edition. https://www.amazon.com/dp/B01LMLR33M

Originally posted 2017-02-21 09:37:34.

¿He fracasado?

¿He fracasado?

Al levantarme esta mañana me sentí así, fracasado, hastiado de la vida, incapaz de sobreponerme al sentimiento de vacío que se albergaba en mi corazón por los últimos acontecimientos.

Acostado ahí, en mi cama, con mis ojos aún cerrados, recordaba todas las cosas que invariablemente te asaltan mentalmente cuando pasas por una situación parecida.

Comencé a reflexionar sobre lo que había sido mi existencia hasta ese momento, mi pasado, el presente que vivo, y el futuro que no conozco.

El pasado, pues, es pasado, ya se fue, no vuelve, gracias a Dios, porque, aunque no fue todo lo productivo que esperaba en ciertos términos materiales, tampoco fue uno para echarme a llorar, pues todo lo aprendido en el mismo me ayudó grandemente, y esa experiencia de vida sirve para determinar en parte mi futuro, y no cometer los mismos errores que en su hora descarrilaron el camino que supuestamente llevaba trazado en la consecución de unas metas. Mis metas.

El presente, mi presente, no es que sea uno lleno de rosas, ni tampoco todo lo feliz que quisiera, como dije anteriormente, en ciertos términos materiales, pero es lo suficientemente feliz para sentirme satisfecho, pues tengo a mi lado a la persona que anteriormente no tenía, y esa personita especial de mi corazón hace que vea mi destino con un crisol distinto que solamente el verdadero amor proporciona.

Mi futuro, pues, nada ni nadie lo puede predecir, con la excepción de Dios, y no debo, ni tengo, que preocuparme por cosas que posiblemente ni ocurran, como le sucede a la mayoría de las personas, el preocuparse mental y emocionalmente por un futuro incierto que no podemos adivinar siquiera. No vale la pena, sinceramente.

A veces en la soledad de nuestras vidas lloramos por lo que tuvimos, ya no tenemos, y por lo que nunca poseeremos, desgastando con ello parte de nuestras energías y salud mental, y cuando llegamos al final del camino, descubrimos que nada de eso era importante, que nada de lo que en su minuto nos dolió, era lo suficientemente valioso para provocar nuestro pesar. Seres humanos al fin, actuamos como tales, y cerramos los ojos ante la realidad de que pase lo que pase, seguiremos levantándonos todas las mañanas con una nueva vida por delante.

Está en nosotros llorar, o reírnos por la oportunidad que Dios nos brinda de seguir respirando y viviendo, o echarnos en las negras aguas del fracaso, donde una vez te tiras en ellas, es casi imposible el sobrevivir y salir victorioso.

¿He fracasado?

Todavía vive en mí ese fuego interior y la pasión de triunfar que desde niño poseo, y en mi corazón y espíritu aún habita el guerrero implacable que de tantas derrotas me ha librado en el pasado, y ciertamente en mi presente.

¿He fracasado?

Quizás no tenga lo que anhelo en la cuestión material, ni tampoco posea esa felicidad superficial que únicamente proporciona el dinero, pero sí tengo lo que genuinamente importa, el amor, y el deseo ferviente de seguir adelante luchando contra todos los obstáculos que se me atraviesen en mi ruta hacia la realización de mis sueños.

Cuando veo a tantas personas que se rinden sin tan siquiera comenzar la lucha, eso me impulsa con renovados bríos a despertar y salir escapando de esta zona de confort donde me encuentro ahora, y batallar hasta la muerte por lo que quiero, sin desfallecer ni rendirme, porque la vida se compone de esto: seguir adelante, aunque tengas deseos de llorar y abandonar todo, y aunque nos traiga sufrimiento y lágrimas, vale la pena vivirla.

No he fracasado, aunque a veces me asalten las dudas y los temores, porque a mi lado tengo a la persona que amo con todo el corazón, y al frente, guiándome en medio de la oscuridad y del miedo al fracaso, se encuentra Dios.

Con semejante compañía nadie fracasa. Posiblemente las alegrías tarden un poquito en llegar, pero las disfrutaremos más por lo que costó conseguirlas.

Así que más vale que me levante de esta cama, y siga luchando por mis sueños, porque nadie va a hacerlo por mí, y nadie va a tender su mano cuando me vean batallando por lograr lo que la vida tiene en agenda para mí.

No he fracasado, porque tengo vida, y un corazón que jamás se rendirá ante el miedo…

Originally posted 2017-02-20 14:10:55.

Papá, no será fácil decirte adiós…

Papá, no será fácil decirte adiós…

Hace más de una década perdí a mi madre, Elsie, víctima de una mortal enfermedad que terminó con su vida. Fueron meses de interminable agonía en los que toda su familia y amistades veían en primera fila cómo un ser humano tan amado por nosotros se consumía lentamente a pesar de todos nuestros esfuerzos por aliviar en algo su dolor.

Se perdió la batalla. Y lloramos, desgarrados completamente por la despedida de una madre que lo fue todo para nosotros, y que batalló como una fiera guerrera para derrotar la enfermedad que nunca tuvo piedad con ella.

Dieciséis años después nos hallamos en la misma encrucijada del dolor, aguardando, observando como el tiempo acaba con cada parte del cuerpo y vida de mi padre.

Meses de deterioro físico y mental han ido matando lentamente una historia que fue interesante hasta el final, y que cada día que pasa no es ni la más remota sombra de lo que en su momento fue.

Pronto el capítulo llegará a su epílogo, y el libro se cerrará, pero esta vez definitivamente, sin posibilidad de volverlo a leer algún día. No habrá una segunda parte, ni la esperanza de vivir ni disfrutar nuevamente su personaje.

Cerraré esta historia con lágrimas en mi corazón, y mis dedos temblorosos tratarán de guardarlo para siempre en los anaqueles íntimos de mi alma, porque sé que por siempre permanecerá ahí, y que quizás abra sus páginas para atisbarlo brevemente cuando el momento de mi postrero adiós también se acerque.

No es el momento apropiado de recordar cosas tristes, ni sucesos que marcaron nuestras vidas debido a su, en ocasiones, agresiva forma de ser y su enfoque de lo que él pensaba que era lo correcto, y que desgraciadamente, en la gran inmensa de las veces, no lo era, por lo que fueron tiempos non grato para nosotros, su familia, y los que lo conocían de cerca.

Pero ya eso es otra historia.

Hoy en la tarde, mientras mi esposa Lynette y yo lo bañábamos en su cama, tratando de moverlo lo menos posible para no lastimarlo, vi sus ojos fijos en la nada, y sus manos se deslizaron suavemente entre las mías para acercarme a su rostro.

Casi no me distinguía, pero sabía que estábamos ahí. Para, y por él. Lo sentía en su corazón, aunque ya su cuerpo no le respondiera como antes.

Los enojos del pasado, los momentos en los que nos distanciábamos por cualquier motivo, las palabras y regaños, y en diversas ocasiones, comentarios tontos, de todo lo que hacíamos su esposa e hijos, ya no tenían razón de ser.

El resentimiento que tantas veces sentí cuando discutíamos se había apagado para siempre. No veía al padre que todo lo sabía y que nunca se equivocaba, y que provocaba gran tensión en nuestras relaciones de familia, y al que muchas personas molestaban por su incisiva costumbre de hablar de más cuando nadie le pedía su opinión.

Siempre la daba, sin importar las consecuencias, buenas o malas, de sus acciones, y en completo menosprecio de los sentimientos de los demás.

Era difícil tratar con papi. Cuando más lo necesitábamos, se hacía de rogar por el menor detalle, y a veces nos molestaba tanto que terminábamos enojados con él.

Pero siempre estaba ahí, a regañadientes, pero al final nos tendía la mano, así como lo hizo hoy mientras lo bañábamos. Nunca nos abandonó, aunque nos lo recordara toda la vida.

Así era mi padre, el que yo idolatraba de pequeño cuando caminábamos juntos por las calles de nuestro Manatí, y yo inexorablemente me quedaba atrás por él siempre estar un paso adelante. Eran veloces sus pasos, como lenta su comprensión cuando al parecer fallábamos por cualquier cosa.

Pero como dije anteriormente, no es el momento apropiado para recordar el pasado.

Al verlo ahí, indefenso, débil, sin ánimos ni siquiera de hablar como antes lo hacía a borbotones y sin freno, y posando ya sus ojos casi sin vida en los míos, únicamente puedo recordar lo bueno que fue en ocasiones con nosotros, y en especial conmigo. No me falló en la época de mi existencia cuando más lo necesité, y sería desagradecido por mi parte el abandonarlo ahora cuando sé que nos necesita.

«Perdóname si en algo te ofendí», susurró hace pocos días, mientras sostenía nuestras manos entre las suyas. Miré a Lynette, mi esposa. Ambos comprendíamos lo que estaba sucediendo. Mi padre, consciente o no, se disculpaba por el pasado.

Nuestros ojos se humedecieron presos de la gran tristeza que nos invadió. No pude evitar el llorar como un niño, el dar rienda suelta a mis sentimientos ocultos que siempre pugnaron por salir de hace tiempo.

Nada tenía que perdonar. Era mi padre, y lo amaba. Lo amo, y eso nada ni nadie lo puede evitar. También lo ofendí en muchas ocasiones, y él siempre lo olvidaba. Borrón y cuenta nueva.

Ahora, en estos días o semanas que preceden al final estaremos a su lado, del poco tiempo que resta para el adiós le daremos gracias a la vida por tenerlo tantos años entre nosotros, que no será jamás definitivo, porque sabemos, confiamos, de que, en su momento, cuando también Dios nos llame para acogernos en su seno, volveremos a estar juntos, pero esta vez definitivamente, en un mundo mejor donde no existen los odios ni rencores, y en donde lo único que impera es el amor para toda la eternidad.

Papi, no será fácil decirte adiós, pero te prometo que después volveremos a estar juntos.

Y espero que esta vez se te quite lo gruñón y malhumorado que siempre fuiste.

No sería fácil soportarte tus cosas en dos vidas, aunque pienso que lo mismo diría de mí.

Creo que te quiero tanto, que te aguantaría eso y más. Discutíamos, y me sacabas de quicio a cada rato, pero nunca el amor entre nosotros se extinguió. Al contrario, crecía cada vez más.

Muchas gracias por siempre estar ahí, aunque no lo mereciera en ocasiones.

Hasta luego, papá…

Pieles destinadas SalaFranca Blog

Pieles destinadas
Pieles, extensiones por metros Que ocultan las palpitaciones en sus centros. En tacto y terminaciones nerviosas Por manos amantes vaporosas, Caricias revoloteando en los adentros. Un abrigo que compone en epidermis a la persona, Erizando su cuerpo por amor que convulsiona Son flujos de deseo por su pareja. Que a bocados y besos despelleja El […]

https://salafrancablog.wordpress.com/2017/02/01/pieles-destinadas-2/

Enviado por Peter R. Vergara Ramírez

Originally posted 2017-02-03 09:42:13.

El Dolor de Perderte— extracto de una historia en proceso. Peter R. Vergara Ramírez—autor

EL DOLOR DE PERDERTE UNA HISTORIA REAL
—Vete a dormir, hijo — susurró mi querida madre al reparar en mi presencia. Estaba sentado a su lado, en una silla, incómoda, por cierto, mientras ella reposaba, si se le podía llamar reposar a lo que hacía, en la cama. Tampoco lucía confortable, al igual que yo. Su blanco y escaso cabello, en un tiempo abundante y rizado, refulgía bajo la tenue luz de la habitación. Aparentaba tener más edad de la que realmente ostentaba, sesenta y nueve años, pues la quebradiza fragilidad que actualmente la mantenía derrotada en esa posición la hacía sentir y verse así, una anciana. Era imposible que pesara cien libras, de tan delgada que estaba. La piel de sus brazos caía fláccida a los costados, y los huesos de su cuerpo, en general, se podían distinguir a simple vista.
No le respondí de momento. La miré; solamente eso. Ni una palabra entre nosotros. No eran necesarias.
Me acerqué entonces a ella, y la besé en la frente con inefable ternura, como lo hacía al despedirme por las noches. Me devolvió el beso con suavidad.
—Bendición, mamita, que duermas bien— susurré quedamente.
—Te deseo lo mismo. Dios te bendiga— se despidió, acomodando su cabeza dificultosamente en la almohada, tratando inútilmente de que yo no viera el dolor que experimentaba al hacerlo. La noche recién comenzaba, pues todavía no eran las ocho. Para mamá, sin embargo, ya era tarde, si se tiene en cuenta el día interminable que sufrió soportando los episodios continuos de dolor que no la dejaban vivir en paz. Los medicamentos recetados para tratarlos ya no surtían prácticamente ningún efecto. Posiblemente a la semana siguiente empezarían de nuevo con la quimioterapia, que en esta precisa etapa de su existencia era quizás el único recurso disponible para mejorar su salud significativamente, sin olvidar algo primordial a lo que siempre nos volvemos cuando todo lo demás falla: Dios y la fe en él. No puedo negar que muchas veces mi fe se quebrantaba, pero trataba de seguir adelante. Sin embargo, dudaba en ocasiones de un Dios que dejaba sufrir a la humanidad a su antojo. ¿Cómo era posible entonces que existiera, cuando estaba a punto de perder lo más valioso de mi vida? Me dolía, para qué negarlo. Un sentimiento genuino no se hunde bajo los terribles embates del tiempo, ni de la vida. Sobrevive, menospreciando todos los argumentos en contra.
Quise alejar de mi mente todo lo negativo y triste que pudiese mermar el espíritu de lucha y de esperanza que latía dentro de mi ser, a pesar del panorama gris que se cernía sobre nuestras cabezas, por lo que me dediqué a observar atentamente la figura frágil y enferma de mamá postrada en la cama. Inconscientemente, mi corazón se remontó al lejano pasado, reviviendo momentos hermosos al lado de mi madre. En ocasiones recordamos lo que nuestra mente se niega a olvidar, y desterramos lo que necesitamos sentir de nuevo. Paradojas indescifrables del ser humano. Queremos experimentar solamente el presente, despreciando insensiblemente el pasado que nos trajo hasta aquí.
Volviendo mis pensamientos al presente, no pude evitar el sentirme triste, desconsolado en cierta manera. No podía hacer nada. Mis manos estaban atadas completamente, y no era para menos. La muerte acechaba implacablemente, en espera de caer sobre su presa, y desgraciadamente, mami, como cariñosamente la llamamos sus hijos desde el día que nacimos y tuvimos la facultad de hablar, lucía indefensa ante mí.
Creemos que lo que le sucede al vecino no nos acontecerá a nosotros.
Nos necesitan más que nunca, y cuantas veces nos enfrascamos en tontas discusiones, entre la misma familia, sobre qué hacer con la persona marcada por la enfermedad, tratamientos a seguir, médicos apropiados para tratarla, el hospital más idóneo o conveniente. También nos sumergimos en polémicas estériles sobre la cuestión monetaria. Aunque debo admitir, desgraciadamente, que es un punto importante, demasiado, cuando se está pensando en un tratamiento a largo plazo. El dinero todo lo compra, aunque en la gran mayoría de los casos no retiene la vida; sólo la mejora ligeramente hasta el segundo final. Si vas a sufrir mucho, entonces sufres menos, gracias a los últimos adelantos en drogas anticancerosas o de cualquier tipo. La vida es extraña. Cuantas cosas pasan por la mente de uno en situaciones de esta índole. Mientras mamá dormía ya plácidamente, la historia de nuestras vidas entrelazadas pasaba en frente mío como una vieja película llena de nostalgia, y no pude evitar rememorar el ayer. No he sido el mejor hijo del mundo; lo reconozco, pero trato de serlo ahora, aunque todos piensen que es tarde. Nunca es tarde si la dicha es buena, según he oído en varias ocasiones. Una gran verdad.
Recordé el pasado que se va y no vuelve, aquellos momentos en que fui niño, adolescente, y al final hombre. Esos instantes que forjan tu carácter como un martillo chocando violentamente contra el yunque de nuestro espíritu; instantes que nunca volverán, pero que nos forman desde el principio mismo del nacimiento, acto maravilloso que nos une para toda la eternidad con nuestra madre. Tu madre; mi madre. Palabra hermosa, sencilla a la vez, pero que encierra toda una gama de sensaciones y experiencias enriquecedoras.
A la misma vez, recordé, aunque difícilmente, paisajes en el tiempo que creía olvidados, y que cambiaron el derrotero de mi existencia para siempre. Sucesos que en ocasiones destruyeron el concepto ficticio e iluso que yo tenía sobre los demás. En otras palabras, supe que el mundo como me enseñaron desde pequeño, un universo lleno de bondad y amor, no existía más que en la mente calenturienta y fantasiosa de algún escritor de segunda clase. Hicieron nacer en mi persona la decepción hacia todos que llevo como una pesada carga de la que no he podido librarme todavía. Presiento que me acompañará hasta la muerte. Quizás. No creo ya en la humanidad, que te golpea inmisericordemente cuando no lo esperas, tus ilusiones se encuentran a flor de piel, y tu alma suspira encandilada por un tierno beso de amor.
Dicen que cuando uno sufre, y llora, todo te hace sentir. Es cierto, muy cierto. Por eso, viendo hacia la cama contigua a mí, empecé entonces a sentir mi pasado, y como era que había llegado hasta ahí a pesar de todo, al lado de ella, de la mujer que me dio el ser, en esa melancólica y amarga noche de octubre.
Reflexión: Tenemos que aprender a vivir el presente, el hoy, junto a nuestros seres amados. No dejemos por favor para mañana el decirle a esa persona te amo, o perdóname. Quizás sea muy tarde para entonces, y ya no estemos para hacerlo, o viceversa.
Meses después la perdí, y fue mi peor momento, el que nunca deberíamos sufrir, pero que irremediablemente nos llega a cada ser humano, y duele muchísimo.
Pero como le dije en su habitación un día, y recuerdo ahora, si mueres, nos volveremos a encontrar en un sitio mejor.
“El dolor de perderte es inmenso. Sublime es la alegría de saber, que algún día no muy lejano, volveremos a encontrarnos en un sitio mejor”.
Esta dedicatoria está plasmada en su lápida, donde descansa su cuerpo mortal.
Su espíritu está en un sitio mejor. Algún día nos volveremos a ver.
Gracias mami, por todo tu amor…

(El Dolor de Perderte— extracto de una historia real, que tocó mi alma y corazón, y que en su momento destruyó mi ilusión de vivir. Es un trabajo en proceso que espero culminar en los próximos meses si Dios lo permite. Cualquier reproducción, total o parcial, de este contenido, está terminantemente prohibido sin la debida autorización del autor. @Derechos reservados Peter R. Vergara Ramírez)

Biografía del autor.
Peter R. Vergara Ramírez, nacido en New York, pero residente desde 1967 en Manatí, Puerto Rico. Posee un Bachillerato en Justicia Criminal, y prosigue estudios, actualmente, conducentes a una Maestría en la misma rama en la UNE de Barceloneta. Autor de seis trabajos literarios ya publicados en Amazon.
Desde pequeño soñaba con adentrarse en la rama de la psiquiatría, pero por circunstancias de la vida tuvo que comenzar a laborar a temprana edad, frustrando sus sueños de ser un médico reconocido en el campo de la conducta humana.
Cuando su madre enferma de cáncer del pulmón en el 2000, y mientras es tratada por tan aciaga enfermedad en Estados Unidos, es que siente en su interior el deseo ferviente de escribir, de plasmar por escrito lo que estaba sintiendo en esos momentos tan tristes, y ahí es que nace Susurros Mortales 1, El Comienzo, su primera novela publicada en Estados Unidos. Luego vendría su segunda novela, Susurros Mortales 2, Ángel de Piedad, publicada en septiembre del 2016.
Actualmente se encuentra desarrollando la tercera parte de la saga Susurros Mortales, la que espera publicar próximamente una vez culmine la publicación de las dos primeras partes, todas en español. Fueron noches sin dormir, amaneceres pegado a la pantalla de mi laptop, días en que surgieron en muchas ocasiones el famoso bloqueo del escritor, en el que, aunque deseemos seguir escribiendo, la mente, el corazón, y también la inspiración, se esconden en la cueva oscura del vacío mental, y es en estos momentos cuando descubrimos, sacamos, esa fortaleza para seguir adelante y culminar nuestra obra. Todos mis trabajos literarios se encuentran en formato digital e impreso en Amazon, alrededor del mundo. Actualmente casado con Lynette Martínez, una mujer maravillosa que es la luz de su vida. Residen en Manatí, Puerto Rico.
Trabajos literarios:
1. Susurros Mortales, el comienzo. 2016
2. Susurros Mortales en el Viento, Ángel de Piedad. 2016
3. Al Final del Abismo. 2016
4. Tu Peor Enemigo Siempre Serás Tú (Motivación 1) 2016
5. Tiempo de Hacer las Paces con mis Demonios (Motivación 2) 2016
6. Adiós a mis Miedos (Motivación 3) 2016
7. Obsesión Mortal (febrero 2017)
8. Deadly Whispers (enero 2017)
Página de autor en Amazon: http://amazon.com/author/petervergararamirez
Twitter: http://twitter.com/vergrampeter Facebook: http://facebook.com/pvergararamirez
Página web: http://vergram.website Correo electrónico: peter@petervergara.com

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Originally posted 2017-01-18 16:19:28.

Feliz Navidad

Sinceramente les deseo a todos mis amigos de Huellas Literarias la mejor y más hermosa Navidad junto a sus seres amados. Sin importar las distancias que nos puedan separar físicamente , estamos unidos en un solo propósito literario, y todos anhelamos lo mejor para este venidero 2017. Los quiero mucho y les deseo el mayor de los éxitos hoy y siempre. Peter Vergara

Originally posted 2016-12-24 11:59:15.

Susurros Mortales, el origen de mi primera novela

El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales Recordando, pues siempre es bueno hacerlo, sean positivas o negativas las memorias que ello encierra, no pude evitar el rememorar esos pasos iniciales antes de comenzar a escribir mi primera novela, Susurros Mortales, o Deadly Whispers, como originalmente salió publicada allá por el 2001 en Estados Unidos.

El nacimiento de la saga, que espero concluir para el 2017 una vez haya terminado unos proyectos que están actualmente en proceso, incluyendo una historia que competirá en un prestigioso concurso literario en España. Pero ya eso es otra historia.

Recuerdo que estaba sentado en la sala de mi hogar de Manatí, Puerto Rico, una tarde del verano del 2000, solo, cabizbajo, pensativo, triste por demás, pues en pocos días viajaría a la ciudad de New Haven, Connecticut, para encontrarme con mi madre Elsie, ya diagnosticada con cáncer de pulmón, y en vías de comenzar su tratamiento contra el mismo en el New Haven-Yale Hospital, a pocos pasos de la residencia de mi hermana Yolanda, donde mi madre habitaba en esos momentos.

Pensaba: ¿Qué pasará con mami? ¿Saldrá bien o no? Si ella moría, ¿podría superar ese dolor de perderla? Yo adoraba a mi madre, en ocasiones difícil de tratar, pero luchadora y amorosa con sus hijos, y con una voluntad inquebrantable para seguir adelante a pesar de las circunstancias. No era quizás una madre perfecta, pero para nosotros lo era. Y no quería dejarla abandonada en esos instantes cuando más nos necesitaba. Por eso viajaba hacia New Haven, para cuidarla y acompañarla.

Mientras mi alma y corazón volaban hacia ella y su enfermedad en esa tarde, también pensé en que yo no tenía nada en mi vida en ese momento que me permitiera aportar, aunque fuera poco al tratamiento y recuperación posterior de mi querida madre. Me encontraba desempleado, sin un centavo en los bolsillos, y desilusionado con el giro que mi existencia había tomado en los últimos tiempos. En pocas palabras, con un down o depresión terrible, a punto de tomar una decisión irremediable, pues ya el mundo bonito como yo anhelaba desde niño, ya no tenía sentido para mí. Nada me alegraba, nada me rescataba del abismo oscuro en que estaba sumergido hasta el fondo. Había perdido mis sueños, mis metas, mis deseos de ser alguien, de sobresalir, de poder dejar un legado para generaciones futuras, en fin, de muchas cosas que se perdieron en el camino, y que nunca recuperaría.

Entonces, para ahuyentar todos esos demonios, y no pensar más en ellos, reparé en una pequeña libreta de apuntes que se encontraba en una mesa al lado mío, y la tomé.

La abrí, y me dije:

—Voy a escribir algo.

¿Pero qué?

—Una novela.

¿Y cómo diablos, si nunca lo había hecho?

Pero comencé, que es lo primero que debe hacer cualquier ser humano si desea superar la vida y sus obstáculos.

Recordé muchos libros leídos, novelas, ensayos; todo. La forma de escribir, desarrollar, personajes, diálogos, contenido importante, la trama y sus vericuetos literarios, en fin, todo de lo que se componía la redacción de un escrito, en este caso, una novela de ficción sobre un asesino en serie y los consiguientes esfuerzos de las fuerzas policiales para atraparlo antes de que siguiera asesinando personas inocentes.

Poco a poco la pensé y le di vida a mi primera novela. En esos primeros días mi mano volaba encima de la libreta de apuntes, escribía, borraba, tachaba, arrancaba la página si no me gustaba, la volvía a escribir, hasta que llegué a New Haven. Allí entonces la desarrollé completamente, estudié la historia de la ciudad, sus lugares históricos, su trayectoria, calles, ausculté libros enteros y artículos de índole policial e investigativa, procedimientos del FBI, ciencias forenses y sus distintas ramas, y lo más importante, el estudio de los asesinos en serie y sus categorías, los motivos por los que asesinaban, su modus operandi, sus trofeos, sus personalidades, y también la criminología y criminalística de laboratorio y de campo en las escenas criminales. Muchas cosas de las que me tuve que empapar para escribir correctamente y documentar apropiadamente esta novela inicial.

Luego de llegar a un punto culminante, alrededor de la página 140 más o menos, me quedé en blanco. Totalmente. Se me habían acabado las ideas, el teclado de la computadora cogió polvo por su falta de uso. No sabía qué más escribir, cómo continuar.

Así estuve semanas, desorientado, bloqueado, mientras cuidaba a mi madre y la llevaba a sus sesiones de quimioterapia, y veía cómo poco a poco su rostro adquiría color y vida por el tratamiento en sí, y quizás la incipiente esperanza de que al final, mami podría superar el dolor y vivir plenamente o por lo menos a medio pocillo para beneplácito y alegría de todos, situación que un tiempo después descubrimos que no iba a ser posible, cuando su organismo comenzó a rechazar el veneno que le introducían a su cuerpo, y los médicos decidieron descontinuar el tratamiento por la falta de avances en la condición cancerosa de mi madre.

Una tarde, regresando a la casa de mi hermana, subí a mi cuarto a dormir un rato.

Al tirarme en la cama cerré mis ojos.

Visualicé la novela enteramente. Principio, contenido y final, los capítulos que restaban, y el final. En cuestión de cinco minutos, sinceramente, en mi imaginación, que salió a rescatarme cuando ya no albergaba la esperanza de poder culminar el proyecto favorablemente. Increíble, pero cierto.

Abrí mis ojos, me levanté de la cama, y corrí hacia la computadora. Empecé a escribir como loco, aprovechando esa oleada de ideas que asaltaron mi mente, y a los pocos días la terminé. La revisé, la corregí, volví a cambiarle muchas escenas y diálogos, y la sometí a un par de editoriales en Estados Unidos, donde semanas después recibí la notificación de parte de una de ellas de que estaban interesados para publicarla, por lo que decidimos presentarla en inglés, labor titánica en la que mi hermana Yolanda tuvo la encomienda de traducirla completamente con excelencia, y luego comenzar el arduo proceso de revisión de contexto literario y preparación para imprimirlo meses después en el 2001, poco antes de mi madre fallecer, y dejarme destrozado al igual que al resto de la familia.

No tengo que explicar la alegría inmensa que sentí al recibir la aprobación y luego contrato con la editorial, y el sentimiento inconfundible que acompaña a cualquier ser humano cuando es bendecido por Dios. Una sensación de bienestar y felicidad que arropa tu cuerpo de la cabeza a los pies, y que te hace flotar por las nubes.

Perdí a mi madre meses después, y aún me duele el recordarlo, muchísimo, pero siempre he pensado que cuando perdemos algo en nuestras vidas, una bendición y una puerta se abren un poquito más adelante para compensarnos por ese dolor. Compensarnos, no olvidarlo, pues cuando se quiere de verdad, especialmente a una madre que lo dio todo por su familia, eso no se puede enterrar en un rincón lejano de nuestra mente o corazón. Es un sentimiento hermoso que nos acompañará hasta que muramos y nos volvamos a encontrar en un lugar mejor. Por lo menos, eso espero, encontrarnos de nuevo, y para siempre.

Esta fue la breve historia del nacimiento de la saga de Susurros Mortales, que sé es excelente en su historia, y que dio comienzo a mi inquietud de llegar al mundo entero con mis escritos, y dejar mi hermoso legado para generaciones presentes y futuras. Mi destino ya está trazado de antemano por Dios, y las bendiciones que restan vienen en camino.

Confío en ellas. A la venta en Amazon (libro) http://a.co/6sPBY6R. En digital: http://a.co/8fkdCXR

Originally posted 2016-12-12 19:05:18.

Tópicos diversos

Tópicos diversos
Es cierto que el dinero no da la felicidad. Pero también es cierto que la falta de dinero sí da infelicidad. Lo cierto es que el asunto del dinero está basado en una mentalidad, yo me atrevería a decir que colectiva. Muchísimas personas viven pensando que el dinero se va a terminar antes de tiempo, […] Tópicos diversos, Noviembre 2016
https://purasvagancias.wordpress.com/2016/11/30/topicos-diversos-25/

Enviado por Peter R. Vergara Ramírez

Originally posted 2016-12-03 08:36:27.

El concepto de la igualdad de PR Vergara

El concepto de la igualdad– Reflexiones

La igualdad es algo por lo que luchamos desde tiempos inmemoriales.  Un concepto que en ocasiones se disminuye en aras de otras cosas no tan importantes. Primero que nada, la palabra igualdad significa, según una de las muchas definiciones encontradas online, que son dos personas iguales, que tienen las mismas características en cuanto a su naturaleza, cantidad, forma o cualidad. Aquí hablamos de igualdad de derechos, que es exactamente la que nos ocupa ahora en este escrito.

Todos, según las leyes jurídicas que gobiernan nuestros países, o al menos en los Estados Unidos y Puerto Rico, desde donde escribo este artículo, somos iguales ante Dios y ante los hombres. Bonitas palabras, muy bien redactadas en su momento por los padres de la Constitución, sobre los derechos y equidad de todos los seres humanos, pero que, sin embargo, no se respetan en la cruda realidad que nos rodea diariamente.

En la actualidad, no somos iguales. Realizamos las mismas funciones corporales, sentimos igual ante diferentes situaciones, lloramos cuando una situación nos entristece, reímos cuando algo o alguien nos contagia con su alegría, amamos, odiamos, sentimos sueño, comemos, y todas esas características que nos hacen iguales, y a la vez diferentes a los demás.

Hasta ahí algunas similitudes. 

Somos diferentes en lo que pensamos, cómo reaccionamos ante una situación, en la manera en que vemos la vida, en nuestros sentimientos ante lo inexplicable, y ante lo explicable también, y somos diferentes en lo que consideramos bueno o malo.

Cada persona tiene su propio y personal concepto de la vida y de la igualdad. Posiblemente un hombre o mujer adinerad@ no lo cree así, que somos iguales, por la única razón de poseer dinero en abundancia, y lo más seguro es que mira a los demás con suficiencia, creyéndose lo mejor del mundo, superior, y en su mente y corazón, de tenerlo, lo piensa así.

También tenemos a la persona súper preparada académicamente, el abogado, médico, ingeniero, arquitecto, y no pienso añadir a esta lista a políticos, porque muchos de ellos ni siquiera conocen las reglas de multiplicar, así que no me voy a meter en ese campo, pues bastante tenemos con la situación en nuestro país desmoralizado ante lo que está y lo que viene, no muy halagador que digamos.

Estos, los preparados académicamente, y no todos, debo aclarar, son seres humanos que olvidaron en alguna parte del camino que sin importar el dinero y el tiempo invertido para completar su educación y después cargarnos a nosotros por su estilo de vida, que, en la vida, si no actúas igual que los demás, corres el riesgo de perderlo todo.

De nada valdría entonces los sacrificios cometidos si no se aprendió la lección más importante que cualquier ser humano tiene que aprender desde niño.

Que todos somos iguales ante Dios y ante los hombres.

El que ganes más dinero que yo, que tengas títulos académicos llenando tus paredes, que seas más inteligente, agraciado físicamente, o hables mejor, no te hace diferente a mí en nada. Son esquemas que la sociedad nos impone desde pequeños, y crecemos entonces con esos conceptos erróneos de lo que es una persona en la realidad.

Por estos conceptos equivocados es que actualmente hay un nivel de intolerancia increíble en nuestro diario vivir. Se rechaza a cualquier persona solamente por ser diferente en los esquemas ya establecidos por la sociedad. Miramos con desdén al deambulante que pide monedas en la calle, y vuelvo a repetir, gracias a Dios, no todos somos así; y tratamos despectivamente a la persona que se encuentra por debajo de nosotros en lo laboral, en la iglesia, en la universidad, en la familia, en todos lados.

No sabemos que al tratar así a los demás, nos hundimos nosotros mismos como seres humanos, que perdemos parte de la esencia pura e inocente que nos caracterizaba cuando éramos niños y no conocíamos de todas estas argucias sociales, morales, religiosas, económicas que nos fueron endilgando según crecíamos hasta convertirnos en adultos. El daño ya está ahí, y muchas veces es difícil erradicarlo, aunque queramos.

Somos iguales, aunque no lo creas. Está en ti cambiar lo negativo o lo impuesto en tu corazón para que pienses como yo. Posiblemente en tu caso particular, hables un poco mejor, tengas mejor educación, mayores valores y principios, te vistas bien, asistas al gimnasio regularmente, comas nutritivamente, o quizás no, te hartes de comida chatarra en ocasiones, poseas el auto más caro de la avenida, tengas a tus hijos en colegios carísimos y bilingües, tengas el empleo más remunerado del mundo, y te codees con la alta sociedad en todos los aspectos.

Sin embargo, sigues siendo el bebé desnudo que salió del vientre de tu madre llorando a todo pulmón.

serás también el adulto que entierren en el cementerio de tu pueblo cuando mueras. Quizás asista mucha gente al mismo, o posiblemente no, si trataste a los demás por encima de tu hombro. La muerte, cuando venga a buscarte, no verá si eres igual o diferente. Comoquiera te llevará.

Está en tu persona cambiar para ver a todos por igual. Aún puedes hacerlo. Toma su tiempo, no podemos negarlo, pero un poquito hoy, otro poco mañana, puede hacer la diferencia cuando llegue el momento de partir de este mundo. Cuando sientas deseos de gritar o maltratar a alguien, detente, y recapacita. Es un ser humano lo que tienes enfrente, no un animal, aunque los animales merecen la misma consideración al tratarlos. La dignidad de una persona no es negociable, no importa su vestimenta, dinero o educación. A la gente debemos tratarla igual aunque la veamos diferente.

Te vas satisfecho porque fuiste igual a los demás, o te vas amargado y vacío, porque no supiste que, ante Dios, los hombres, y la vida, tú eres igual que yo.

Piénsalo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Originally posted 2016-12-01 19:11:00.

AZUL (DEDICADO A ENRIQUE LASO)

AZUL (DEDICADO A ENRIQUE LASO)

AZUL (DEDICADO A ENRIQUE LASO)
— Leer en tormentasdetinta.wordpress.com/2018/08/11/azul-dedicado-a-enrique-laso/

Originally posted 2018-08-11 13:15:38.

Todo a su tiempo

En el tedioso proceso de crecer y perseguir un sueño el desaliento muchas veces nos sorprende en plena faena, y sentimos nuestras fuerzas flaquear ante la inmensidad de la empresa que deseamos acometer, y nos caemos, estrepitosamente, incrédulos por la magnitud del sentimiento de derrota que nos invade, hasta que recordamos que no tenemos que depender de nuestra propia fuerza cuando tenemos a alguien en quien confiamos ciegamente y que a su debido tiempo bendecirá grandemente lo que ahora nos entristece e impide nuestro camino hacia la cima…

Originally posted 2018-05-17 02:53:26.

El vacío que no llenamos, o lo que perdemos por no saber vivir

El vacío que no llenamos, o lo que perdemos por no saber vivir

No somos eternos. Tampoco infalibles. Cometemos errores. Algunas veces aprendemos; otras, seguimos metiendo la pata una y otra vez como esa fuera nuestra naturaleza humana por nacimiento.
Creemos que viviremos por siempre, y no queremos darnos cuenta de que la vida puede irse en una milésima de segundo, en un parpadeo.
Pasamos nuestra existencia en la búsqueda eterna de cosas que nos hagan probablemente felices: una casa fastuosa, dinero en el banco, autos último modelo, fama, todo lo que implica ser reconocido en esta discriminatoria sociedad en la que vivimos, y dejamos a un lado nuestros sueños verdaderos por lograr todo lo anterior, aunque eso signifique renunciar a lo que verdaderamente importa: nuestra felicidad. Eso no nos sirve. Menos cuando estamos abajo en la rueda de la vida. Lo que tengamos que hacer, lo hacemos, y allá que se pierda lo que realmente importa.
Perdemos la esencia de la humanidad, nos alejamos de la familia, los amigos, todos, en aras de una quimera que quizás nunca llegue a ser una realidad. ¿Para qué? El dinero sirve para garantizar una seguridad económica y que nada nos falte, pero comparándolo con la salud, pienso que es irrelevante. Si no tenemos salud de nada nos sirve el ser ricos o famosos.
Lo triste, sinceramente hablando, es cuando conocemos de personas que han luchado lo suyo para alcanzar un sitial en el mundo, y han llorado y sacrificado muchas cosas en el camino, y cuando finalmente logran el éxito anhelado, descubren tardíamente que nada de lo conseguido ha rescatado su corazón del vacío existencial que desde pequeños han sentido. Entonces el golpe es más doloroso, imposible de digerir, pues cifraban la llamada felicidad en unos retos o logros materiales que nada tenía que ver con lo que sinceramente necesitaban.
Muchas veces me he sentido así, vacío por entero, sin alicientes para vivir, y también he llorado por no tener el valor de terminar con el mismo, pero como he dicho antes, recuerdo entonces todos los motivos por los que vivir, y erradico todo pensamiento negativo que logra llegar hasta mi alma.
Si me dejara llevar por ellos hace tiempo seria únicamente un recuerdo en las vidas de los seres que sí me aman.
Somos algo más que números o posesiones. Tenemos un potencial que alcanzar, unas metas por realizar, y una vida llena de alegría si así lo deseamos, pero en la mayoría de las ocasiones relegamos nuestros genuinos propósitos por otras cosas que jamás nos llenaran, aunque lo tengamos a manos llenas.
Algún día alcanzaré mi anhelo, sé que sí, pero mientras tanto, disfrutaré hoy de lo que verdaderamente vale, y mucho: el amor de mi familia.
La vida no se detiene, conmigo o sin mí, aunque prefiero que siga un largo tiempito adicional para seguir alegrando mis horas con el amor que nunca termina. Ya entonces me iré cantando todo el camino hasta conocer a mi Creador…
¿Algo mejor que eso?

Originally posted 2018-08-10 16:17:21.

El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales

El nacimiento de mi primera novela, Susurros Mortales

Recordando, pues siempre es bueno hacerlo, sean positivas o negativas las memorias que ello encierra, no pude evitar el rememorar esos pasos iniciales antes de comenzar a escribir mi primera novela, Susurros Mortales, o Deadly Whispers, como originalmente salió publicada allá por el 2001 en Estados Unidos.

El nacimiento de la saga, que espero concluir para el 2017 una vez haya terminado unos proyectos que están actualmente en proceso, incluyendo una historia que competirá en un prestigioso concurso literario en España. Pero ya eso es otra historia.

Recuerdo que estaba sentado en la sala de mi hogar de Manatí, Puerto Rico, una tarde del verano del 2000, solo, cabizbajo, pensativo, triste por demás, pues en pocos días viajaría a la ciudad de New Haven, Connecticut, para encontrarme con mi madre Elsie, ya diagnosticada con cáncer de pulmón, y en vías de comenzar su tratamiento contra el mismo en el New Haven-Yale Hospital, a pocos pasos de la residencia de mi hermana Yolanda, donde mi madre habitaba en esos momentos.

Pensaba: ¿Qué pasará con mami? ¿Saldrá bien o no? Si ella moría, ¿podría superar ese dolor de perderla? Yo adoraba a mi madre, en ocasiones difícil de tratar, pero luchadora y amorosa con sus hijos, y con una voluntad inquebrantable para seguir adelante a pesar de las circunstancias. No era quizás una madre perfecta, pero para nosotros lo era. Y no quería dejarla abandonada en esos instantes cuando más nos necesitaba. Por eso viajaba hacia New Haven, para cuidarla y acompañarla.

Mientras mi alma y corazón volaban hacia ella y su enfermedad en esa tarde, también pensé en que yo no tenía nada en mi vida en ese momento que me permitiera aportar, aunque fuera poco al tratamiento y recuperación posterior de mi querida madre. Me encontraba desempleado, sin un centavo en los bolsillos, y desilusionado con el giro que mi existencia había tomado en los últimos tiempos. En pocas palabras, con un down o depresión terrible, a punto de tomar una decisión irremediable, pues ya el mundo bonito como yo anhelaba desde niño, ya no tenía sentido para mí. Nada me alegraba, nada me rescataba del abismo oscuro en que estaba sumergido hasta el fondo. Había perdido mis sueños, mis metas, mis deseos de ser alguien, de sobresalir, de poder dejar un legado para generaciones futuras, en fin, de muchas cosas que se perdieron en el camino, y que nunca recuperaría.

Entonces, para ahuyentar todos esos demonios, y no pensar más en ellos, reparé en una pequeña libreta de apuntes que se encontraba en una mesa al lado mío, y la tomé.

La abrí, y me dije:

—Voy a escribir algo.

¿Pero qué?

—Una novela.

¿Y cómo diablos, si nunca lo había hecho?

Pero comencé, que es lo primero que debe hacer cualquier ser humano si desea superar la vida y sus obstáculos.

Recordé muchos libros leídos, novelas, ensayos; todo. La forma de escribir, desarrollar, personajes, diálogos, contenido importante, la trama y sus vericuetos literarios, en fin, todo de lo que se componía la redacción de un escrito, en este caso, una novela de ficción sobre un asesino en serie y los consiguientes esfuerzos de las fuerzas policiales para atraparlo antes de que siguiera asesinando personas inocentes.

Poco a poco la pensé y le di vida a mi primera novela. En esos primeros días mi mano volaba encima de la libreta de apuntes, escribía, borraba, tachaba, arrancaba la página si no me gustaba, la volvía a escribir, hasta que llegué a New Haven. Allí entonces la desarrollé completamente, estudié la historia de la ciudad, sus lugares históricos, su trayectoria, calles, ausculté libros enteros y artículos de índole policial e investigativa, procedimientos del FBI, ciencias forenses y sus distintas ramas, y lo más importante, el estudio de los asesinos en serie y sus categorías, los motivos por los que asesinaban, su modus operandi, sus trofeos, sus personalidades, y también la criminología y criminalística de laboratorio y de campo en las escenas criminales. Muchas cosas de las que me tuve que empapar para escribir correctamente y documentar apropiadamente esta novela inicial.

Luego de llegar a un punto culminante, alrededor de la página 140 más o menos, me quedé en blanco. Totalmente. Se me habían acabado las ideas, el teclado de la computadora cogió polvo por su falta de uso. No sabía qué más escribir, cómo continuar.

Así estuve semanas, desorientado, bloqueado, mientras cuidaba a mi madre y la llevaba a sus sesiones de quimioterapia, y veía cómo poco a poco su rostro adquiría color y vida por el tratamiento en sí, y quizás la incipiente esperanza de que al final, mami podría superar el dolor y vivir plenamente o por lo menos a medio pocillo para beneplácito y alegría de todos, situación que un tiempo después descubrimos que no iba a ser posible, cuando su organismo comenzó a rechazar el veneno que le introducían a su cuerpo, y los médicos decidieron descontinuar el tratamiento por la falta de avances en la condición cancerosa de mi madre.

Una tarde, regresando a la casa de mi hermana, subí a mi cuarto a dormir un rato.

Al tirarme en la cama cerré mis ojos.

Visualicé la novela enteramente. Principio, contenido y final, los capítulos que restaban, y el final. En cuestión de cinco minutos, sinceramente, en mi imaginación, que salió a rescatarme cuando ya no albergaba la esperanza de poder culminar el proyecto favorablemente. Increíble, pero cierto.

Abrí mis ojos, me levanté de la cama, y corrí hacia la computadora. Empecé a escribir como loco, aprovechando esa oleada de ideas que asaltaron mi mente, y a los pocos días la terminé. La revisé, la corregí, volví a cambiarle muchas escenas y diálogos, y la sometí a un par de editoriales en Estados Unidos, donde semanas después recibí la notificación de parte de una de ellas de que estaban interesados para publicarla, por lo que decidimos presentarla en inglés, labor titánica en la que mi hermana Yolanda tuvo la encomienda de traducirla completamente con excelencia, y luego comenzar el arduo proceso de revisión de contexto literario y preparación para imprimirlo meses después en el 2001, poco antes de mi madre fallecer, y dejarme destrozado al igual que al resto de la familia.

No tengo que explicar la alegría inmensa que sentí al recibir la aprobación y luego contrato con la editorial, y el sentimiento inconfundible que acompaña a cualquier ser humano cuando es bendecido por Dios. Una sensación de bienestar y felicidad que arropa tu cuerpo de la cabeza a los pies, y que te hace flotar por las nubes.

Perdí a mi madre meses después, y aún me duele el recordarlo, muchísimo, pero siempre he pensado que cuando perdemos algo en nuestras vidas, una bendición y una puerta se abren un poquito más adelante para compensarnos por ese dolor. Compensarnos, no olvidarlo, pues cuando se quiere de verdad, especialmente a una madre que lo dio todo por su familia, eso no se puede enterrar en un rincón lejano de nuestra mente o corazón. Es un sentimiento hermoso que nos acompañará hasta que muramos y nos volvamos a encontrar en un lugar mejor. Por lo menos, eso espero, encontrarnos de nuevo, y para siempre.

Esta fue la breve historia del nacimiento de la saga de Susurros Mortales, que sé es excelente en su historia, y que dio comienzo a mi inquietud de llegar al mundo entero con mis escritos, y dejar mi hermoso legado para generaciones presentes y futuras. Mi destino ya está trazado de antemano por Dios, y las bendiciones que restan vienen en camino.

Confío en ellas.    A la venta en Amazon (libro) http://a.co/6sPBY6R.                                                En digital: http://a.co/8fkdCXR

 

 

 

 

 

 

 

 

Originally posted 2016-11-30 19:11:26.

Vientos-La Estaca Clavada

Vientos- de la Estaca Clavada https://bymoya.wordpress.com/2016/11/25/vientos

Originally posted 2016-11-25 23:31:24.

La solidaria experiencia literaria | El blog de Fabio

https://blogdefabio.com/2016/11/24/la-solidaria-experiencia-literaria/

Originally posted 2016-11-25 11:36:34.

Mi camino hacia ti…

Mi camino hacia ti

3 años.

Parece que fue ayer.

Un ayer que en su momento estaba cubierto de dolor, lágrimas, tristeza; desesperación.

Un ayer que quizás fue hermoso en su minuto de vida, pero que se convirtió en la negrura de mi existencia un día de verano, sumergiéndome en la nada de la infelicidad que llegaba hasta mi alma a pasos agigantados.

3 años, más de 1,000 días. Pocos. Y muchos a la vez.

Dicen que cuando la oscuridad llega a tu vida, no debes detenerte en medio de ella.

Te puedes hundir más, o acabar de perderte en la nada.

Yo no me detuve. Me sorprendió la oscuridad cuando menos lo esperaba, me confundí, y también me dolió, para qué negarlo.

Pero cuando más desorientado me hallaba, cuando más inclinado me sentía de regresar en vez de avanzar, surgió una mano, tendida hacia mí, suave, tierna, cubierta del amor que tanta falta me hacía en ese momento.

Y la tomé, su mano entre la mía, esperanzado e ilusionado con su callado ofrecimiento de amor, el que yo esperaba, el que yo necesitaba.

Caminando a través de la oscuridad, paso a paso, surgió el todo en medio de la nada.

Entonces sonreí. El camino hacia ti había llegado.

Acababa de conocer al amor de mi vida, y ya jamás lo soltaría.

3 años.

El final de un dolor, el comienzo de mi felicidad, al lado de la que luego sería mi todo…

Dedicado a mi esposa, Lynette, mi todo.

 

Originally posted 2016-11-23 16:36:45.

Desaparecidos

https://elrinconinhospito.wordpress.com/2016/11/23/desaparecidos

Originally posted 2016-11-23 14:35:57.

Bajo ataque: María, once meses después… (4to artículo de María, el monstruo nos atacó)

Bajo ataque: María, once meses después…

Pareciera como si esas interminables horas de terror vividos bajo el asedio despiadado de María no hubiesen finalizado, todavía.

Salimos a las calles en la mañana y vemos, consternados, como muchas casas y calles de nuestros pueblos lucen sin levantar vuelo, destruidas muchas de ellas bajo el ataque; otras, por el paso del tiempo y desatinada administración gubernamental en ambos niveles, municipal y estatal. Los rostros de nuestros vecinos y amigos llevan marcados en ellos los vestigios imborrables de un millón de lágrimas derramadas ese funesto día de septiembre del 2017. La tempestad nunca dejó de atacar; nosotros tampoco de pedirle a Dios con todas nuestras fuerzas por el milagro de alejarla para siempre antes de que destrozara por entero a nuestro terruño, y prácticamente lo hizo, acabar con lo que nos quedaba, pero se alejó, tarde, pero seguro, dejando atrás una estela sin parangón de hogares derruidos y vidas segadas. La historia se encargó de recordarnos que de nada vale ser la Isla del Encanto, si no nos comportamos con humildad ante la fuerza inconmensurable de la naturaleza y de quien la gobierna, uno que no necesita votación electoral cada cuatro años para seguir dirigiendo el cauce de nuestras existencias.

Olvidamos por un momento inclinar el rostro y bajar la mirada, y fue en ese preciso instante cuando la furia de los vientos se ensañó con nosotros hasta lo indecible. No existe gobernante terrenal, ni político oportunista, que sea mas grande que lo antes expuesto, aunque ellos en la soledad de sus vidas y ante el espejo de su habitación que nada oculta, les diga en su cara que nada son si no tienen la entereza, dignidad y humildad que se requiere cuando de dirigir un pueblo se trata. Quizás se crean grandes, y posiblemente los demás lisonjeros a su alrededor se lo hagan creer, pero potentes naciones han caído bajo la embestida de la naturaleza por no creer que nada somos, ni seremos, si no pedimos ayuda al que sí nos la brindará cada vez que lo necesitemos.

Somos humanos e imperfectos, y limitados en muchas cosas, pero creo que podemos aprender todavía.

Aprender que la vida tiene un ayer, hoy y mañana, y que el presente puede ser el maestro que necesitamos para evitar los errores del futuro.

No podemos adivinar lo que nos depara, si otra cruel enseñanza o miles de bendiciones, pero debemos de estar preparados para cualquier eventualidad, sin importar lo dura que pueda ser. No es con recriminaciones ni endilgarle culpas a otros como podemos volver a levantarnos, sino con mucho trabajo y sacrificio que, quizás, algún día, deje en el pasado las malas decisiones y administraciones que juraron ante un pueblo ser la diferencia, y que al final, solo resultaron ser aves de paso por creer que podían ser más grandes que Dios.

La vida se encarga siempre de recordarnos que no somos inmortales ni sabios, y que lo que hagamos mal ahora tendrá su consecuencia mañana.

Los primeros días y meses después del ataque lucimos como un pueblo compasivo y solidario, y lo que antes rechazábamos por orgullo luego lo aceptábamos con humildad de espíritu. Lástima en ese sentido de que las cosas hayan vuelto a ser como antes, o quizás hasta peor, pues lejos quedaron esos sentimientos y unión de un país ante los embates de la naturaleza, para volver a caminar el mismo camino que juramos no volver a recorrer en esas oscuras y largas horas de agonía ante la acometida del monstruo.

Pienso que a veces no aprendemos la lección, cabeciduros al fin.

Solo espero que el profesor no repita la clase mañana, ni nunca, pues nos colgamos de nuevo…

Originally posted 2018-08-09 16:51:14.

No pierdas tu esencia de escritor ni de ser humano por nada ni por nadie

No pierdas tu esencia de escritor ni de ser humano

Estaba hace unos minutos posteando las direcciones de ciertos lugares donde abundan recursos literarios para nosotros los escritores, y en donde se aconsejan mil y una formas de escribir, no escribir, y un sinfín de cosas más que cualquier escritor o bloguero sabe, y si no sabe se encuentra en el camino correcto para conocer, porque se aprende todos los días hasta la muerte.

Eso me hizo recordar una conversación sostenida con una persona querida años atrás, cuando estaba escribiendo mi primera novela. La persona me aconsejó encarecidamente no poner unas palabras que le parecieron altisonantes, por así decirlo, o vulgares, rudas, demasiado fuertes para el contexto en el que se encontraban las mismas.

Como era mi primera novela, pues le hice caso. Me senté frente a mi ordenador, busqué el capítulo donde todas esas malas palabras se encontraban, y lo hice para borrarlas y escribir unas más bien bonitas, rítmicas, hermosas.

Una vez me encontraba dispuesto a borrarlas y enviarlas al país de los recuerdos, detuve mis dedos que se hallaban encima del teclado en DELETE.

Me hallaba en una encrucijada. ¿Seguía consejos de quien nunca había escrito nada en su vida? ¿O seguía mi propia voz, la esencia de mi alma?

No tuve que pensarlo mucho.

Apagué el ordenador, y regresé donde la persona.

—Las palabras se quedan.

Me observaron como a un bicho raro salido de Narnia.

—No vas a conseguir lectores que te compren esa novela— me dijeron escuetamente.

Me reí. A carcajadas.

—Todas esas palabras, feas, vulgares, bonitas, o lo que sean, van ahí para darle fuerza a esa línea, a esa idea, y se quedan. Si no vendo ningún libro, pues que así sea, pero no voy a someter mi esencia, la fuerza de mi espíritu, el sufrimiento y el dolor que pongo en mis palabras, solamente porque a alguien no le guste. Sería sacrificar mi esencia pura de escritor y de ser humano, lo que tantos años me ha costado hasta llegar hasta aquí, y mi mensaje, lo que realmente quiero llevarle al lector, se perdería entonces, y eso no lo voy a permitir. Mi escritura soy yo, es mi identidad, mi corazón, y eso nadie más lo posee. Habrá personas que se identifiquen con mi sello personal, con mi filosofía de vida, y esos son a los que le escribo.

Se quedó callada la persona, y no dijo nada más. Tampoco me importaba.

Nadie me enseñó a escribir. No fui a talleres de escritura creativa ni nada por el estilo. Tampoco ningún escritor famoso me enseñó lo poco que sé sobre el arte de escribir libros.

Fui aprendiendo poco a poco, leyendo, escribiendo, cometiendo errores, tachando y borrando miles de palabras, y capítulos completos porque no me gustaban. Se me quedó la mente en blanco completamente, sentí deseos de arremeter contra el ordenador y contra todo lo que me rodeaba, y de mandar para buen sitio mi incipiente carrera como escritor.

Pero no lo hice, y tampoco me rendí. Aprendí a escribir, y todavía, aún después de los libros que llevo publicados, no me siento satisfecho completamente. Cada vez que los reviso, encuentro palabras que no debieron ir, tildes que no se pusieron, falta de concordancia entre líneas, y un montón de cosas que ni vale la pena mencionar. Pero llevan mi mensaje.

Trato de superarme cada día, de mejorar mi escritura, de triunfar en lo que quiero.

No vivo el sueño ni las metas de nadie, por lo que no escribo como los demás, ni trato de imitar a algún autor reconocido.

Yo soy yo, Peter R. Vergara Ramírez, un escritor que apenas comienza a despuntar en el ámbito literario, y eso no lo cedo por nada ni por nadie. Tengo, y pongo, mi propia voz, la fuerza de mi alma, la esencia de mi ser, en cada palabra que escribo para el mundo.

Prefiero fracasar con mi esencia pura, que triunfar con la voz de otros…

 

 

Originally posted 2016-11-22 15:45:19.

El Concepto de la Igualdad- reflexión enviada a Textos Solidarios de mi autoría PR Vergara

El concepto de la igualdad– Reflexiones La igualdad es algo por lo que luchamos desde tiempos inmemoriales. Un concepto que en ocasiones se disminuye en aras de otras cosas no tan importantes. Primero que nada, la palabra igualdad significa, según una de las muchas definiciones encontradas online, que son dos personas iguales, que tienen las mismas características en cuanto a su naturaleza, cantidad, forma o cualidad. Aquí hablamos de igualdad de derechos, que es exactamente la que nos ocupa ahora en este escrito.

Todos, según las leyes jurídicas que gobiernan nuestros países, o al menos desde donde escribo este artículo, somos iguales ante Dios y ante los hombres. Bonitas palabras, muy bien redactadas en su momento por los padres de la Constitución, sobre los derechos y equidad de todos los seres humanos, pero que, sin embargo, no se respetan en la cruda realidad que nos rodea diariamente.

En la actualidad, no somos iguales. Realizamos las mismas funciones corporales, sentimos igual ante diferentes situaciones, lloramos cuando una situación nos entristece, reímos cuando algo o alguien nos contagia con su alegría, amamos, odiamos, sentimos sueño, comemos, y todas esas características que nos hacen iguales, y a la vez diferentes a los demás.

Hasta ahí algunas similitudes. 

Somos diferentes en lo que pensamos, cómo reaccionamos ante una situación, en la manera en que vemos la vida, en nuestros sentimientos ante lo inexplicable, y ante lo explicable también, y somos diferentes en lo que consideramos bueno o malo.

Cada persona tiene su propio y personal concepto de la vida y de la igualdad. Posiblemente un hombre o mujer adinerad@ no lo cree así, que somos iguales, por la única razón de poseer dinero en abundancia, y lo más seguro es que mira a los demás con suficiencia, creyéndose lo mejor del mundo, superior, y en su mente y corazón, de tenerlo, lo piensa así.

También tenemos a la persona súper preparada académicamente, el abogado, médico, ingeniero, arquitecto, y no pienso añadir a esta lista a políticos, porque muchos de ellos ni siquiera conocen las reglas de multiplicar, así que no me voy a meter en ese campo, pues bastante tenemos con la situación en nuestro país desmoralizado ante lo que está y lo que viene, no muy halagador que digamos.

Estos, los preparados académicamente, y no todos, debo aclarar, son seres humanos que olvidaron en alguna parte del camino que sin importar el dinero y el tiempo invertido para completar su educación y después cargarnos a nosotros por su estilo de vida, que, en la vida, si no actúas igual que los demás, corres el riesgo de perderlo todo.

De nada valdría entonces los sacrificios cometidos si no se aprendió la lección más importante que cualquier ser humano tiene que aprender desde niño.

Que todos somos iguales ante Dios y ante los hombres.

El que ganes más dinero que yo, que tengas títulos académicos llenando tus paredes, que seas más inteligente, agraciado físicamente, o hables mejor, no te hace diferente a mí en nada. Son esquemas que la sociedad nos impone desde pequeños, y crecemos entonces con esos conceptos erróneos de lo que es una persona en la realidad.

Por estos conceptos equivocados es que actualmente hay un nivel de intolerancia increíble en nuestro diario vivir. Se rechaza a cualquier persona solamente por ser diferente en los esquemas ya establecidos por la sociedad. Miramos con desdén al deambulante que pide monedas en la calle, y vuelvo a repetir, gracias a Dios, no todos somos así; y tratamos despectivamente a la persona que se encuentra por debajo de nosotros en lo laboral, en la iglesia, en la universidad, en la familia, en todos lados.

No sabemos que al tratar así a los demás, nos hundimos nosotros mismos como seres humanos, que perdemos parte de la esencia pura e inocente que nos caracterizaba cuando éramos niños y no conocíamos de todas estas argucias sociales, morales, religiosas, económicas que nos fueron endilgando según crecíamos hasta convertirnos en adultos. El daño ya está ahí, y muchas veces es difícil erradicarlo, aunque queramos.

Somos iguales, aunque no lo creas. Está en ti cambiar lo negativo o lo impuesto en tu corazón para que pienses como yo. Posiblemente en tu caso particular, hables un poco mejor, tengas mejor educación, mayores valores y principios, te vistas bien, asistas al gimnasio regularmente, comas nutritivamente, o quizás no, te hartes de comida chatarra en ocasiones, poseas el auto más caro de la avenida, tengas a tus hijos en colegios carísimos y bilingües, tengas el empleo más remunerado del mundo, y te codees con la alta sociedad en todos los aspectos.

Sin embargo, sigues siendo el bebé desnudo que salió del vientre de tu madre llorando a todo pulmón.

Y serás también el adulto que entierren en el cementerio de tu pueblo cuando mueras. Quizás asista mucha gente al mismo, o posiblemente no, si trataste a los demás por encima de tu hombro. La muerte, cuando venga a buscarte, no verá si eres igual o diferente. Comoquiera te llevará.

Está en tu persona cambiar para ver a todos por igual. Aún puedes hacerlo. Toma su tiempo, no podemos negarlo, pero un poquito hoy, otro poco mañana, puede hacer la diferencia cuando llegue el momento de partir de este mundo. Cuando sientas deseos de gritar o maltratar a alguien, detente, y recapacita. Es un ser humano lo que tienes enfrente, no un animal, aunque los animales merecen la misma consideración al tratarlos. La dignidad de una persona no es negociable, no importa su vestimenta, dinero o educación. A la gente debemos tratarla igual aunque la veamos diferente.

Te vas satisfecho porque fuiste igual a los demás, o te vas amargado y vacío, porque no supiste que, ante Dios, los hombres, y la vida, tú eres igual que yo.

Piénsalo.

Peter R. Vergara Ramírez

Originally posted 2016-11-19 16:05:56.

Si Dios es tan grande, ¿por qué me preocupo entonces?

Mientras paseaba con mi esposa Lynette hoy por el pueblo de Barceloneta, hermoso pueblo de mi islita amada, Puerto Rico, y luego de saborear unas ricas alcapurrias de jueyes ella, y yo de carne, en La Boca, en uno de sus típicos sitios para chinchorrear, nos detuvimos un poquito más adelante en un sector playero, tranquilo, prácticamente desierto, y alejado de la carretera lo suficiente para pasar inadvertidos.

Nos fuimos a caminar, tomados de la mano, y admirando el hermoso paisaje que se presentaba gratuitamente ante nuestros ojos, porque como bien dicen por ahí, las mejores cosas de la vida son gratis. El problema es que estamos siempre tan ocupados, y en un afán constante persiguiendo quimeras que muchas veces no se realizan, que no vemos que, frente a nosotros, o al lado, o unos pasos más adelante, se hallan tantas cosas bonitas, que sinceramente, nunca llegamos a apreciarlas en su totalidad.

Aunque lo tengamos enfrente, somos tan ciegos, estamos tan inmersos en nosotros mismos, que no valoramos las maravillas de Dios.

Y ese paisaje era una de sus maravillas. Lo pueden apreciar en la foto.

Maravilla que me hizo comprender lo pequeño que somos, lo estúpido que nos comportamos en la ruta de nuestra existencia por no comprender que todo lo que nos preocupa, todo lo que nos impide conciliar el sueño por las noches, todo aquello que nos perturba hasta lo indecible y nos cambia la vida, no son más que piedras en el camino que solamente con una patada que les demos será suficiente para alejarlas definitivamente de nuestras vidas, y que sin embargo, les damos tanta importancia, le damos tanto valor, que en su momento, llegan a convertirse en obstáculos insalvables que no somos capaces de atravesar de ninguna forma.

También me hizo comprender que nos ahogamos en la nada cuando podemos obtener el todo, y que cosillas sin importancia, comparando todo esto con la inmensidad del universo, no son más que eso mismo, situaciones sin importancia.

Hay que valorar en su justa medida la vida, y como dije anteriormente, viendo lo pequeño que somos ante Dios y sus maravillas, entendí que en ocasiones yo mismo pierdo el tiempo y la paciencia lidiando con tonterías que ni vienen al caso, y que amargo mi existencia rodeándome de personas que no merecen estar a mi lado bajo ninguna circunstancia.

Y viendo todo esto, no debo preocuparme de nada, porque los problemas que enfrento, las situaciones diarias que molestan, las personas que no aportan nada a mi existencia, y los obstáculos que impiden mi camino hacia la felicidad, no son nada cuando pienso que con Dios a mi lado, y todas sus maravillas y bendiciones, nada ni nadie será capaz de detenerme en mi ruta hacia la verdad de mi existencia, y que ninguna nimiedad sin valor me detendrá de ahora en adelante, porque nada, repito, es lo suficientemente poderoso para ser más grande que las bendiciones que Dios ya tiene para mí y los míos.

Y confío en ello. Ante la inmensidad del Señor es imposible no hacerlo.

¿Puedes confiar tú también?

Solamente tienes que creer…

 

 

 

 

Originally posted 2016-11-07 11:41:36.

Tu vida no termina por una mala decisión

Ni una mala decisión, o varias, son suficientes para que afirmes que tu vida entera ha terminado, y cuando digo vida entera no me refiero a que te mueras en ese preciso instante, ni de que te arrojes por un barranco, o te atravieses en medio de una autopista súper transitada y que te pasen los autos por encima hasta dejarte hecho puré.
No, no me refiero a eso, sino a que permitas que un solo error o mala decisión determine el rumbo a seguir de tu completa existencia, y que ese pequeño error magnificado por ti sea lo suficientemente poderoso para olvidar que una vez nacemos, y crecemos hasta convertirnos en adultos, el camino no es uno de rosas ni el cielo será azul cristalino todos los días, sino para que recuerdes que somos humanos, y como tales, tenemos todo el perfecto derecho de cometer los errores y horrores que queramos, sin que nadie, pero absolutamente nadie, se sienta con la obligación o derecho de llamarnos la atención o afearnos nuestra conducta, pues si fuéramos el prototipo perfecto de la especie humana no cometeríamos fallas como los demás simples mortales que nos rodean.
He conocido a través de mi existencia algunas personas que se creen la última Coca Cola del desierto, o lo más grande que ha parido madre alguna, y siempre miran a los demás por encima del hombro como dioses inmortales que se han dignado bajar hasta el suelo que pisamos nosotros los humildes como si nos hicieran el gran favor de respirar el aire que mutuamente respiramos, y me he preguntado en infinidad de ocasiones que se siente ser así, tan superficial y vacío y tan indiferente hacia los demás.
Una pregunta sin respuesta, porque no me interesa saberla, pues nunca seré así, un cuerpo fútil sin propósito en la vida que no sea vanagloriarse de lo que se tiene o no solo por el tonto capricho de aparentar lo que no se es, y tampoco me desvelo por las noches pensando qué hare al día siguiente para mantener esa aureola de grandeza que sencillamente no tengo por más que trate de engañar a los demás, ocultando con ello mi fragilidad y mediocridad detrás de oscuras nubes que impiden ver hasta el fondo de mi ser defectuoso pero con ínfulas de grandeza sin fundamento.
El que vive para dar explicaciones jamás tendrá vida, y el que se desalienta por cualquier errorcito cometido menos, pues no es privilegio del que te conoce el influir negativamente en uno, ni tampoco el decidir lo que debemos hacer para complacer a todos, menos a uno mismo. Yo no vine a este mundo para que me digan o dicten mi proceder, ni tampoco para vivir una vida ajena a expensas de mi derrota aparente, sino para labrar mi propia ruta y ser feliz.
Si a los que te rodean no les gusta, es su problema, no el tuyo. Primero tienes que aceptarte como eres, con tus virtudes y defectos, con tus aciertos y errores, con tu bagaje emocional y físico imperfecto, y una vez aceptes que todo esto eres tú, seguir con tu existencia hasta el minuto final de la misma, porque tú sí tienes todo el derecho de hacer lo que te venga en gana, sin pedir disculpas ni desanimarte porque los demás no lo acepten así. ¿Eres un ser humano con libre albedrío o un títere de los demás? Creo que la respuesta ahora sí es obvia. Dios te hizo único, con la facultad gloriosa de decidir y labrar tu propio camino. Te hundes si quieres, o eres victorioso en todo.
¿Vas a dejar entonces que un error te hunda, o los demás decidan por ti?
Creo que no. La vida es maravillosa cuando dejamos a un lado nuestros errores y seguimos adelante sin mirar atrás.
Somos únicos, ¿recuerdas?
Nunca lo olvides.

Peter Vergara

Página Amazon del autor: http://amazon.com/author/petervergararamirez

Originally posted 2018-05-04 14:29:40.