Una íntima reflexión

Una íntima reflexión

 

    Este capítulo lo escribo hoy, a finales del 2018, un año en el que esperaba un sinfín de oportunidades que nunca se dieron, quedando truncadas en mi vida, al menos en forma temporera.

    Mi esposa Lynette y yo regresamos de una corta estadía de cuatro días a mediados de diciembre del año pasado, disfrutando de un tiempo que realmente necesitábamos para estar juntos al lado de la familia de ella en Estados Unidos.

    Nunca pudimos imaginar que los siguientes meses resultarían en un calvario para nosotros, ni tampoco yo pude pensar que, en algún momento jugara con la idea de acabar con todo, si el lector entiende a lo que me refiero.

    Una salida fácil para un problema que, reflexionando ahora, no era tan grande como para siquiera coquetear con tal fatal decisión.

    A veces pensamos que nada tiene solución, los problemas nos ahogan, la vida se ensaña con uno, los amigos escasean o no existen, y la familia nos ahoga emocionalmente bajo la premisa de que hay que tolerarles todo.

    Falso. La familia está para apoyarnos mutuamente en la consecución de nuestras metas, y alegrarnos la existencia cuando las cosas se ponen feas, no para recriminarnos ni poner en duda nuestras decisiones, buenas o malas, correctas o incorrectas, cuando el destino nos pone contra la pared y no sabemos hacia dónde escapar.

    Este libro, estos capítulos, responde a la duda interna que asaltaba mi corazón cada vez que las cosas no resultaban como yo quería, y también cuando trataba infructuosamente de recurrir a los medios de los que cualquier persona posee para sobrellevar las pesadas cargas de la vida.

    En un millón de ocasiones fracasé. Y lloré. También me sentí derrotado hasta la impotencia, y mis noches eran eternas hasta el primer albor del amanecer.

    Pero seguí adelante. No me rendí; tampoco claudiqué ante lo imposible, pues esa palabra únicamente existía en mi mente si la dejaba entrar.

    Quizás el que no me conozca crea que mi camino ha sido uno cubierto de rosas y alfombra roja. Es posible que hasta piense que todo me ha sido regalado sin esfuerzo de ninguna índole.

    Nada más alejada de la realidad. Todo lo que era y es valioso para mí me fue negado en su comienzo, y tuve que batallar como un guerrero fiero hasta el final.

    Nadie me regaló nada.

    En el otoño de mi existencia he visto caer infinidad de hojas en el almanaque. Unas cayeron lentamente; otras, muy despacio, pero siempre llegaron al suelo, sin importar lo que yo hiciera por detenerlas.

    Hoy, sentado ante mi ordenador, y con mis ojos aún cubiertos por la sombra fugaz de una lágrima, he comenzado a creer en que puedo hacerlo, que puedo lograr lo que anhelo, que nada ni nadie podrá ya apartarme de la vereda del éxito que Dios ha dispuesto para mí mucho antes de que yo naciera.

    Fallé en todo, hasta a mis amigos y familia que en su minuto creyeron ciegamente en mis facultades, y que no obstante siempre me alentaban a seguir luchando por lo que quería.

    Este año no ha sido fácil.

    Me alejé de mi pasión, desterré por un instante la noción de que todo era posible si creía en mí mismo.

    Me derroté sin batallar, y ahora, en esta encrucijada que se presenta ante mí, observo tranquilo la historia de mi existencia, desde mi niñez hasta mi adultez, hasta este minuto del día 11 de noviembre de 2018, y reprimiendo la tristeza de un sentimiento que pugna por brotar de mi alma, declaro al universo entero que, sin importar todos los obstáculos que se me atraviesen en mi camino desde ahora en adelante, y todos los sinsabores y dudas que sé me asaltarán de vez en cuando, en el nombre de Dios y con su bendición, que este año que comienza el 1 de enero de 2019 será la consagración de todos mis sueños hechos realidad, y que al final de él, podré gritar a los cuatro vientos lo siguiente:

    —¡Lo logré!

(Nuevo capítulo. Extracto del libro Tu Peor Enemigo Siempre Serás Tú, en Amazon http://a.co/d/cR3hg6U )

Divagaciones de Peter (4)

Me caí hoy, y me dolió. Lo admito. Pero más tarde me sucedió lo mismo.  No significa el fin del mundo. Somos humanos, ¿no?, pero me levanté en ambas ocasiones, y seguí con mi vida. Y aprendí. A regañadientes. Ahora observo mejor mi recorrido, y evito en lo posible cometer el mismo error. Aprender es inteligente; ignorar es de tontos.

Originally posted 2018-08-16 10:55:51.

Ya no está en mis manos (reflexión)

Desde mi escritorio

Ya no está en mis manos

Desde hace varios días nuestra televisión y la prensa han estado alertando a la ciudadanía sobre la, hasta ese momento, sutil amenaza que representaba un huracán que se aproximaba a nuestra isla.

Esto fue hace una semana, aproximadamente.

A partir de ese momento la precaución hizo acto de presencia en nuestras vidas cotidianas, pensando, como siempre lo hacemos, que posiblemente no tocaría suelo borincano, o que, en el mejor de los casos, únicamente un poco de lluvia y vientos nos iban a tocar.

En el mejor de los casos.

Este pasado fin de semana, cuánto más crecía la preocupación y el posible fortalecimiento de Irma, el pueblo fue acudiendo en mayor escala a los supermercados para abastecerse.

Prevención, por si acaso, ¿verdad? Los puertorriqueños siempre nos hemos distinguido por, o prepararnos a conciencia, o no hacer nada. Nunca hay un término medio.

Pero las noticias que iban surgiendo no eran precisamente alentadoras.

El fenómeno atmosférico se fortalecía cada vez más, y su azote, de cualquier forma que se adornara, iba a ser perjudicial para nuestra isla.

Llegó el lunes. La ciudadanía siguió su habitual vida en el fin de semana, siempre esperanzados de que esta situación no se saliera de control y fuera verdaderamente lo que siempre hemos temido, un ciclón que cambiara por completo la normalidad de nuestra gente en negativos aspectos.

Negativos aspectos serían la falta de energía eléctrica, suministro de agua, carreteras inundadas, obstrucción de pasos, comunidades aisladas e incomunicadas en su totalidad, el colapso de nuestra economía, las precarias condiciones de nuestras viviendas en caso de ser afectadas por el fenómeno, y muchas otras cosas más que nos atañen como pueblo, sin contar con lo más importante: pérdida de vidas a causa del ciclón.

Lunes. Los comercios se abarrotaron, las existencias de agua y otros productos necesarios se agotaron en cuestión de horas, obligando a los comerciantes a reabastecerse, los que pudiesen, ante la inminencia de la emergencia nacional.

La preocupación, ahora más palpable, creció a pasos agigantados. Ya Irma no era una lejana tormenta que posiblemente llegaría en unos días a las costas caribeñas. Ahora era un huracán categoría 4 a punto de convertirse en uno de 5 en cuestión de horas.

Se emitieron los avisos requeridos, se alertaron y activaron las agencias gubernamentales requeridas, se suspendieron las actividades de nuestra vida diaria en aras de prepararnos debidamente para enfrentar lo inimaginable. Todo se ha hecho.

Estamos probablemente preparados, o en vías de hacerlo en las restantes horas hoy y mañana, antes que llegue Irma.

Nuestro pueblo, en décadas recientes, sufrió el embate de poderosos huracanes que nos socavaron en todos los aspectos para ese entonces, y nuestros abuelos pueden atestiguar sobre el particular. No fue fácil en ese momento, ni tampoco, a pesar de la modernidad y preparación que nos rodea, ahora.

Nadie está preparado para un fenómeno de la naturaleza de esta magnitud.

No lo estábamos antes; menos ahora.

Las redes sociales se inundaron y seguirán in crescendo en las siguientes horas y días. Todo el mundo comentando. Muchos mensajes. Palabras de apoyo, de aliento y esperanza. Todo muy bien, lo acepto, y me agrada saber que somos un pueblo que no solamente se une en la adversidad o en los momentos deportivos gloriosos.

Hoy le brindaré la mano a mi vecino, a mi familia, a los amigos que lo necesiten, y hasta al extraño que nunca había visto. Es nuestra sustancia e identidad como puertorriqueños y seres humanos.

Pero falta algo. Básico. Importante.

Yo diría que lo más importante, aunque sé que algunos no pensarán así.

Cuando todas nuestras fuerzas desfallecen, cuando el temor se apodera de nuestras vidas, cuando no vemos una luz al final del camino que nos ilumine y dirija hasta un puerto seguro, ahí, en ese instante decisivo de nuestra existencia, debemos pedir ayuda, una ayuda más allá de los límites imaginables.

Nuestro gobernador y los alcaldes se preocupan y apoyan a su gente, porque ellos son parte integral de la misma, ¿o es que acaso ellos no salieron, en la mayoría de las ocasiones, de hogares humildes o de clase media y hasta alta, donde una situación de tal altura los avasallaba y se sentían impotentes para ayudar y sobrevivir? Hay que darles el crédito que merecen por siempre, en menor o mayor escala, tratar de sostener a su pueblo en momentos difíciles.

Pero ellos no pueden hacerlo solos. Son humanos, y como tal, pueden fallar, o no tener los recursos necesarios para hacerle frente a un monstruo de esta naturaleza.

Debemos, como dije antes, apoyarnos mutuamente como pueblo. Siempre nos hemos distinguido por ello.

Pero también, repito, en un momento así de preocupación y miedo, nuestras miradas deben dirigirse hacia lo alto, hacia Dios.

Tenemos que pedir mucha fortaleza para lo que posiblemente nos espera en las siguientes horas, y mucha serenidad para sobrellevar las horas difíciles de la noche cuando los vientos rujan y las lluvias arrecien, pero también, hoy, debemos arrodillarnos y pedir que, a última hora, surja un cambio en Irma que lo desvíe, aunque sea unos grados de su ruta directa hacia nosotros, y que su impacto no sea de la magnitud que se espera.

Solamente él puede hacerlo. En el pasado no he sido precisamente un creyente acérrimo, pero en los últimos tiempos, ante los golpes crueles de la vida, he aprendido en carne propia que no solamente existo yo y mi egocentrismo, sino que, cuando todas mis fuerzas humanas desfallecen, y mi ánimo se cae por los suelos, únicamente existe alguien que está ahí, listo para auxiliarme, pero únicamente si yo se lo pido con todo mi corazón.

Ninguno de nosotros conoce con antelación lo que la vida nos depara, pero es reconfortante y hermoso se sentir que, no obstante, el curso de nuestra existencia no sea lo que esperábamos, siempre será mejor cuando tenemos a quién recurrir en caso de necesidad.

Ya estamos listos para enfrentar lo que sea, porque somos puertorriqueños valientes, y unidos como pueblo, y si dejamos a un lado la incredulidad y la arrogancia que en ocasiones nos asalta, y yo no soy la excepción, y le pedimos a Dios que nos acompañe durante todas esas amargas horas, él lo hará.

Aunque también he aprendido que, aunque no lo hagamos, siempre caminará junto a nosotros en medio de la tormenta. Un padre siempre lo hace con sus hijos.

Ya no está en mis manos. Ahora está en mejores manos, las perfectas, y sé, en mi corazón, de que camino seguro en la oscuridad hacia la luz, y que no temeré mal alguno, pues él siempre estará ahí para socorrerme cuando caiga, porque mi confianza se encuentra depositada en Dios.

No caeremos. Tengo fe de que no. Espero que también tú, que lees estas palabras, la tengas…

Peter R. Vergara Ramírez

Originally posted 2017-09-05 14:15:21.

Divagaciones de Peter 2

La esencia de mi ser no la determinan otras personas, ni tampoco la libertad de hacer lo que quiera solamente por caprichos impuestos de seres que nunca alcanzarán la grandeza requerida para ser la diferencia en este mundo.

Originally posted 2018-08-14 20:03:53.

Siempre existe ese momento

A veces nos sumergimos en la tristeza de la vida diaria, y nos sentimos perdidos y sin esperanza. No podemos ver, en medio de la oscuridad, que al otro lado del dolor está la felicidad que buscamos…

Originally posted 2017-08-18 19:18:16.

La espera que desespera…

Caminamos por la vida de lado a lado, esperando.
Esperando por un mejor trabajo, una relación de amor nueva, un cambio en nuestras finanzas, un auto último modelo, más comprensión de nuestros hijos y los demás miembros de la familia y otras menudencias.
Y en esa larga lista de espera entran las metas establecidas, los sueños sin realizar, la casa que deseamos, y un sinfín de cosas más que, llegado el momento, nos abruman implacablemente y nos desesperan, pues vemos el paso del tiempo que avanza inmisericordemente y jamás se detiene, y nuestra espera se queda en eso, una que no trae la culminación de nuestros anhelos más queridos.
Todos hemos atravesado por esta penosa situación, la espera que desespera, como decían nuestra gente de antes, y sinceramente, repitiendo, desespera.
Y esto sucede porque esperamos muchas cosas, cambios, mejores condiciones y calidad de vida, que los jefes sean generosos, que mi pareja sea el amor que siempre esperé, que los hijos se comporten debidamente, que la suegra se mantenga bien lejos de nuestra existencia, que el perro no fastidie tanto por las noches, que el vecino sea soportable y no nos atormente todos los fines de semana con la estruendosa música de su preferencia, así como también esperamos pegarnos en el Powerball, la Loto, aunque sea en Pega 3 o en el Pega 4, algo que por un momento nos brinde un grato sentimiento de satisfacción que solamente produce la posesión temporera de dinero para sufragar algunos de los gastos que regularmente tiene cualquier familia de nuestra isla, pues ahora es que descubrimos que la cosa está peor de lo que pensábamos. Una ceguera existencial que nos impide ver la luz, aunque la tengamos enfrente de nosotros.
Esperamos tanto…
Y al final, nada conseguimos, pues esperamos que el maná nos caiga del cielo sin trabajar para ello, sin esforzarnos al máximo de nuestra capacidad, y durmiendo el sueño de los tontos, mientras el tren de la vida pasa a vertiginosa velocidad frente a nosotros, y no hacemos el mínimo esfuerzo por detenerlo y montarnos en él.
Mientras tanto, llegan las noches, nos preparamos para dormir, y pensamos que el mañana será otro día en el que lo esperado llegará.
Pero nada llega. Pasan los segundos, minutos, horas, otro día más, y nuevamente la sensación de impotencia por esperar milagrosamente lo que nunca llegará si no cambiamos nuestro pensamiento.
Si has esperado una eternidad para que se cumplan tus sueños, y nada ha sucedido, creo que es el momento preciso para reflexionar, para detenernos en la carrera loca en la que se ha convertido nuestra existencia, y mirar dentro de nuestro corazón.
Es nuestra única opción en esta hora decisiva de tu correr por el mundo.
El momento en que recogemos velas y nos detenemos en medio de la tempestad, y atisbamos detenidamente el océano de situaciones positivas y negativas que nos han llevado hasta aquí, y tratar de enfocar de manera distinta la situación.
Tus metas no se han cumplido, los sueños hermosos que llevas a rastras desde niño y luego adulto no se han realizado como deseas, tu empleo es un infierno, tu pareja ni te soporta, los hijos caminan cada uno por su lado y ni te prestan atención, estás endeudado hasta el cuello, los bancos no te prestan, la suegra vive contigo, el perro te muerde cada vez que te ve, el dinero no llega, y si llega, se evapora en minutos por todas las obligaciones que tienes contraídas, envejeces cada minuto que pasa, tu cuerpo se trasforma, sientes toda clase de dolencias físicas y morales, la tristeza y el fracaso se apoderan de tu ser, tu alma se resquebraja ante los embates del destino, y cada día que pasa te sume más en un abismo del que difícilmente podrás salir si no cambias ahora.
Ya no hay tiempo, te dirás.
Estoy muy viejo para cambiar.
No tengo fuerzas para empezar nuevamente.
Nadie me dará la mano.
No vale la pena.
Esta tristeza nada ni nadie me la quita.
Estoy cansado de esperar.
No quiero luchar más.
¿Sabes algo?
Si nada te ha funcionado hasta ahora, si te sientes harto de vivir, y si te encuentras en el valle oscuro del desaliento, es un buen momento para recapacitar.
Lo que esperábamos no llegó. Bien. Busquemos entonces otras metas, distintos sueños, nuevas perspectivas de vida, enfoques diversos, alegrías insospechadas.
No te rindas ni entristezcas por cosas que nunca llegaron, ni abandones la lucha por ser feliz.
Piensa en las cosas bonitas de tu vida, lo que te ha motivado a seguir adelante a pesar de todo, en los momentos felices de tu existencia, en los logros que sí has conseguido, en todo lo que de una u otra forma te ha empujado a través de la tormenta y te ha llevado a puerto seguro. Siempre existe en nuestra existencia algo bonito, aunque lo quieras negar.
La espera se acabó.
También los lamentos.
Es hora de izar nuevamente las velas, y dirigirnos en medio del océano a un mundo nuevo, donde aprendiendo de todas nuestras experiencias, nos enfoquemos únicamente en ser felices, pues tú te lo mereces. Eres un triunfador. No has querido admitirlo, pero el simple hecho de leer estas palabras que hoy escribo, es que en tu interior todavía vive la llama de la esperanza y de una vida feliz que desde niño tenías. Quieres, necesitas un cambio.
¿Por qué esperar entonces?
Traza una nueva ruta desde este momento hasta tu muerte, vive cada segundo como si fuera el último, comparte con tu gente amada, llévale un regalo al jefe, aunque sea odioso, soporta a tu suegra, dale un hueso o una lata de comida al perro, trabaja más para que más tengas, y deja de rumiar tus fracasos anteriores, tíralos al baúl de los recuerdos, y comienza una existencia plena sin espacio para la tristeza.
La espera terminó. Sonríe. Sé feliz.
Ahora es tu momento, la etapa final, la mejor, la que llenará tu alma y tu ser de muchas alegrías.
Y no vuelvas a esperar por lo que nunca llegó.
No vale ni un minuto de tu tiempo…

Originally posted 2017-06-20 12:43:19.

Divagaciones de Peter 1

Era feliz completamente antes de nacer. Aún no conocía en ese preciso instante que años más tarde la podredumbre humana me alcanzaría, y destrozaría por completo la ilusión de vivir que amé durante esas primeras etapas de mi existencia. ¡Qué poco dura la felicidad! Nos empeñamos en vivir, mientras vamos un poquito muriendo cada día…

Originally posted 2018-08-14 19:54:20.

La vida que perdí Peter R. Vergara Ramírez —autor

La vida que perdí   

¿En qué momento perdí la ilusión? ¿En cuál capítulo de mi existencia despierto una mañana con deseos de morir? ¿Cómo fue que llegué hasta aquí, mustio como una hoja, derrotado como un vendaval sin vientos?

Mirando hacia el pasado que moldeó mi caminar, y atisbando un poco en el mismo, aún no sé en qué minuto desperdicié las ilusiones que llevaba arraigadas en mi corazón para convertirme en lo que soy hoy: nada.

¿Fueron acaso los gritos destemplados de mis padres cuando discutían? ¿Quizás los regaños inmerecidos cada vez que hacía algo bueno y no me felicitaban? ¿O posiblemente, el llanto escondido en la noche por no saber qué hacer con mi vida?

Tantas interrogantes; ninguna respuesta.

Era un niño inteligente, despierto, tímido, agradable, buen amigo e hijo, pues, un poco malcriado, lo admito, pero quien no lo es cuando vive en un hogar donde las palabras altisonantes y violencia verbal son la orden del día. Era un niño normal, si se le puede llamar normal el correr a esconderse cuando tus padres te buscaban impacientes por toda la casa para descargar su cinturón sobre tus espaldas.

Bueno, eso sí era normal y corriente en los tiempos de antes, cuando la bofetada o el cinturón eran los instrumentos del padre para disciplinarnos cuando nos portábamos mal, y a veces hasta cuando nos comportábamos casi perfectamente bien.

Lo importante era la disciplina, y lo que eso significaba en el núcleo familiar.

Quien la ejerciera era lo de menos, si finalmente el resultado no variaba.

Uno llorando a moco tendido corriendo a refugiarse en los brazos del abuelo condescendiente que todo lo justificaba y perdonaba, aunque no lo mereciéramos.

Un ratito después nos olvidábamos de todo, y a seguir entonces con nuestra casi perfecta vida normal.

Volviendo al presente, qué tristeza recordar ese tiempo de niños, y qué duro para mí el pensar que posiblemente en uno de esos días, quizás alegre, posiblemente no tan alegre, fue que paulatinamente empezó el largo viaje sin retorno hasta el abismo sin escapatoria de mis sueños truncos.

Fue una etapa, no obstante, bonita, pues lo tenía todo. Todo significaba los caprichos que como niño-joven tenía, mis padres me los satisfacían, en su mayor parte, pues para algunos, simplemente, un no era la respuesta obligada.

No soy feliz.

Al menos eso creo.

No puedo ser feliz cuando siento una tristeza perenne arraigada fuertemente a mi corazón.

Ni cuando observo la vida pasar enfrente y no siento alegría por la misma.

Ni una sonrisa.

Ni una carcajada.

Nada.

Un corazón seco.

Una lágrima que pugna por liberarse y no puede.

Porque no existe.

Nunca existió.

Fueron borradas de mi ser el día en que nací.

Segadas completamente, sin un vestigio de renacimiento futuro.

Sin una esperanza.

Sin una ilusión.

Ya no existe en mi ese afán, esa fuerza interior que quizás tuve y no viví.

Tampoco la extraño, porque no se recuerda lo que jamás existió.

O quizás sí, pero fue muriendo con los años.

No lo sé, ni me interesa.

Únicamente me importa el seguir respirando, minuto a minuto, hora a hora, día a día, porque es lo que mantiene mi mente cuerda, aunque no exista una pequeña ilusión de vida.

No despierto por las mañanas con ánimos de luchar.

Abro mis ojos al amanecer de otro día igual que el anterior.

La misma rutina.

La misma gente.

El mismo trabajo.

El mismo desdén por existir que me agobia, y que no piensa marcharse por lo que veo.

También la misma hipocresía de los demás cuando te saludan, y que por cortesía aceptas y saludas a la vez.

¿Quién es más falso? ¿El que saluda, aunque no lo sienta? ¿O el que saluda a su vez, aunque la otra persona sea insoportable para él?

Una de las preguntas sin respuesta que, sinceramente, me da lo mismo si algún día alguien ilumina mi espíritu con la respuesta adecuada a este dilema existencial. Son interrogantes que enfrentamos diariamente, pero que no interrumpe nuestro sueño en la noche.

Parece que hoy enfrento mi día con mucha tristeza, porque observando en la pantalla de mi ordenador todo lo que he escrito en estas breves líneas, pareciera que estoy prácticamente al borde del suicidio.

Nada más lejos de la realidad.

El que me levante una mañana con tristeza, recordando los episodios del pasado que posiblemente influyeron un poco en mi vida del presente, y que derrame una lágrima al acordarme, no significa que he perdido mi vida, ni que no amerite vivirla, aunque sea un paso a la vez.

El pasado muchas veces duele, y cincela tu personalidad hasta el presente, pero significa nada cuando se anhela vivir a plenitud, ni tampoco significa que me voy a echar a morir porque mis padres o alguna otra persona en mis recuerdos haya sido lo contrario de lo que yo esperaba.

No.

La vida se compone de muchas etapas. Unas buenas, otras no tanto.

Existe un momento para reír, y otro para llorar.

Lloré en su minuto por lo que no pudo ser, y también por el dolor de algunos episodios que quebraron mi alma, pero no mi existencia plena, y que me fortalecieron en medio de la tormenta para soportar los ciclones del presente y del futuro.

No se pierde una vida cuando ella te enseña a vivirla, poco a poco, sin apresurarse, sin dudas; sin arrepentimientos.

No desperdiciamos nuestra existencia cuando aprendemos del dolor, y no cometemos los mismos errores del pasado.

¿De qué vale vivir, si no lloramos?

Una lágrima, o muchas, en el instante apropiado, puede revivir una historia, la de nuestras vidas, y no se rechaza, porque limpia el corazón y el alma de los embates del destino que en ocasiones hace flaquear la fuerza que todos poseemos, pero que pocas veces utilizamos para salir adelante y triunfar con la alegría de vivir que cada ser humano merece tener.

La vida que perdí.

Bonito título.

Pero se oye mejor la vida que he ganado al seguir el mandato de mi corazón y derrotar la tristeza y el dolor que llevaba a cuestas como una pesada carga atenazando el espíritu inquebrantable que poseo para salir airoso de cualquier adversidad que se atreva a cruzarme en mi camino.

No he llegado hoy hasta aquí para rendirme. Jamás.

Estoy aquí para quedarme, y decirle al universo entero que no he perdido mi vida, porque en este mismo instante comienzo a vivirla a plenitud, sin remordimientos, sin dudas, porque yo merezco ser feliz, y nada ni nadie me detendrá en la ruta ya trazada de antemano por el destino.

No he perdido mi vida.

Ahora es que voy a vivirla…

@Derechos Reservados 2017. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este escrito sin el consentimiento expreso del autor Peter R. Vergara Ramírez.

Originally posted 2017-03-08 16:22:40.

Un clamor que sí llega, cuando sinceramente crees…

Las peticiones que se hacen desde el corazón, con genuino sentimiento y gozo, y una plena convicción de que serán en su momento contestadas, es lo que convierte un día rutinario y repleto de dificultades en uno en el que sonreímos por el simple hecho de que la verdad yace más allá de unas palabras escritas en un libro, y que el ser que sustenta las mismas con amor siempre estará dispuesto a escucharnos, aunque no lo merezcamos.

Cuando comprendamos que la solución reside en la intención de querer ser lo que se supone que seamos y no somos, y esto no es un juego de palabras, y de que el desierto de tristeza y dolor se cruza por medio de una petición y un corazón contrito, entonces la luz que ahora permanece oculta brotará de la nada, y la paz llegará al lugar que le corresponde: a nuestro interior carente de felicidad, pero esperanzado en conseguirla.

Muchas veces me decepciono en el camino, y lloro, porque no sé qué hacer para recuperar lo perdido en el tiempo, pero sigo adelante, sin mirar al pasado que se va y no vuelve, al presente que valoro por lo aprendido, y al futuro que no sé lo que depara. Pero sigo, esperanzado, pidiendo, con fe, con verdadero deseo de superar la vida que me ha tocado vivir. Quiero mi alegría y mi inocencia de vuelta,  mis noches de ensueño y mis días llenos de colores, y el despertar cada mañana con una nueva ilusión de vida. Todo eso anhelo, y más. ¿Por qué conformarme con menos, si tengo a alguien que lo puede todo, y que estará encantado de cargar mi cruz sobre sus espaldas?

Y es tan simple como clamar a un Dios que sí espera porque lo hagamos.

Tan sencillo como hacerlo ahora…

Originally posted 2018-05-21 02:54:53.

Cuando la vida te pone a prueba…

Cuando la vida te pone a prueba…
(Primero de algunos capítulos de mis libros que pondré regularmente en Facebook y otros lugares para disfrute del lector)

Cuando la vida te pone a prueba ¿Eres de los que abandonan cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Cuándo nadie te da la mano? ¿Cuándo estás a punto de echarte al suelo a lamentarte por lo que pudo haber sido y no fue? Desde que nacemos y crecemos, la vida se encarga solita de someternos a toda clase de pruebas, unas sencillas; otras bien duras, de esas que nos hacen doblar las rodillas, y pedirle a Dios que nos saque del abismo en el que nos hemos hundido hasta el fondo. No vivimos en un mundo perfecto; mucho menos rosado. El mundo es cruel, la vida es injusta, las personas son egoístas, y todo lo que nos rodea tira arbitrariamente para su lado. ¿Y qué podemos hacer? ¿Seguir lamentándonos? ¿Llorar? ¿Mandar todo al demonio y ya? También podemos entrar a las redes sociales y declarar a todas nuestras amistades ahí, y a sus amigos, que no lo son nuestros, y al mundo en general y a los entrometidos de vidas ajenas, que somos unos desdichados, de que no sabemos lidiar con las situaciones adversas que el diario vivir nos trae, que somos unos pobrecitos infelices que merecemos un poquito de compasión de los demás para que nuestro sufrimiento y tristeza sea más llevadero. ¿En serio? ¿Me estás diciendo que eres de esos que declaran a los cuatro vientos en las redes sociales todo lo que te pasa, y si no, te lo inventas? ¡Wow, qué mal te va! Porque si eres de esas personas que no tienen vida propia, y vives las ajenas y de lo que ellas opinen de ti, te queda un largo camino por recorrer para que puedas salir de tu laberinto emocional que te tiene perdido en tu percepción de lo que debe ser una existencia bonita de así tú desearlo. Como te dije anteriormente, tú eres tú, no eres otra persona. Cuando mueras, al que van a enterrar es a ti, no a tu amigo de la red social, a tu jefe, a tus familiares, a tu pareja; a nadie más que a ti, con todas esas dudas y miedos que te impidieron vivir a plenitud porque no tuviste el valor de decir BASTA YA, y comenzar a mandar todo al demonio y vivir tu vida al fin, sin importar el qué dirán. Al fin y al cabo, cuando te encuentras hundido hasta el fondo, no va a aparecer absolutamente nadie para rescatarte, porque todos están tan ocupados viviendo sus vidas propias, que no se van a dignar ayudar a un pobre individuo que nunca tuvo el valor de ser él mismo. ¿Ayudarías tú a alguien así? ¿Verdad que no? ¿A qué no sabes por qué?

Vergara Ramírez, Peter R.. TU PEOR ENEMIGO SIEMPRE SERÁS TÚ: Creer en ti es el primer paso para superar tus miedos… (Motivación Para Vivir Plenamente nº 1) (Spanish Edition) (Kindle Locations 166-190). UNKNOWN. Kindle Edition. https://www.amazon.com/dp/B01LMLR33M

Originally posted 2017-02-21 09:37:34.

Papá, no será fácil decirte adiós…

Papá, no será fácil decirte adiós…

Hace más de una década perdí a mi madre, Elsie, víctima de una mortal enfermedad que terminó con su vida. Fueron meses de interminable agonía en los que toda su familia y amistades veían en primera fila cómo un ser humano tan amado por nosotros se consumía lentamente a pesar de todos nuestros esfuerzos por aliviar en algo su dolor.

Se perdió la batalla. Y lloramos, desgarrados completamente por la despedida de una madre que lo fue todo para nosotros, y que batalló como una fiera guerrera para derrotar la enfermedad que nunca tuvo piedad con ella.

Dieciséis años después nos hallamos en la misma encrucijada del dolor, aguardando, observando como el tiempo acaba con cada parte del cuerpo y vida de mi padre.

Meses de deterioro físico y mental han ido matando lentamente una historia que fue interesante hasta el final, y que cada día que pasa no es ni la más remota sombra de lo que en su momento fue.

Pronto el capítulo llegará a su epílogo, y el libro se cerrará, pero esta vez definitivamente, sin posibilidad de volverlo a leer algún día. No habrá una segunda parte, ni la esperanza de vivir ni disfrutar nuevamente su personaje.

Cerraré esta historia con lágrimas en mi corazón, y mis dedos temblorosos tratarán de guardarlo para siempre en los anaqueles íntimos de mi alma, porque sé que por siempre permanecerá ahí, y que quizás abra sus páginas para atisbarlo brevemente cuando el momento de mi postrero adiós también se acerque.

No es el momento apropiado de recordar cosas tristes, ni sucesos que marcaron nuestras vidas debido a su, en ocasiones, agresiva forma de ser y su enfoque de lo que él pensaba que era lo correcto, y que desgraciadamente, en la gran inmensa de las veces, no lo era, por lo que fueron tiempos non grato para nosotros, su familia, y los que lo conocían de cerca.

Pero ya eso es otra historia.

Hoy en la tarde, mientras mi esposa Lynette y yo lo bañábamos en su cama, tratando de moverlo lo menos posible para no lastimarlo, vi sus ojos fijos en la nada, y sus manos se deslizaron suavemente entre las mías para acercarme a su rostro.

Casi no me distinguía, pero sabía que estábamos ahí. Para, y por él. Lo sentía en su corazón, aunque ya su cuerpo no le respondiera como antes.

Los enojos del pasado, los momentos en los que nos distanciábamos por cualquier motivo, las palabras y regaños, y en diversas ocasiones, comentarios tontos, de todo lo que hacíamos su esposa e hijos, ya no tenían razón de ser.

El resentimiento que tantas veces sentí cuando discutíamos se había apagado para siempre. No veía al padre que todo lo sabía y que nunca se equivocaba, y que provocaba gran tensión en nuestras relaciones de familia, y al que muchas personas molestaban por su incisiva costumbre de hablar de más cuando nadie le pedía su opinión.

Siempre la daba, sin importar las consecuencias, buenas o malas, de sus acciones, y en completo menosprecio de los sentimientos de los demás.

Era difícil tratar con papi. Cuando más lo necesitábamos, se hacía de rogar por el menor detalle, y a veces nos molestaba tanto que terminábamos enojados con él.

Pero siempre estaba ahí, a regañadientes, pero al final nos tendía la mano, así como lo hizo hoy mientras lo bañábamos. Nunca nos abandonó, aunque nos lo recordara toda la vida.

Así era mi padre, el que yo idolatraba de pequeño cuando caminábamos juntos por las calles de nuestro Manatí, y yo inexorablemente me quedaba atrás por él siempre estar un paso adelante. Eran veloces sus pasos, como lenta su comprensión cuando al parecer fallábamos por cualquier cosa.

Pero como dije anteriormente, no es el momento apropiado para recordar el pasado.

Al verlo ahí, indefenso, débil, sin ánimos ni siquiera de hablar como antes lo hacía a borbotones y sin freno, y posando ya sus ojos casi sin vida en los míos, únicamente puedo recordar lo bueno que fue en ocasiones con nosotros, y en especial conmigo. No me falló en la época de mi existencia cuando más lo necesité, y sería desagradecido por mi parte el abandonarlo ahora cuando sé que nos necesita.

«Perdóname si en algo te ofendí», susurró hace pocos días, mientras sostenía nuestras manos entre las suyas. Miré a Lynette, mi esposa. Ambos comprendíamos lo que estaba sucediendo. Mi padre, consciente o no, se disculpaba por el pasado.

Nuestros ojos se humedecieron presos de la gran tristeza que nos invadió. No pude evitar el llorar como un niño, el dar rienda suelta a mis sentimientos ocultos que siempre pugnaron por salir de hace tiempo.

Nada tenía que perdonar. Era mi padre, y lo amaba. Lo amo, y eso nada ni nadie lo puede evitar. También lo ofendí en muchas ocasiones, y él siempre lo olvidaba. Borrón y cuenta nueva.

Ahora, en estos días o semanas que preceden al final estaremos a su lado, del poco tiempo que resta para el adiós le daremos gracias a la vida por tenerlo tantos años entre nosotros, que no será jamás definitivo, porque sabemos, confiamos, de que, en su momento, cuando también Dios nos llame para acogernos en su seno, volveremos a estar juntos, pero esta vez definitivamente, en un mundo mejor donde no existen los odios ni rencores, y en donde lo único que impera es el amor para toda la eternidad.

Papi, no será fácil decirte adiós, pero te prometo que después volveremos a estar juntos.

Y espero que esta vez se te quite lo gruñón y malhumorado que siempre fuiste.

No sería fácil soportarte tus cosas en dos vidas, aunque pienso que lo mismo diría de mí.

Creo que te quiero tanto, que te aguantaría eso y más. Discutíamos, y me sacabas de quicio a cada rato, pero nunca el amor entre nosotros se extinguió. Al contrario, crecía cada vez más.

Muchas gracias por siempre estar ahí, aunque no lo mereciera en ocasiones.

Hasta luego, papá…

Todo a su tiempo

En el tedioso proceso de crecer y perseguir un sueño el desaliento muchas veces nos sorprende en plena faena, y sentimos nuestras fuerzas flaquear ante la inmensidad de la empresa que deseamos acometer, y nos caemos, estrepitosamente, incrédulos por la magnitud del sentimiento de derrota que nos invade, hasta que recordamos que no tenemos que depender de nuestra propia fuerza cuando tenemos a alguien en quien confiamos ciegamente y que a su debido tiempo bendecirá grandemente lo que ahora nos entristece e impide nuestro camino hacia la cima…

Originally posted 2018-05-17 02:53:26.

El vacío que no llenamos, o lo que perdemos por no saber vivir

El vacío que no llenamos, o lo que perdemos por no saber vivir

No somos eternos. Tampoco infalibles. Cometemos errores. Algunas veces aprendemos; otras, seguimos metiendo la pata una y otra vez como esa fuera nuestra naturaleza humana por nacimiento.
Creemos que viviremos por siempre, y no queremos darnos cuenta de que la vida puede irse en una milésima de segundo, en un parpadeo.
Pasamos nuestra existencia en la búsqueda eterna de cosas que nos hagan probablemente felices: una casa fastuosa, dinero en el banco, autos último modelo, fama, todo lo que implica ser reconocido en esta discriminatoria sociedad en la que vivimos, y dejamos a un lado nuestros sueños verdaderos por lograr todo lo anterior, aunque eso signifique renunciar a lo que verdaderamente importa: nuestra felicidad. Eso no nos sirve. Menos cuando estamos abajo en la rueda de la vida. Lo que tengamos que hacer, lo hacemos, y allá que se pierda lo que realmente importa.
Perdemos la esencia de la humanidad, nos alejamos de la familia, los amigos, todos, en aras de una quimera que quizás nunca llegue a ser una realidad. ¿Para qué? El dinero sirve para garantizar una seguridad económica y que nada nos falte, pero comparándolo con la salud, pienso que es irrelevante. Si no tenemos salud de nada nos sirve el ser ricos o famosos.
Lo triste, sinceramente hablando, es cuando conocemos de personas que han luchado lo suyo para alcanzar un sitial en el mundo, y han llorado y sacrificado muchas cosas en el camino, y cuando finalmente logran el éxito anhelado, descubren tardíamente que nada de lo conseguido ha rescatado su corazón del vacío existencial que desde pequeños han sentido. Entonces el golpe es más doloroso, imposible de digerir, pues cifraban la llamada felicidad en unos retos o logros materiales que nada tenía que ver con lo que sinceramente necesitaban.
Muchas veces me he sentido así, vacío por entero, sin alicientes para vivir, y también he llorado por no tener el valor de terminar con el mismo, pero como he dicho antes, recuerdo entonces todos los motivos por los que vivir, y erradico todo pensamiento negativo que logra llegar hasta mi alma.
Si me dejara llevar por ellos hace tiempo seria únicamente un recuerdo en las vidas de los seres que sí me aman.
Somos algo más que números o posesiones. Tenemos un potencial que alcanzar, unas metas por realizar, y una vida llena de alegría si así lo deseamos, pero en la mayoría de las ocasiones relegamos nuestros genuinos propósitos por otras cosas que jamás nos llenaran, aunque lo tengamos a manos llenas.
Algún día alcanzaré mi anhelo, sé que sí, pero mientras tanto, disfrutaré hoy de lo que verdaderamente vale, y mucho: el amor de mi familia.
La vida no se detiene, conmigo o sin mí, aunque prefiero que siga un largo tiempito adicional para seguir alegrando mis horas con el amor que nunca termina. Ya entonces me iré cantando todo el camino hasta conocer a mi Creador…
¿Algo mejor que eso?

Originally posted 2018-08-10 16:17:21.

Bajo ataque: María, once meses después… (4to artículo de María, el monstruo nos atacó)

Bajo ataque: María, once meses después…

Pareciera como si esas interminables horas de terror vividos bajo el asedio despiadado de María no hubiesen finalizado, todavía.

Salimos a las calles en la mañana y vemos, consternados, como muchas casas y calles de nuestros pueblos lucen sin levantar vuelo, destruidas muchas de ellas bajo el ataque; otras, por el paso del tiempo y desatinada administración gubernamental en ambos niveles, municipal y estatal. Los rostros de nuestros vecinos y amigos llevan marcados en ellos los vestigios imborrables de un millón de lágrimas derramadas ese funesto día de septiembre del 2017. La tempestad nunca dejó de atacar; nosotros tampoco de pedirle a Dios con todas nuestras fuerzas por el milagro de alejarla para siempre antes de que destrozara por entero a nuestro terruño, y prácticamente lo hizo, acabar con lo que nos quedaba, pero se alejó, tarde, pero seguro, dejando atrás una estela sin parangón de hogares derruidos y vidas segadas. La historia se encargó de recordarnos que de nada vale ser la Isla del Encanto, si no nos comportamos con humildad ante la fuerza inconmensurable de la naturaleza y de quien la gobierna, uno que no necesita votación electoral cada cuatro años para seguir dirigiendo el cauce de nuestras existencias.

Olvidamos por un momento inclinar el rostro y bajar la mirada, y fue en ese preciso instante cuando la furia de los vientos se ensañó con nosotros hasta lo indecible. No existe gobernante terrenal, ni político oportunista, que sea mas grande que lo antes expuesto, aunque ellos en la soledad de sus vidas y ante el espejo de su habitación que nada oculta, les diga en su cara que nada son si no tienen la entereza, dignidad y humildad que se requiere cuando de dirigir un pueblo se trata. Quizás se crean grandes, y posiblemente los demás lisonjeros a su alrededor se lo hagan creer, pero potentes naciones han caído bajo la embestida de la naturaleza por no creer que nada somos, ni seremos, si no pedimos ayuda al que sí nos la brindará cada vez que lo necesitemos.

Somos humanos e imperfectos, y limitados en muchas cosas, pero creo que podemos aprender todavía.

Aprender que la vida tiene un ayer, hoy y mañana, y que el presente puede ser el maestro que necesitamos para evitar los errores del futuro.

No podemos adivinar lo que nos depara, si otra cruel enseñanza o miles de bendiciones, pero debemos de estar preparados para cualquier eventualidad, sin importar lo dura que pueda ser. No es con recriminaciones ni endilgarle culpas a otros como podemos volver a levantarnos, sino con mucho trabajo y sacrificio que, quizás, algún día, deje en el pasado las malas decisiones y administraciones que juraron ante un pueblo ser la diferencia, y que al final, solo resultaron ser aves de paso por creer que podían ser más grandes que Dios.

La vida se encarga siempre de recordarnos que no somos inmortales ni sabios, y que lo que hagamos mal ahora tendrá su consecuencia mañana.

Los primeros días y meses después del ataque lucimos como un pueblo compasivo y solidario, y lo que antes rechazábamos por orgullo luego lo aceptábamos con humildad de espíritu. Lástima en ese sentido de que las cosas hayan vuelto a ser como antes, o quizás hasta peor, pues lejos quedaron esos sentimientos y unión de un país ante los embates de la naturaleza, para volver a caminar el mismo camino que juramos no volver a recorrer en esas oscuras y largas horas de agonía ante la acometida del monstruo.

Pienso que a veces no aprendemos la lección, cabeciduros al fin.

Solo espero que el profesor no repita la clase mañana, ni nunca, pues nos colgamos de nuevo…

Originally posted 2018-08-09 16:51:14.

No pierdas tu esencia de escritor ni de ser humano por nada ni por nadie

No pierdas tu esencia de escritor ni de ser humano

Estaba hace unos minutos posteando las direcciones de ciertos lugares donde abundan recursos literarios para nosotros los escritores, y en donde se aconsejan mil y una formas de escribir, no escribir, y un sinfín de cosas más que cualquier escritor o bloguero sabe, y si no sabe se encuentra en el camino correcto para conocer, porque se aprende todos los días hasta la muerte.

Eso me hizo recordar una conversación sostenida con una persona querida años atrás, cuando estaba escribiendo mi primera novela. La persona me aconsejó encarecidamente no poner unas palabras que le parecieron altisonantes, por así decirlo, o vulgares, rudas, demasiado fuertes para el contexto en el que se encontraban las mismas.

Como era mi primera novela, pues le hice caso. Me senté frente a mi ordenador, busqué el capítulo donde todas esas malas palabras se encontraban, y lo hice para borrarlas y escribir unas más bien bonitas, rítmicas, hermosas.

Una vez me encontraba dispuesto a borrarlas y enviarlas al país de los recuerdos, detuve mis dedos que se hallaban encima del teclado en DELETE.

Me hallaba en una encrucijada. ¿Seguía consejos de quien nunca había escrito nada en su vida? ¿O seguía mi propia voz, la esencia de mi alma?

No tuve que pensarlo mucho.

Apagué el ordenador, y regresé donde la persona.

—Las palabras se quedan.

Me observaron como a un bicho raro salido de Narnia.

—No vas a conseguir lectores que te compren esa novela— me dijeron escuetamente.

Me reí. A carcajadas.

—Todas esas palabras, feas, vulgares, bonitas, o lo que sean, van ahí para darle fuerza a esa línea, a esa idea, y se quedan. Si no vendo ningún libro, pues que así sea, pero no voy a someter mi esencia, la fuerza de mi espíritu, el sufrimiento y el dolor que pongo en mis palabras, solamente porque a alguien no le guste. Sería sacrificar mi esencia pura de escritor y de ser humano, lo que tantos años me ha costado hasta llegar hasta aquí, y mi mensaje, lo que realmente quiero llevarle al lector, se perdería entonces, y eso no lo voy a permitir. Mi escritura soy yo, es mi identidad, mi corazón, y eso nadie más lo posee. Habrá personas que se identifiquen con mi sello personal, con mi filosofía de vida, y esos son a los que le escribo.

Se quedó callada la persona, y no dijo nada más. Tampoco me importaba.

Nadie me enseñó a escribir. No fui a talleres de escritura creativa ni nada por el estilo. Tampoco ningún escritor famoso me enseñó lo poco que sé sobre el arte de escribir libros.

Fui aprendiendo poco a poco, leyendo, escribiendo, cometiendo errores, tachando y borrando miles de palabras, y capítulos completos porque no me gustaban. Se me quedó la mente en blanco completamente, sentí deseos de arremeter contra el ordenador y contra todo lo que me rodeaba, y de mandar para buen sitio mi incipiente carrera como escritor.

Pero no lo hice, y tampoco me rendí. Aprendí a escribir, y todavía, aún después de los libros que llevo publicados, no me siento satisfecho completamente. Cada vez que los reviso, encuentro palabras que no debieron ir, tildes que no se pusieron, falta de concordancia entre líneas, y un montón de cosas que ni vale la pena mencionar. Pero llevan mi mensaje.

Trato de superarme cada día, de mejorar mi escritura, de triunfar en lo que quiero.

No vivo el sueño ni las metas de nadie, por lo que no escribo como los demás, ni trato de imitar a algún autor reconocido.

Yo soy yo, Peter R. Vergara Ramírez, un escritor que apenas comienza a despuntar en el ámbito literario, y eso no lo cedo por nada ni por nadie. Tengo, y pongo, mi propia voz, la fuerza de mi alma, la esencia de mi ser, en cada palabra que escribo para el mundo.

Prefiero fracasar con mi esencia pura, que triunfar con la voz de otros…

 

 

Originally posted 2016-11-22 15:45:19.

Cuando mis ojos lloraron hoy

Cuando mis ojos lloraron hoy

Las primeras horas del amanecer siempre son las más oscuras en mi vida, pues la tristeza que me asola es compañera inseparable que nunca se aleja, aunque le caiga a patadas, ni la desazón que me invade tiene compasión conmigo cuando de abrumarme se trata.

A veces me despierto en medio de la noche, y permanezco con los ojos cerrados, inmerso en pensamientos que siempre tratan de imponerme su voluntad a capricho como si un muñeco o títere yo fuera. A veces lo logra; otras no.

Hoy lo consiguió. Tristemente. Traté de evitar que traspasara la zona de serenidad que aún conservo a duras penas en mi presente actual, y me invadió. Los pensamientos que nadie desea, el sentimiento del que muchos huyen despavoridos.

Pájaros portadores de pesimismo que hacen su nido sobre tu cabeza, y luego son reacios a marcharse, aunque sepan que no son bienvenidos. El pensamiento de la derrota, el dolor que experimentas, del desaliento que no te libera, y el carcelero déspota que no afloja las cadenas, aunque clemencia pidas.

Permití que me alcanzara, y hoy, al despedirme de mi ser amado, no pude evitar que mis ojos se aguaran, nublando mi visión al encender el auto y proseguir la marcha. Miles de cosas pasaron por mi mente, y el caudal de sentimientos encerrados en mi corazón se desbordaron como torrente violente que destroza todo a su paso.

Me sentí abatido por infinidad de cosas. Abrumado por la vida y abandonado a la deriva sin esperanza de encontrar un puerto seguro al que dirigirme en busca de mi salvación.

Sé que algo sucederá que alegrará mi existencia y la encarrilará al camino que una vez seguí, y que muchas puertas se abrirán en su momento cuando Dios así lo disponga, pero en este instante me siento decaído, sin fuerzas para seguir adelante y luchar por lo que puedo lograr de así desearlo.

Los pasados meses no han sido fáciles. Los golpes se han sucedido uno detrás del otro, pero no me han derrumbado definitivamente. Pierdo la ilusión de vivir en ocasiones, pero luego recuerdo que todavía hay personas a mi alrededor que confían en mi plenamente, y me aman, y trato de desterrar toda esa negatividad y pocos deseos de batallar que me restan, y abro mis ojos en medio de la madrugada, y sonrío.

Todavía me queda algo por lo que luchar, y Dios no permitirá que caiga en el campo de batalla sin antes haber conseguido lo que tanto anhelo.

Volver a ser el que antes fui. A pesar de las lágrimas…

Originally posted 2018-08-06 13:56:11.

Confiando en Dios

Hay ocasiones en que perdemos el norte, y sentimos nuestro mundo derrumbarse por tantas pruebas que sufrimos, pero si algo sé, bien adentro de mi corazón, es que la bendición que viene en camino será más grande que todo el dolor atravesado, porque si para algo sirve la oscuridad, es para que aprendamos a confiar en que pronto, muy pronto, llegará esa luz que tanto anhelamos. Es cuestión de esperar un poquito más…

Originally posted 2018-05-04 01:17:31.

No eres segundo

No estás por debajo de los demás ni tienes que seguir a otros; estás en este mundo para crear tu propio lugar en el mismo. No te conformes ni aceptes lo contrario

Originally posted 2018-04-29 13:25:07.

Siempre te dejan algo

El amanecer siempre llegará después que atravesemos la oscuridad…

Originally posted 2018-04-27 03:19:23.

Aprendí

Nadie te dará la mano cuando te encuentres tirado en el suelo, así que aprende a no contar con nadie si realmente anhelas ser alguien en la vida

Originally posted 2018-04-25 01:04:59.

Lo que viven muchos

Una vida llena de miedos, de dudas, de temor a lo desconocido, y de terror a tomar decisiones, es lo que muchas veces ocasiona que, al momento de recapitular nuestra existencia, descubramos ya tarde que hubiéramos sido más felices con solo habernos atrevido un poquito a salir de nuestra zona de confort.

Originally posted 2018-04-22 11:38:15.

Nos olvidamos

De que existe una fuerza más poderosa que la humana para resolver nuestros problemas…

Originally posted 2018-04-21 01:42:16.

DEJAR DE SER (APRENDER A PERDONAR)

Observando a una persona muy querida para mí, comencé a reflexionar sobre muchas cosas, y una de ellas fue el tiempo que he perdido por no apreciar verdaderamente la magnitud de nuestra relación.Recordé momentos pasados, palabras que se dijeron, agradables, algunas ofensivas, caras largas, situaciones amargas, entendimientos que jamás llegaron, impaciencia que nunca arreció cuando hablábamos y no podíamos ponernos de acuerdo, porque nunca dábamos nuestro brazo a torcer inmersos profundamente en la arrogancia humana que nos caracteriza a veces, donde somos más que el otro, y los demás nunca tienen la razón.No he perdido; hemos perdido ambos por actitudes negativas que en su momento deterioraron nuestro lazo de amor y cariño, y que no resolvimos, profundizando grandemente la brecha que ya desde tiempo pasado fue abriéndose entre nosotros.Nunca supe perdonar; tampoco olvidar, por todos esos años de diferencias irreconciliables, altibajos frecuentes, ofensas imperdonables, y distanciamiento creciente. Quizás no fue en mi vida lo que yo esperaba, pero tampoco fue algo tan malo, teniendo presente que solamente nos afecta de forma única lo que permitimos entre en nuestro corazón.Pero ahora, recapitulando con mi alma contrita y mi espíritu desalentado, puedo ver que muchas cosas y situaciones se salieron de proporción, y no valían la pena de molestarse por ellas.Si de algo sirve el envejecer es que, en la mayoría de los casos, adquirimos esa madurez e inteligencia emocional que de jóvenes no teníamos, y a la vida la valoramos entonces en su justa medida, ya tarde para arrepentirnos de lo que hicimos, los errores cometidos en el camino, y las decisiones que tomamos y que, buenas o malas, hemos tenido que cargar sobre nosotros una existencia completa.No puedo dejar de ser lo que soy, ni menos cambiar a estas alturas del juego, pero sí puedo mejorar la actitud y pensamiento ante lo que observo, como dije antes, y desterrar de mi alma los sinsabores vividos junto a este ser querido, para ayudar a que la transición entre la vida y la muerte sea más tolerable, libre de rencor y amargos recuerdos.No soy perfecto, y disto mucho de serlo algún día, pero reconozco que ante el indefenso y necesitado debo de ser humilde y pronto a dar, sin esperar nada a cambio, y que lo que algún día recibiré, al terminar mi capítulo existencial, será en la proporción de lo que he podido brindar desde el momento en que nací. Dios no admite odio en el corazón ni negocios sin terminar.Cuando vemos la fragilidad de la vida en toda su extensión, y los momentos buenos que es posible resten, ahí es cuando sabemos que ha llegado el tiempo de abandonar nuestra naturaleza humana ensalzada en la prepotencia de creernos únicos, y ver con los ojos del alma, esa que no se equivoca y nos impulsa hacia la bondad que debiera existir siempre entre nosotros.Creo que se puede, y trataré, aunque sé que no es tan sencillo como estas palabras que acabo de plasmar en este escrito, pero la esperanza es lo último que queda, y el tiempo espero que sea el suficiente para congraciarme de las torpezas de mi viejo yo, y empezar a labrar el camino hacia una feliz y mejor vida, libre de culpas y lleno de sentimientos nuevos hacia lo que me rodea.Dejar de ser es la única opción que tengo en mis manos para derrotar a la infelicidad que me invade, y mirar el mañana con una nueva perspectiva. Tenemos una sola vida, y hay que aprovecharla al máximo hasta que acabe. No puedo ser esclavo de mis sentimientos cuando estos me impiden ser feliz. Tengo que caminar con lo que me queda, aunque la otra parte sea casi imposible de complacer y sobrellevar.Tengo que perdonarme a mí mismo, aprender a hacerlo, para poder perdonar a otros.Ya después será muy tarde…

Originally posted 2018-04-17 10:13:44.

Todo sucede porque así tiene que ser, pero cuando más derrotado estemos, ahí es que lo único que puede salvarnos es tener fe, confianza, de que siempre la luz llegará a nuestras vidas.

Originally posted 2018-07-08 00:23:39.

Rutina

Si algo no te funciona, cambia el método, pero no abandones tu sueño

Originally posted 2018-04-16 17:39:57.

Existen

Muchos caminos existen, pero a veces, por temor, no nos atrevemos a tomarlos, y perdemos oportunidades por ser cobardes

Originally posted 2018-04-16 06:40:29.

No intentarlo

Fracasar completamente es cuando nos rendimos ante la vida y dejamos de perseguir nuestros sueños. Siempre hay que intentarlo una vez más, hasta morir…

Originally posted 2018-04-15 10:22:20.

¿Morir?

A veces el no vivir a plenitud significa una muerte lenta de nuestros sueños

Originally posted 2018-04-14 23:18:14.

María, el huracán que transformó nuestras vidas, en PDF (3 artículos)

María, el monstruo que no esperábamos…

 

Al momento de escribir esta serie de artículos, lo único que me motivaba a hacerlo era plasmar por escrito los sucesos de esa amarga fecha del 20 de septiembre de 2017 cuando María irrumpió violentamente en nuestra isla y en nuestras vidas y trastocó todo por entero. Fueron largas horas de agonía en la oscuridad que despertaron en nosotros viejos terrores de cuando éramos niños y nos hallábamos solos en la casa en medio las sombras de la noche, y no osábamos gritar pidiendo auxilio porque la voz no nos salía y nuestro cuerpo no respondía ni siquiera para echar a correr. Terrores que nos paralizaron entonces, horrores que nos derrotan ahora, e incertidumbre de un futuro que no sabemos si llegará a ser normal como antes. Le pido a Dios mucha fortaleza para los que perdieron todo, y entereza para comprender que la vida puede comenzar después de una larga noche de dolor…

Puede obtenerlo aquí en PDF: https://petervergara1.online/wp-content/uploads/2018/08/Amaneciendo_en_el_dolor_2.pdf

 

 

 

Originally posted 2018-08-02 21:46:21.

Cómo vivir de la escritura · Sinjania Recursos para Escritores

¿Es posible vivir de la escritura? La respuesta es un rotundo sí. Y en el artículo te contamos cómo puedes lograrlo.
— Leer en www.sinjania.com/como-vivir-de-la-escritura/

Originally posted 2018-06-26 13:15:30.